31 de octubre de 2014 13:56 PM
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Dilma, lejos de copiar el modelo Bunge & Born

Quizás sabiendo que la luna de miel del segundo mandato de Dilma Rousseff será más breve que lo acostumbrado, el mercado ya comenzó a circular la lista de probables candidatos para suceder al ministro de Economía, Guido Mantega, en pos del mentado giro oficial pro mercado.

El martes los inversores reaccionaron positivamente tras conocer que en la “short list” estaba el presidente del banco Bradesco, Luiz Trabuco Cappi (se lo considera uno de los 60 hombres más poderosos de Brasil e hizo toda su carrera en el Grupo Bradesco). Si el Gobierno petista buscaba señalizar que va hacia esa dirección, sin duda es una señal adecuada, sobre todo para el mercado financiero. Es más, Trabuco fue ponderado públicamente por la propia Dilma horas atrás, a quien respeta y siempre escucha. Pero los analistas se plantean si sería posible que Dilma gire tanto como para implementar una experiencia similar a la del Gobierno menemista con el plan Bunge & Born, cuando importó a los principales ejecutivos del grupo al Palacio de Hacienda para hacerse cargo del comando de la economía en 1989.

La sola hipótesis de ese giro mudó el ánimo del mercado. Aunque vale señalar que el mercado ya había descontado el triunfo de Dilma, y ahora confía en una mudanza de la política económica. A lo que se sumó en la suba reciente de San Pablo que los fondos de pensión compraron como si no existiera el mañana. Si bien Dilma emite señales de que puede escoger a alguien afin con el mercado, eso no significa, como imaginan los petistas y socialistas, un giro hacia el neoliberalismo. Sólo implicaría que será una persona dedicada, por un tiempo razonable, a controlar la inflación (reencauzarla hacia la meta) y no gastar más que lo que se recauda. Por ese camino iría Dilma. El equipo que designe la presidenta reelecta apuntará a recuperar la confianza y a recortar la distancia con el mundo corporativo, como le viene aconsejando desde hace tiempo el expresidente Lula da Silva. Para ello quizá deberá blindar el área económica de la influencia del ministro petista Aloizio Mercadante, otro que figura en la lista de candidatos.

Otro nombre que circuló fue el del expresidente del Banco Central (durante la gestión de Lula), Henrique Meirelles, un ex BankBoston, que estuvo con Antonio Palocci (quizás el de más imagen de neoliberal del PT con muy buenos contactos empresariales) y luego con Guido Mantega, con el cual tuvo roces. Pero la clave es que Dilma ya lo bajó una vez, cuando Meirelles se autocandidateó para Economía en el primer mandato de Rousseff, por lo cual no es el mejor posicionado con la presidenta.

Además de Trabuco, Mercadante, Meirelles, también surgieron los nombres del expresidente del Banco de Brasil, hoy comandando el banco Safra, Rossano Maranhao, y el de Nelson Barbosa, quien fue viceministro de Economía con Dilma y se fue en 2012 para volver a las aulas de la Fundación Getulio Vargas. Este último es un economista muy respetado, afín con las ideas estructuralistas y que tuvo también roces con Mantega.

Está claro con Dilma que puede ir por cualquier dirección, pero quizás el escenario más probable es que se incline por dividir las aguas: por ejemplo, en poner a un Trabuco (bien pro mercado) en el Banco Central, ya que el mandato del actual titular, Alexander Tombini, finaliza a fin de año, y designar a Barbosa o alguien afín a las ideas de Dilma en Economía.

Al respecto hay que destacar que la sorpresiva suba de la tasa de interés de referencia (SELIC) por parte del Comité de Política Monetaria del Banco Central (COPOM) decidida el miércoles pasado de 0,25 de punto al 11,25% anual podría interpretarse como que Tombini comenzó a hacer el trabajo sucio para allanar el camino a su posible sucesor. Claro que los bancos de parabienes, y ello se reflejó ayer en la suba de las acciones financieras del Bovespa.

Según los últimos datos surgidos de las entrañas del Grupo Bradesco, la chance de que Trabuco asuma en Economía es muy remota y quienes conocen el espiritu de la institución consideran que la única posibilidad de que eso acontezca, aun con una probabilidad de un 1% es que Dilma Rousseff fuera directamente con Lázaro Brandão, presidente del Consejo de Administración de Bradesco, y máximo líder de Cidade de Deus (principal accionista del grupo) y le pida que libere a Trabuco para esa misión. Además, desde el riñón del Gobierno petista saben que sería muy difícil de sostener políticamente a Trabuco como ministro de Economía después que pasaron toda la campaña electoral batiendo por la cercanía de Neca Setubal (Banco Itaú) a Marina Silva.

No debe perderse de vista que para el Gobierno la crisis, entiéndase por esto el bajo crecimiento que registra la economía brasileña en la gestión Rousseff, viene del exterior. Sin duda la economía brasileña es muy dependiente del comportamiento de los commodities, en particular, la soja, el mineral de hierro y el petróleo (claro que un poco más diversificada que la argentina). Por lo tanto el nuevo equipo económico deberá trabajar en recuperar la confianza de los inversores, organizar las cuentas públicas sin que el ajuste fiscal sacrifique los programas sociales, que son los principales logros del Gobierno izquierdista del PT desde 2003 y que contribuyen, de manera decisiva, al cambio del cuadro social brasileño. Dilma deberá articular muchos intereses programáticos e ideológicos de los aliados, además de las divergencias dentro del propio Partido de los Trabajadores.

Otro dato a tener en cuenta es que Dilma anunciará los cambios ministeriales en cuentagotas y no todos juntos, como muchos han hecho creer.

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