27 de octubre de 2014 00:25 AM
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Agro colombiano en la agenda

CompartiremailFacebookTwitterQuizá nunca el país había tomado tan en serio al sector agropecuario como lo está haciendo ahora; tal vez desde las discusiones de la Ley 200 de 1936, o Ley de Tierras, que impulsó el presidente Alfonso López Pumarejo reafirmando el concepto de la propiedad pero estableciendo que debería ser explotada económicamente o de no […]

Quizá nunca el país había tomado tan en serio al sector agropecuario como lo está haciendo ahora; tal vez desde las discusiones de la Ley 200 de 1936, o Ley de Tierras, que impulsó el presidente Alfonso López Pumarejo reafirmando el concepto de la propiedad pero estableciendo que debería ser explotada económicamente o de no hacerlo, su propiedad sería del Estado en un término de 10 años. Y qué bien que lo que está ocurriendo obedezca en buena parte a la lucha de las bases campesinas, a ese movimiento casi informal pero sólido en su espíritu de exigir a todo el país el reconocimiento histórico del papel trascendental que han jugado para la existencia misma de la Nación.

En este momento tenemos sobre la mesa tres propuestas fundamentales, encaminadas a construir un nuevo modelo de desarrollo rural y una política agropecuaria de largo plazo; una, el proyecto de ley con el cual se busca crear modelos de producción para las zonas apartadas del país que tienen enorme potencial, como la llamada Altillanura, con la dura discusión acerca de la titulación de las tierras baldías; dos, las propuestas de la Misión Rural que plantean las estrategias que debe seguir el país para saldar la deuda histórica con el campo. Y tres, que atañe muchísimo al Huila, los análisis de la comisión de expertos que ha hecho propuestas para la caficultura colombiana con el fin de darle un giro al modelo que, por años, ha imperado en Colombia para el grano por excelencia del país.
El agro está en la agenda pública de primer nivel, el Estado en su conjunto ha entendido por fin que los discursos de protección del campo, de los intereses de los campesinos y de la seguridad alimentaria no son producto solo de revolucionarios ni se deben lanzar únicamente en aras de captar los votos de nuestros labriegos. No, el campo es con todos, lo que está pasando en el mundo también impone la perentoria obligación de blindar a Colombia de los vaivenes e impacto que otros países no han podido soportar, justamente por no contar con tierras propicias para diversos productos.

Lo malo es que muy poco hemos aprovechado ese privilegio de la naturaleza. Lo bueno es que el potencial agroindustrial de Colombia es enorme; según la FAO, el mundo necesita incorporar 3,75 millones de nuevas hectáreas de ahora a 2030 para atender la creciente demanda de alimentos; lo mejor es que más de la mitad de la tierra que podría ingresar a la producción agrícola está localizada en solo siete países tropicales, entre ellos Colombia. El contraste es que tenemos 22 millones de hectáreas consideradas aptas para el desarrollo agrícola y agroindustrial, pero solo usamos productivamente cerca del 24 por ciento. Mientras tanto países como Estados Unidos y la Unión Europea utilizan el 97 por ciento de sus tierras aptas para la agricultura.

El agro por fin está en la agenda pública, con una visión integral: construir una nueva ruralidad.

 

“El agro por fin está en la agenda pública, con una visión integral: construir una nueva ruralidad”.

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