27 de octubre de 2014 11:12 AM
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Remando en dulce de leche . . . . . . .

CompartiremailFacebookTwitterA esta altura de los acontecimientos, para todos los sectores productivos, y muy especialmente para el campo, el planteo ya no es la caída de la renta, ni la falta de correcciones en la política oficial, o encontrar las razones por las que no se siguen las reglas de la lógica y del sentido común. […]

A esta altura de los acontecimientos, para todos los sectores productivos, y muy especialmente para el campo, el planteo ya no es la caída de la renta, ni la falta de correcciones en la política oficial, o encontrar las razones por las que no se siguen las reglas de la lógica y del sentido común.

 

No, ya nada de eso está sobre la mesa. Se descarta que no va a haber cambios positivos y que las autoridades, incluyendo a las que supuestamente “conocen” el campo y debieran saber que hacer o, por lo menos que decir (Léase: Ministerio de Agricultura, Comisiones específicas de las Cámaras de Diputados y de Senadores, etc.), mantendrán el mismo autismo que tuvieron hasta ahora, aunque eso represente seguir perdiendo producciones y, peor aún, ingresos para la Argentina por menores exportaciones y deterioro de la economía de buena parte del país.

 

Sin saber todavía si en algún momento se le pasará factura a los responsables, tanto del poder Ejecutivo como del Legislativo, por la pérdida de oportunidades, por el lucro cesante, por la irresponsabilidad manifiesta, y/o por mal ejercicio de la función pública, entre otras muchas alternativas, la realidad es que hoy la mayor preocupación de la gente de campo pasa por tratar de definir como seguir, como perder menos, como continuar con los campos activos sin “enterrarse” en un endeudamiento mayor que el que ya traen, y como defender el valor de las producciones que pudieron conseguir, sin que la inflación se las licue, mientras llega el momento de volver a invertir para seguir la rueda.

 

Por supuesto que cada vez más lejos de estos análisis, el Gobierno lo único que pretende es “convertir” ya en divisas, especialmente los granos disponibles, para intentar achicar los agujeros cada vez mayores en las finanzas públicas. No importa cuanto pueda perder el resto, ni si sucumben o no ante un eventual mal negocio. El único interés oficial parece ser tapar hoy el sol con las manos. Mañana, Dios proveerá…

 

Y, si bien  ya tienen a la gallina de los huevos de oro contra las cuerdas, vía retenciones, imposibilidad de actualizar Ganancias por inflación, impuesto al cheque y al trabajo etc., la voracidad es insaciable, entre otras cosas, porque el nivel de gasto público lejos de achicarse, cada vez es mayor y así seguirá en los próximos meses, pues ya se entra de pleno en la campaña electoral.

 

Pero para lograr exprimir aún más al sector, el Gobierno, que usa y abusa de la intimidación y de todas las herramientas de “apriete” a su alcance, hasta las más objetables,  enfrenta varias limitaciones. Tal vez la más importante es la “dispersión”, y el despliegue geográfico de los productores, exactamente lo opuesto a los sectores concentrados a los que está más acostumbrado a manejar (hipermercados, polleros, combustibles…).

 

Otra es la mala experiencia que tuvo el Gobierno de Cristina Fernández cuando intentó un jaque directo, allá por el 2008 cuando, ni siquiera los camioneros de Hugo Moyano pudieron salir de su bunquer en Ceibas, Entre Ríos, sitiados por los productores del ahora senador Alfredo De Angelis.

 

Tampoco parece que la propia tropa esté demasiado dispuesta a enfrentar, en el campo, a productores furiosos…

 

Así las cosas, algunos creen ver la mano del Gobierno en la rotura de una serie de silos-bolsa, en una especie de acción “disuasoria” para que sean los propios productores los que se decidan a vender los granos que tienen de respaldo ya que el Ejecutivo no puede, o no se anima, a “expropiar” directamente estos activos.

 

Simultáneamente “negocia” con media docena de exportadores para que le hagan “otro” adelanto de divisas de exportación por estos supuestos volúmenes –quieren unos U$S 5-6.000 millones-, lo que es fuertemente resistido por los ejecutivos.

 

Y no es para menos. En primer lugar, sería el tercer adelanto de este año (hubo uno en enero de U$S 1.800 millones y otro meses después por U$S 2.000 millones).

 

En segundo lugar, hay muchas dudas sobre el volumen de granos que el Gobierno sostiene que hay todavía en el campo, ya que las cifras oficiales de cosecha volvieron a estar “infladas” esta campaña, en una magnitud no tan fácil de precisar.

 

A esto se agrega la poca o nula decisión de venta que tienen los productores, que prefieren la liquidez que le da su propia producción, especialmente cuando el crédito oficial desapareció para los sojeros, y se limitó fuerte para el resto.

 

Y como si todo esto no alcanzara, se dice que las casas matrices de las principales exportadoras se niegan a fondear a sus filiales locales para un adelanto a un Gobierno que, internacionalmente, está en “default”.

 

Verdaderamente, un combo muy complicado, frente a la urgencia oficial.

 

Los productores, mientras tanto, se agotan como si remaran en dulce de leche, para tratar de mantenerse a flote, frente a los costos crecientes, y los precios agrícolas internacionales en baja…

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