25 de octubre de 2014 15:39 PM
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En Uruguay será obligatoria la certificación de semillas de cinco gramíneas forrajeras

El plan del Instituto Nacional de Semillas comenzará el 1° de enero próximo con Bromus y Dactylis

En un plazo que culminará en 2018, será obligatoria la certificación de cinco gramíneas forrajeras para su uso en el país, informó a El Observador Agropecuario Nicolás Abreu, gerente de Control de Comercio y Estadísticas del Instituto Nacional de Semillas (Inase).

Se trata de las semillas de Bromus y Dactylis, que deberán certificarse a partir del 1° de enero próximo; luego Raigrás (el 1° de enero de 2016); Avena (2017) y Festuca (2018).

Al mismo tiempo, Abreu remarcó que Inase está desarrollando “un plan de control de semilla ilegal, conocida como bolsa blanca con el objetivo de combatir la competencia desleal a las empresas que trabajan en el mercado”.

La información surgió en la Jornada de Campo 2014 que Inase desarrolló el lunes pasado en su sede de ruta 8, km 29 y que contó con la participación de más de un centenar de personas.

En una mañana soleada, los visitantes pudieron recorrer y observar ensayos de especies forrajeras, hortícolas, trigo y cebada.

Por la tarde, se realizaron charlas sobre el nuevo portal de Inase en internet, certificación de gramíneas forrajeras y teoría y práctica para un buen muestreo de semillas.

 

La certificación

Respecto al nuevo plan sobre certificación de semillas, Abreu informó que “estamos en plena etapa de implementación de la certificación obligatoria de cinco especies forrajeras que atiende a distintos problemas de los cultivos” y agregó que en el caso de raigrás y avena “el mayor problema sea la cosecha ocasional”.

El gerente de Control de Comercio y Estadísticas de Inase explicó la situación: “El productor sembró y le sobró un área del cultivo, que cerró porque tuvo más pasto en primavera, y cosechó un raigrás o una avena. Que no fue pensado para semillero, sino como pastura. Y como sobró el pasto, se dejó para semilla”.

Abreu agregó que esa acción “tiene implicancias desde el punto de vista técnico porque los semilleros se manejan distinto que las pasturas. Además, cuando se sale a vender no se tiene una trazabilidad adecuada de lo que se está comercializando. A veces hay cambio de nombres de la variedad”.

El funcionario de Inase afirmó que “hoy eso está permitido, aunque tiene sus errores y responsabilidades. Son cosas que pasan”.

Para Abreu, “la certificación obligatoria lleva a la profesionalización de la producción de semillas”, pero adelantó que cuando comience a regir el sistema “al principio será más desfavorable, habrá más presión hacia la bolsa blanca porque se le ponen requisitos a un trabajo laxo. Tendremos que intensificar los controles”.

Sin embargo, la ganancia se verá enseguida porque con la certificación “Inase o la empresa da garantías de que la semilla cumplió determinado proceso. Al poner la certificación obligatoria de estas especies todo lo que salga a la venta tendrá que cumplir con ese proceso. Será entonces bastante más seguro, al momento de comprar esa semilla, que el productor lleva la variedad que quiere comprar. Eso da garantías. Hoy no es así, no necesita requisitos”.

 

Semilla ilegal

Precisamente, la lucha contra la semilla ilegal o bolsa blanca continúa. Abreu sostuvo que “hacemos un control muy fuerte porque son la competencia desleal de lo que hoy estamos controlando” en los cultivares y se mostró en la jornada.

El gerente de Control de Comercio y Estadísticas recordó que “para eso se creó” la oficina “y le ponemos bastante esfuerzo para defender a las empresas establecidas en el mercado, que trabajan bien, que hacen sus inversiones y sus programas de mejoramientos de semillas. Si bien es difícil, estamos tratando de buscar y encontrar las ilegalidades”.

Abreu reveló que el porcentaje de semilla ilegal en el país “varía mucho, según la especie. Lo primero que hay que puntualizar es que de muchas ni siquiera se sabía. Algunas son más fáciles de controlar, por el tipo de reproducción y otras características. Pero de repente hay especies, como soja y trigo, donde los porcentajes de semilla ilegal son muy bajos –hablamos de 5% a 10%, dependiendo del año– y son porcentajes muy bajos si se compara con otros países”.

Por ejemplo, en Argentina “se habla de que el 50% de la semilla de trigo es ilegal. Y en Uruguay es el 5%. En otras especies, como el raigrás y la avena, es diferente, es difícil cuantificar aunque capaz que es más por la dinámica que tienen las especies, por el intercambio que se puede hacer con los países vecinos de manera ilegal (contrabando), por el tipo de reproducción, por los cultivares que se usan que son de uso público, básicamente Estanzuela 284 en raigrás y Avena 1095”.

Sin embargo, Abreu remarcó que crece en el país el uso de semillas certificadas, es decir, “de calidad y con garantías” para el que las compra”.

Cada año, Inase estima el consumo aparente de semillas por especies y, en el caso de las gramíneas forrajeras, “viene subiendo cada año un escalón. Y podemos decir qué especies se usan más”.

En la actualidad, es obligatoria la certificación de plantas cítricas, todos los materiales de propagación vegetativa, frutales de hoja caduca y vid, y papa.

“Tenemos que aunar esfuerzos con otras reparticiones, como Estadísticas Agropecuarias, para levantar las carencias que tenemos todos”, concluyó Abreu.

 

 

Planificación estratégica

El presidente del Instituto Nacional de Semillas (Inase), Pedro Queheille, dijo a El Observador Agropecuario que “propender a una mayor certificación” de las semillas “está en la planificación estratégica” del organismo, incluyendo las gramíneas forrajeras. “Por ley, tenemos como misión fomentar el uso de la semilla de calidad superior con identidad comprobada. Y eso es sinónimo de certificación”, agregó.
Acerca de la Jornada de Campo 2014, Queheille recordó que “tiene una característica que se repite todos los años, que es el trabajo que se hace a nivel de registro y evaluación de cultivares”. También se muestra los ensayos de verificación de identidad varietal.
“Cualquier cultivar tiene un material de origen que es el que se produce y luego se compara con el que se está vendiendo. Y para todo cultivar hay un mantenedor, es decir, un responsable de mantener las características originales en el que se está comercializando”, explicó el presidente de Inase.
Queheille se mostró satisfecho con el trabajo de Inase, que “ha cumplido la mayoría de los objetivos de su plan quinquenal”, y aseguró que gracias a la labor de la repartición Control de Comercio y Estadísticas “se logró disminuir, en forma apreciable, el mercado de semilla ilegal”.

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