10 de noviembre de 2014 23:34 PM
Imprimir

Cinco claves que han transformado a la fruticultura chilena

Junto con la apertura de puertas del mundo que han generado los acuerdos de libre comercio, los productores han sabido identificar las oportunidades y diversificarse, implementar tecnologías, desarrollar nuevas zonas en el país y elevar la productividad, multiplicando el valor y volumen de las exportaciones en las últimas tres décadas.

Desde comienzos de los 80 a la fecha, la superficie frutícola de Chile se triplicó -pasando de unas 100 mil hectáreas en 1982 a 300 mil en 2013. Al impulso productivo se sumó un fuerte incremento de las exportaciones, las que solo en la última década aumentaron 162%, alcanzando US$ 4.738 millones al cierre del año pasado. Varios son los elementos que sirvieron como trampolín a esa transformación del sector, que significó profundos cambios sociales y económicos, modificando radicalmente lo que era el agro nacional.

 

¿Qué fue lo que impulsó efectivamente ese cambio?

Productores, exportadores y académicos relacionados con la industria aseguran que no es fácil identificar un factor específico para explicar los cambios de los últimos años y décadas, sino que se deben entender como un conjunto de elementos que han coincidido y se han sucedido para gatillar su crecimiento, la diversificación de las producciones y la ampliación de las zonas geográficas frutícolas, entre otros aspectos.

Aún así, en todos los análisis aparecen como fundamentales la apertura de mercados internacionales a través de los acuerdos de comercio bilaterales y multilaterales, los que han abierto las puertas del mundo para la fruta chilena; la visión y olfato empresarial de los productores y exportadores, que han diversificado la oferta del sector incorporando nuevas especies y variedades, especialmente en las últimas dos décadas; y el aumento de la productividad a través de la incorporación de tecnología y modernización de los manejos de los huertos, que ha permitido hacer de la fruticultura un negocio rentable, pese a los vaivenes de la economía internacional y del tipo de cambio.

Un rasgo distintivo de la fruticultura exportadora es que, a diferencia de lo que ocurre con la maduración de otras industrias donde tienden a concentrarse en pocas manos, este rubro se ha ampliado a más actores, pasando de 507 empresas en 1994 a casi 700 este año, algo que es considerado un cambio muy positivo para el sector.

“La concentración no es conveniente para nosotros y como gremio siempre hemos predicado que debe existir una competencia total en el sector, porque es vital y es parte de nuestra esencia”, asegura el presidente de la Asociación de Exportadores (Asoex), Ronald Bown.

Pese al buen desempeño que ha tenido el sector en las últimas décadas -mientras la superficie frutícola se triplicó, las exportaciones se multiplicaron 14 veces, lo que refleja un fuerte aumento de la productividad (ver infografía)-, se han cumplido etapas y el futuro pasa por lograr vencer los desafíos pendientes, como solucionar el creciente problema de escasez de mano de obra, modernizar manejos e incorporar nuevas variedades, además de intensificar la promoción de Chile en el exterior. Esto porque, según aseguran los expertos, el potencial del país para seguir creciendo en fruticultura existe y es de grandes proporciones.

“Chile podría duplicar la superficie frutícola y podríamos colocar toda esa fruta en los mercados internacionales, con precios muy efectivos y mejorando la calidad, en un plazo de 15 a 20 años. Podemos hacer un gran negocio”, asegura el ex director de Odepa y académico de la Facultad de Agronomía de la Universidad Católica, Gustavo Rojas.

Ello desde el ámbito productivo y comercial. Porque también se vislumbran nuevas tendencias (ver reportaje en la página 14) que marcarán el futuro de la fruticultura nacional.

 

Ampliando el mundo

Si bien Estados Unidos se mantiene como el principal destino para la fruta chilena, con el 35% de participación, en los últimos años las cifras evidencian una diversificación de los mercados, de la mano del aumento de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y del avance en la obtención de protocolos fitosanitarios para el acceso de la fruta nacional a los distintos países. Lo anterior posicionó a Chile en el mundo y le dio una clara ventaja respecto a los otros productores del hemisferio sur.

Hace diez años las exportaciones frutícolas a Estados Unidos y la Unión Europea (UE) representaban, en conjunto, cerca del 80% de los envíos nacionales, mientras que actualmente suman poco más del 60%. El espacio lo han ganado Latinoamérica y Asia, que reciben el 19% y 15% de la fruta chilena, respectivamente.

“Sin duda, nuestros agricultores han aprovechado las oportunidades que se han ido presentando con los acuerdos y la formalización de protocolos sanitarios, que han generado señales muy claras al mercado chileno, a las cuales los productores han sido muy sensibles y que muestran ciertas ventajas competitivas respecto de otros países, que tenemos que aprovechar y utilizar plenamente”, destaca el rector de la Universidad de Talca y ex ministro de Agricultura, Álvaro Rojas.

