13 de octubre de 2014 12:41 PM
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No se puede pedir sin dar

URUGUAY : Finalmente se concretó la habilitación de la carne aviar y huevos, y la molleja bovina procedente de Estados Unidos. Como ocurre de forma habitual, solo el tiempo dirá si el comercio será mucho o poco. Depende de los mercados.

Finalmente se concretó la habilitación de la carne aviar y huevos, y la molleja bovina procedente de Estados Unidos. Como ocurre de forma habitual, solo el tiempo dirá si el comercio será mucho o poco. Depende de los mercados.

La degustación que se realizó el jueves 25 de setiembre pasado en la sede de la representación diplomática para celebrar el logro permitió que la noticia llegara a la opinión pública y se hiciera realidad para el sector avícola uruguayo.

 

Como ocurrió cuando Uruguay habilitó los pollos de Brasil, la primera reacción es más parecida al proteccionismo que otra cosa. En 2012 también se dijo que los pollos brasileños invadirían la plaza local y luego ese vaticinio no se concretó.

 

Pero en ambos casos primó la razón del artillero: las causas que habían llevado a las autoridades uruguayas a cerrar el mercado a las aves brasileñas y estadounidenses habían desaparecido.

 

Es decir: ambos países, que casualmente dominan la producción y exportación mundial de carne de pollo, ya no tienen casos de las enfermedades influenza aviar y Newcastle.

 

No es ninguna novedad que el mundo sigue siendo testigo de prácticas de comercio proteccionistas. Que alternativamente benefician a unos y perjudican a otros. Algunas trabas al comercio mundial son notorias –por ejemplo, las arancelarias que juegan su partido para premiar o castigar–; otras, en cambio, se denominan paraarancelarias.

 

Entre estas últimas podrían figurar aspectos como el bienestar animal, el respeto al medioambiente o el pago de salarios justos, por mencionar algunas.

 

En general, el convencimiento es que los mercados se abren y se cierran –en su gran mayoría– por razones sanitarias. A Uruguay le sobran ejemplos. El más dramático fue cuando la aparición de la fiebre aftosa en 2001, que aún tiene repercusiones en Japón, donde no aceptan la carne vacuna procedente de países libres de la enfermedad con vacunación, como Uruguay.  Sin exagerar, el país lleva más de 13 años luchando en ese frente comercial.

 

Otro ejemplo, pero en sentido positivo, sería el esfuerzo que está haciendo Uruguay por ingresar con carne ovina con hueso –la más valiosa– en Estados Unidos y la Unión Europea, que ya nos compran desosada. Como recordará el lector, Uruguay está invernando 1.500 corderos en un compartimento aislado, propiedad del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) en Cerro Colorado, Florida.

 

Es una experiencia inédita en el mundo, avalada por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), que ofrece las máximas garantías de bioseguridad a los futuros compradores. El aislamiento es para que no haya contacto alguno con los vacunos.

 

Ahora bien. Los productores de pollos uruguayos ya han protestado por el ingreso del productor estadounidense y anunciaron que solicitarán algunas medidas para que el sector avícola uruguayo no desaparezca. Nos parece una reacción instintiva, como ocurrió con Brasil, que no ocurrió nada grave.

 

Mejor sería redoblar la apuesta productiva y, si el pollo de Estados Unidos es bueno y más barato, redirigir la producción hacia los mercados externos. Porque en definitiva, como dijo el presidente José Mujica en su discurso en el Prado, este es un país agroexportador. Y el pollo de calidad siempre tendrá compradores en el mundo entero.

 

La otra tentación en la que no se puede caer es la de pedir una diplomacia fuerte y profesional en la apertura de mercados para la carne, los lácteos, los cítricos, el arroz, la lana y tantos otros productos uruguayos y cerrarse. No se puede pedir sin dar.

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