31 de octubre de 2014 14:58 PM
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El productor sojero, “desincentivado” para invertir en 2015

Acsoja seguró que las causas son la política económica, los precios internacionales, el clima y la postura de los candidatos presidenciales. Los números de la oleaginosa.

El productor sojero no encuentra incentivos para invertir de cara al ciclo 2014/15 como consecuencia del “desánimo” que promueven la política micro y macro económica, los precios internacionales, el tiempo y las perspectivas que ofrecen los candidatos para las presidenciales del año próximo.

Así lo admitió a DyN Rodolfo Rossi, presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja), tras participar de un seminario organizado por su corporación en la Bolsa de Cereales porteña, con motivo del décimo aniversario de la entidad.

“Para el productor sojero, el incentivo que tiene, ante el ambiente macro y microeconómico, es ‘depre’: ya se ha reducido enormemente el área de maíz y no vamos a llegar a las hectáreas planteadas, principalmente en áreas marginales, por falta de financiamiento“, indicó Rossi.

El directivo de Acsoja reconoció que hay “efectos malos” vinculados al clima, aunque expresó que los informes del INTA dan cuenta que los mapas hídricos en las zonas sojeras resultan “excelentes” para propiciar una pronta siembra. Pese a ello, reconoció que “el ánimo del productor está muy bajo: se constató la peor pre-campaña de la última década”.

Según Rossi, esta falta de incentivo es atribuida a cuestiones tales como el cepo cambiario, las retenciones oleaginosas y los ROEs. “Hoy podemos decir que la única variable que se puede tocar en el corto plazo (para destrabar esta situación) y poder producir más, son las retenciones” del 35% para el caso de la soja, estimó.

“Ya los productores aumentaron toda su eficiencia, los costos internos han aumentado por inflación y por otras razones y estamos con un dólar bajísimo que se le paga no solo a la soja sino a toda la agricultura regional”, explicó, al tiempo que agregó: “Esto nos preocupa, ya que podríamos tener cultivos por 135 millones de toneladas de granos y hoy no sabemos si llegamos a las 100 millones anuales”.

Consultado sobre consideraciones sujetas a la situación política local, Rossi explicó: “Estamos siempre disponibles para charlar y discutir los temas pero parece que hay una política inflexible, pero no solo del actual gobierno, sino también de los candidatos presidenciales que hablan de poner o quitar un porcentaje (a los derechos de exportación) cuando lo que hace falta es discutir entre todos una política tributaria“.

Para el dirigente de Acsoja, “el debate es cómo estructurar un plan agropecuario-industrial con un sistema impositivo justo y que llegue a la sociedad, y continuar con un proyecto efectivo de mayor movilidad, integración y justicia social, pero la realidad es que el 83% de la renta, produciendo en campo propio, se queda en el Estado”.

“Hoy producir soja, tal como lo indicó un informe de Aacrea, es rentable sólo a 80 kilómetros de Rosario”, dijo.

El último informe de precampaña elaborado por la Bolsa de Cereales porteña daba cuenta de la posibilidad de cultivar con soja para el ciclo 2014/15 un total de 20,6 millones de hectáreas, cifra sería un 1,2% superior a la implantada en período 2013/14.

Según indicó Rossi, la chance de aumentar los rindes futuros de la soja estará sujeta a las “buenas prácticas” agrícolas, y consideró: “Vemos que tenemos problemas estructurales en nuestro sistema productivo, siendo en lo agronómico la falta de rotación adecuada de los cultivos el elemento más crítico”.

Nuevo aniversario de Acsoja: los números de la oleaginosa

Ayer, desde las 15:30, Acsoja, entidad que nuclea la cadena de la soja argentina, festejó su décimo aniversario en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. “El éxito está basado en la aplicación intensiva del conocimiento científico-tecnológico”, indicaron sus autoridades al momento de repasar la década vivida.

El crecimiento de la producción de soja argentina es elocuente. Sólo en la última década se incrementó en 17 millones de toneladas, con un ritmo de crecimiento de un 5,3% anual.