En ese sentido, Ronald Bown valora la conducción del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) en materia fitosanitaria, que ha permitido desarrollar los protocolos y defender el patrimonio fitosanitario del país. “Hemos tenido casos complejos que se han solucionado y estamos viviendo otros complicados, como la PSA y la Lobesia botrana, pero confiamos en que las cosas se van a hacer con mayor presupuesto y en coordinación con el sector privado”, asegura.

 

crecimiento hacia el sur

Los primeros pasos de esta industria, hace treinta años y más, se dieron en el norte y en la zona central, principalmente con plantaciones de uva de mesa, carozos y manzanos. Sin embargo, la introducción de nuevos cultivos -como kiwi, arándanos y, últimamente, cerezas y nogales-, además del cambio climático y la menor disponibilidad de agua en los últimos años han ampliado la frontera frutícola de Chile.

Aunque el centro del país sigue dominando en superficie, en los últimos diez años el área en que más crece la fruticultura es entre la IX y X Región, con un aumento de 207%, además de un alza de 63% en la superficie de frutales entre la Región Metropolitana y del Maule, fenómeno que en este último tramo comenzó hace unos veinte años.

“Yo creo que la ampliación geográfica se explica por el cambio climático, especialmente desde el Maule al sur, con ausencia de lluvias en abril, que ha permitido a las vides y otros rubros incursionar con más efectividad, y también por el desarrollo de variedades con mayor resistencia al estrés biótico y abiótico”, explica Álvaro Rojas.

Por su parte, el presidente de Fedefruta, Juan Carolus Brown, destaca que “la fruticultura ha ido invadiendo terrenos y zonas que antes, culturalmente, uno creía que no podían producir fruta… En el norte se están produciendo uvas en cerros pelados y el sur se ha ido dividiendo por zonas para cada especie, algo que antes no se veía”.

En el sector también valoran que en tres décadas ninguna especie ha desaparecido para ser reemplazada por otra, sino que las producciones se han ampliado y diversificado, por lo que son negocios que no corresponden a modas. “Eso quiere decir que el sector privado lo hace muy bien, y que ha sido extremadamente eficiente y cuidadoso”, asegura Gustavo Rojas.

 

Buen ojo empresarial

La ampliación de la frontera frutícola chilena y la llegada de nuevas especies al país tienen detrás a las decisiones de los productores y empresarios agrícolas. De hecho, en el sector destacan como elemento vital el que ellos se hayan atrevido a experimentar y a tomar riesgos.

“Creo que el espíritu empresarial que hay en la agricultura chilena se debe reconocer. Es un sector que conoce los mercados, que sabe producir y tiene un soporte logístico y tecnológico que es propicio para reaccionar a los mercados. Todo eso genera, no una tormenta perfecta, sino que un día despejado perfecto para avanzar con éxito”, puntualiza el rector de la U. de Talca.

Junto con el aumento en la producción de frutas y en las exportaciones ha crecido la infraestructura asociada a ello, y las cifras dan cuenta de su avance: desde 1985 a la fecha han aparecido 175 nuevas plantas agroindustriales, asociadas tanto a frutas como a hortalizas, y el valor de los envíos de fruta procesada pasó de US$ 30 millones a mediados de los 80, a US$ 1.544 millones en 2012. Es decir, 500 veces más en casi treinta años.

“En el área de procesamiento ha habido muchos avances. Hoy encuentras packings ultra modernos, mecanizados, que hacen selecciones vía láser, y también está la utilización del agua en todo el proceso de la cereza… Ejemplos que dan cuenta de que hay mucho progreso”, resalta Juan Carolus Brown, aunque plantea que aspectos como el bajo nivel del tipo de cambio en los últimos años han hecho que el proceso de modernización del sector, en general, haya sido lento.

 

Nuevas tecnologías y manejo

El presidente de Fedefruta insiste en que uno de los saltos importantes que definieron el destino del sector a comienzos de los 80 fue la incorporación del riego tecnificado, que permitió contar con un uso más efectivo y eficiente del agua, mejorando el desarrollo y rendimiento de las plantas y, en definitiva, generando un aumento de la productividad del sector. Efectivamente, está entre los países con mayor incorporación de riego tecnificado del mundo, alcanzando cerca de un 35% de la cobertura (en Israel, país que tiene un gran desarrollo en esta materia, es cercano al 45%).

A eso se suma el esfuerzo de los productores por diversificarse y evitar tener monoproducciones, para lo cual han incorporado -especialmente en las dos últimas décadas- nuevas variedades. “La gente ha hecho esto para disminuir los riesgos climáticos, hacer más efectivo el uso de la mano de obra y así no tener grandes peaks de demanda de esta, sino que diferirlos en el tiempo”, explica Álvaro Rojas.

En este ámbito, uno de los cambios más llamativos en los últimos cinco años es el que se ha producido con fuerza en las cerezas, donde los productores han cubierto los huertos con plástico y malla raschel, para disminuir el riesgo de heladas y evitar el daño por golpe de sol.

“Ese tipo de tecnología que estamos trayendo de afuera nos ayuda a tener muy buenas producciones y buenos negocios”, asegura Gustavo Rojas.

