9 de noviembre de 2014 14:11 PM
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El agro, el país y las elecciones

URUGUAY : El sábado pasado, uno de los muchos artículos de análisis sobre las elecciones que publicamos, se centró en el llamativo aumento del Frente Amplio en el interior. Lo asociamos con el crecimiento económico ocurrido en ese sector y las consecuentes mejoras para la gente que allí trabaja.

Es un punto importante, muy a favor de quienes gobiernan, ya que no es común profundizar para conocer el origen de ese desarrollo que en buena medida provino de las condiciones externas de la década y de políticas de largo plazo nacidas bajo otras administraciones. Es el caso de la desregulación de los arrendamientos y de la actividad portuaria, la liberación de la venta de ganado en pie, la ley de forestación y su puesta en marcha efectiva con la instalación de plantas de celulosa. Este auge explica que el oficialismo, cuyo feudo fuera desde un principio la capital, ampliara su electorado en el medio rural.

 

Sin embargo, disminuyó en Montevideo, su reducto primordial, mientras el Partido Nacional en cambio, aumentó allí su votación. Partido que contra la mala percepción sobre su perfomance, a resultas de las erradas expectativas creadas por las encuestadoras, en realidad subió en 50.000 votantes su cantidad total de seguidores, aparte de crecer en el tradicional bastión del Frente Amplio.

 

Otro aspecto que no es de desdeñar respecto a los resultados de los comicios, es la ley de 8 horas para los peones, impulsada por el oficialismo. Ésta se convirtió en un leitmotiv de campaña constante en los medios, en las radios de las zonas rurales, creando en base a mentiras el falso temor que de ganar el candidato nacionalista la iba a derogar, instigando así el resentimiento social. Cuando lo cierto es que la votó siendo diputado y su comentario había sido que habría que adecuarla a lo que es el trabajo del campo, distinto al de una oficina.

 

En cuanto al aporte a la economía que deriva del campo, y para cambiar erróneas creencias que todavía permanecen entre la gente del asfalto y de la política, como que es una producción sin valor agregado, que no ocupa a mucha gente, que da pocas oportunidades y se trata de vastedades poco productivas, por no decir atrasadas, el reciente informe presentado en la Cámara Mercantil de Productos del País junto a la consultora Deloitte enfocado a los granos, es sumamente esclarecedor (El País, 8/11). Como también es un aporte valioso y distinto el libro recientemente aparecido de Rossanna Dellazoppa, orientado más bien al gran público y no sólo al sector, llamado “AGRO La revolución sorprendente”.

 

El estudio presentado por la economista Florencia Carriquiry, muestra que la agricultura de secano creó 15.000 puestos de trabajo. De cada 100 dólares que se exportan de soja, US$ 70 representan valor agregado para el país. Si se toma de referencia la proyección de exportaciones para este año, situada en US$ 1.700 millones, serán US$ 1.200 millones de V. A. provenientes sobre todo de esta oleaginosa, cuya expansión ha sido enorme en estos años de gran aumento del precio internacional, en gran parte debido al ingreso de China como gran comprador. El área sembrada pasó de 15.000 hectáreas en el 2001 a 1,5 millones este año, dejando muy atrás al girasol con 2.000 hectáreas, la colza con 15.000 y el maíz con 11.600 hectáreas.

 

Si se considera que el PBI de 2014 rondará los US$ 55.000 millones, la contribución de esta rama productiva es más del 2% del PBI, mientras que en su conjunto, el agro representa un 10-12% del PBI. Pero así como subió el valor de los commodities, también aumentaron los costos. El promedio en el período 13/14 por hectárea en la soja de primera fue de US$ 636, y US$ 545 en la de segunda, integrando componentes como servicios de labranza y aplicaciones, fertilizantes, semillas, agroquímicos, fitosanitarios, fletes, combustibles, servicios técnicos y de seguros. A esto se suman actividades posteriores a la cosecha, como transporte, secado, acopio y logística en puerto, que llegan a US$ 290 adicionales. El arrendamiento de la tierra (70% de las plantaciones) subió también mucho, y lo que no se sabe es cómo será la rentabilidad en el futuro ya que el precio mundial ha bajado y en lugar de los US$ 530 la tonelada a los que llegó (US$ 180 valía en el 2004), hoy está en US$ 370 la tonelada. Al mismo tiempo, el alza del dólar en nuestro país cambiará la relación costo/ingreso.

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