3 de noviembre de 2014 10:59 AM
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La Provincia es el mayor productor de miel del país

Más de 5.700 apicultores desarrollan la actividad en Buenos Aires. Con 22 mil toneladas anuales, representan el 41% de todo lo que Argentina produce. Este año cerraría con la producción en alza

De la mano de un cambio pronunciado en los hábitos de alimentación a nivel mundial, volcando el consumo hacia alimentos más sanos y con propiedades nutricionales, parece buscar una oportunidad para mejorar su desarrollo una actividad económica que se hace casi en silencio y que tiene mucha presencia en la provincia de Buenos Aires: la apicultura, tarea dedicada a la crianza de abejas cuyo producto estelar es la miel.

El sector apícola es, en efecto, muy dinámico debido a los vaivenes de la demanda mundial. En ese contexto, Buenos Aires es el principal productor de miel de la Argentina: genera el 41% de la producción nacional, según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Eso representó, para la cosecha 2012-2013, última con cifras oficiales procesadas, unas 22,5 mil toneladas sobre un total de producción que ascendió a más de 51 mil toneladas. Se espera una mejora para el balance de este año ya que la producción nacional dejó unas 64 mil toneladas.

En la Provincia existe un Registro del Productor Apícola (RPA), que administra la Unidad de Coordinación Apícola del Ministerio de Asuntos Agrarios. Según los datos de esa entidad, la actividad del sector es desarrollada actualmente por 5.786 productores, que poseen 1.154.471 colmenas.

Bajo condiciones normales de producción, cada colmena provee unos 34 kilos de miel, explican los expertos. Eso daría un potencial de producción de más de 34 mil toneladas, según calculan en Agrarios, lo que ayudaría a mejorar los números del sector, que ha venido sufriendo cierta merma en el nivel de actividad.

 

PRODUCTO EXPORTABLE

La miel es el resultado de un proceso físico y químico que se le aplica al néctar de las abejas. La mayoría de la producción nacional de miel se exporta. En efecto, el 95% se va afuera, con la consiguiente entrada de divisas. De ese porcentaje, el 99,5% es exportación a granel. Es decir sin diferenciación por calidad o por lo que se llama Denominación de Origen, que deja productos como mieles premium, orgánicas, de origen polínico o sensorial y demás títulos que suenan a rarezas para el neófito.

Justamente esos productos son altamente cotizados en el mercado internacional y, según proyecciones reconocidas en forma oficial, podrían generar alzas en las ventas argentinas de entre un 15% y un 30% como mínimo. La Provincia de Buenos Aires, lamentablemente, aún no se ha especializado en la producción de este tipo de mieles diferenciadas.

La miel es el resultado de un proceso físico y químico que se le aplica al néctar de las abejas. El 95% de la producción nacional de miel se exporta, con la consiguiente entrada de divisas

Además de la muy solicitada miel común, requerida por Europa, Estados Unidos y Canadá, la actividad apícola deja otras manufacturas como propóleos, jalea real, cera de abejas, apitoxina –el veneno de las abejas que puede tener usos medicinales- y el llamado “material vivo”. Dato: las abejas reinas, un nicho productivo en el que participa el estado provincial administrando un establecimiento, se exportan a El Líbano. Y se acaba de abrir Marruecos como nuevo destino extranjero para la miel.

Según información del mencionado RPA, unos 1872 productores apícolas de los más de 5.700 registrados se inscribieron en los últimos tiempos. De ese número, sólo el 5,4% son personas de 60 años o más, mientras que el 52,9% tienen entre 40 y 60 años y el 41,7% son menores de 40. Si se toman los dos últimos años de registros, se observa que casi el 50% de los inscriptos pertenece a la franja etaria inferior a los 40 años.

Una tendencia similar, con marcada presencia de productores de 60 años para abajo, se registra en el caso de los que renuevan o actualizan colmenas, es decir que tienen cierta historia en el sector.

Esta estadística refleja, de acuerdo a la información oficial, que una enorme porción de la composición social del sector apícola está integrada por gente que opta por esta actividad como medio de ingreso para el sustento de sus familias y no sólo como una actividad complementaria o un pasatiempo, promoviendo de esta manera el arraigo en las regiones donde se produce la miel. En Buenos Aires existen siete regiones apícolas, siendo las zonas más fuertes las correspondientes al sudeste provincial (Mar del Plata, Tandil, etc) y el sudoeste (Bahía Blanca, Villarino, etc).

Lo dicho: se ha evidenciado una caída en la producción nacional durante la última década. De acuerdo a los datos oficiales disponibles, hasta 2004 el promedio de miel producida en la Argentina era de entre 80 y 90 mil toneladas anuales; en la temporada 2005-2006, incluso, se alcanzaron las 106 mil toneladas. Pero luego empezó un descenso que determinó que en los últimos tres años, sin contar este 2014, las exportaciones ronden las 50 mil toneladas por año –recordar que se exporta casi todo lo producido- con un ingreso promedio de 200 millones de dólares anuales a nivel país.

La caída se debería, según explican en Agrarios, a factores climáticos como extendidas sequías o las imprevistas inundaciones, al alto crecimiento de la producción de soja, una actividad que siempre es más tentadores y a la excesiva aplicación de herbicidas e insecticidas.

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