El 96% de la producción de soja argentina se exporta bajo la forma de poroto, harina, aceite o biocombustible, representando al complejo más importante de la balanza comercial del país. En 2013 las exportaciones argentinas totales ascendieron a u$s81.600 millones, con una participación del sector agropecuario y agroindustrial de u$s48.000 millones, de los cuales la soja fue responsable de exportaciones por u$s21 mil millones. De esta  forma, el complejo soja lidera las ventas externas del país. Le sigue el sector automotriz (u$s11.600 millones), el cerealero (u$s9.400 millones), el petrolero petroquímico (u$s6.400 millones), las exportaciones de carne y leche (u$s4.000 millones) y las del sector frutihortícola (u$s2.400 millones).

Los embarques del complejo soja se destinan a más de 100 países. Entre los grandes puntos de llegada se destaca China, que compra en la Argentina un 20% de sus importaciones de poroto de soja. A su vez, la Unión Europea es el gran destino de la harina de soja argentina.

La inversión anual de los productores en este cultivo fue de u$s8.600 millones, con lo que se lograron producir 53 millones de toneladas de porotos de soja la campaña pasada. Esa producción equivale a un valor FOB de u$s20.000 millones y representa un 8% del PBI argentino.

Estas cifras, que evidencian los avances logrados en los últimos diez años, se sustentan en los nuevos desarrollos biotecnológicos, que asociados a los aportes de la genética convencional y a la tecnología de cultivo permitieron acelerar la obtención de variedades mejoradas con muy alto potencial de rendimiento y resistencia a factores bióticos y abióticos.

De esta forma, la Argentina se encuentra en el mejor nivel internacional en cuanto a la disponibilidad de insumos de calidad y de las herramientas tecnológicas más avanzadas, con una amplia y extensa cadena de distribución, en compromiso con la sustentabilidad del sistema productivo. Así, aparecen semillas con mayores potenciales de rendimientos que a la vez resuelven nuevos temas sanitarios, una amplia oferta de fertilizantes y productos fitosanitarios y el desarrollo de una sofisticada industria de maquinaria agrícola en la que los productores argentinos invierten u$s1.000 millones por año.

El derrame de la cadena de la soja es insospechado. Considerando sólo los viajes a puertos que se realizan para transportar el 80% de la producción nacional, dado que hay soja que se procesa en complejos del interior, se realizan 1,4 millón de traslados en camión, por un valor aproximado de u$s1.200 millones.

El sector industrial es otro de los eslabones destacados de la cadena de la soja argentina. Actualmente procesa el 77% de la producción nacional, generando un valor agregado adicional de u$s5.000 millones por año.

En los últimos 10 años, la capacidad de molienda se duplicó, al pasar del orden de los 30 millones de toneladas a los más de 60 actuales. Esto implicó inversiones por varios miles de millones de dólares, que en el caso de la industria del biodiésel rondó los u$s1.000 millones.

La mayoría de esas industrias se encuentran ensambladas en alrededor de 10 terminales portuarias de primera generación, que hoy se destacan entre las más modernas del mundo y generan trabajo directo para miles de argentinos.

La comercialización acompañó la evolución del cultivo, ofreciendo herramientas acordes a la evolución de los mercados y apostando por la transparencia y la institucionalidad de los mismos, de manera de fomentar el libre juego de la oferta y la demanda. Así, el corretaje de granos incorporó capital humano capacitado para dar respuesta a las demandas de asesoramiento, cada vez más exigentes tanto para el diseño de estrategias de comercialización de la mercadería física como para las coberturas de riesgos con futuros y opciones, en los mercados locales y en el exterior.

El conjunto de las bolsas, las cámaras, los acopiadores y otras entidades relacionadas con la comercialización de los granos ha bregado por la eliminación de las distorsiones generadas por la excesiva intervención estatal y por las retenciones a las exportaciones, convencido de que el diálogo permanente con el Gobierno generará beneficios para la cadena en su conjunto.

Aunque menos espectacular y de difícil cuantificación, uno de los mayores aportes del sector ha sido, y seguramente seguirá siendo en los años por venir, la formación continua de recursos humanos con capacidad para sostener el funcionamiento de todos y cada uno de los eslabones de la cadena productiva y su mejora constante.

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