El experto añade que un punto que ha adquirido urgencia es renovar variedades -plantea que gran parte de las existentes en casi todos los cultivos, excepto los nogales, están obsoletas- y aumentar la densidad de las plantaciones para poder seguir siendo competitivos: “En cualquier especie, tenemos urgentes necesidades de irnos a dos mil o tres mil plantas por hectárea, que además tiene como efecto positivo bajar los costos”.

 

Menos mano de obra

De todos los cambios que ha vivido el sector, este es el más nuevo y que aún no está resuelto.

En los últimos cinco años, con el positivo desempeño de la economía y el auge de la minería, la disponibilidad de mano de obra en la fruticultura se redujo (está por verse eso sí qué ocurre esta temporada, con la ralentización de la economía y el aumento del desempleo) y, como consecuencia, su valor aumentó.

“En un país que crece, la mano de obra menos calificada, que es la de la agricultura, se va a otros rubros, como la minería, el comercio y los servicios. Creo que ese es el mayor enemigo con el que ha tenido que luchar la fruticultura, de no disponer de la mano de obra que se disponía hace cinco años, porque este es un fenómeno nuevo, pero que llegó para quedarse y ha generado cambios”, explica Juan Carolus Brown.

La situación ha provocado que en muchas zonas se estén reemplazando especies con alta demanda de mano de obra, como la uva de mesa, por cultivos como los nogales, que demandan un décimo que las vides en este ítem (y que además se adecuan mejor a los cambios climáticos, como la creciente escasez hídrica). Es un fenómeno nuevo y llamativo, pero que ya se observa en regiones como la Metropolitana, donde la superficie del fruto seco superó a la vid de mesa en 2013, quedando en 10.949 hectáreas y 8.771 hectáreas, respectivamente.

Frente a este cuadro, los gremios y expertos plantean que es necesario volver a hacer atractiva a la agricultura, pensando también en la identidad que representa para Chile y en su valor patrimonial.

“Debe haber un reconocimiento a lo que representan las tradiciones agrícolas para el país, lo que debe defenderse con políticas públicas. Sin la agricultura, Chile pierde posibilidades concretas de ser sustentable en el tiempo y para eso debe existir buena educación, capacitación e incorporación de los jóvenes, para que sean más productivos y ganen más”, plantea Ronald Bown.

Por la misma línea va Gustavo Rojas, quien cree necesario avanzar mucho más en capacitación y que el Estado ayude al mundo rural a competir con el área urbana. “Hay mucho por hacer ahí. Es labor del Estado mejorar la red vial rural, por ejemplo, porque cuando pavimentas un camino cambias la vida cotidiana de esos habitantes, o aumentar el acceso a internet”, propone.

Pese a los desafíos pendientes, en el rubro frutícola coinciden en que el sector está viviendo momentos positivos -especialmente por el alza del tipo de cambio- y se muestran optimistas en cuanto a la modernización que viene, de la mano de inversiones de los privados, aunque esperan que desde el ámbito público aumente el apoyo y las herramientas para dar un nuevo salto productivo.

 

 Uva de mesa seguirá siendo la fruta líder

Pese a los cambios de tendencia en las especies que lideran las exportaciones (ver mapa de las regiones), donde en las últimas temporadas destaca el fuerte incremento de las cerezas y nogales, además de la consolidación de los arándanos, la uva de mesa seguirá siendo la fruta líder en volumen de envíos a futuro.

Si bien hace algunos meses la noticia de que las manzanas superaron a la uva como la principal fruta de exportación del país encendió algunas alertas, los gremios aseguran que el resultado fue un fenómeno puntual y, en ningún caso, una tendencia.

“Eso fue algo circunstancial y ha sucedido dos veces en treinta años. No es una tendencia y la uva de mesa debería seguir siendo por mucho tiempo el primer producto de las exportaciones frutícolas si se dan condiciones normales”, aclara el presidente de Asoex, Ronald Bown.

Por la misma línea, aunque con una explicación más técnica, va el presidente de Fedefruta, Juan Carolus Brown. “Fue algo fortuito y que causó mucha alarma, pero se dio porque los huertos de uva no se ralearon para tratar de paliar los efectos de las heladas de septiembre”, explica.

En la última temporada, las exportaciones de uva de mesa disminuyeron a 725 mil toneladas, mientras que las manzanas mantuvieron sus envíos respecto de la temporada anterior, con 740 mil toneladas, lo que generó preocupación por el cambio en el ranking.

 

Chile, ¿potencia alimentaria?

En 2006 se planteó la meta de ubicar a Chile entre los diez principales exportadores de alimentos dentro de un plazo de diez años, a 2016. Un objetivo que se conoce con el eslogan de “Chile potencia alimentaria”, el que si bien fue determinante en la década pasada y se transformó casi en una política país, pareciera haber ido perdiendo fuerza e incluso no haber evolucionado.

Diversos actores del sector, aunque valoran la buena imagen que el país ha logrado posicionar en inocuidad y sanidad, critican que la frase pasó a ser más un deseo que un plan estratégico, lo que se grafica en detalles como que el Consejo Chile Potencia Alimentaria se reúna solo una vez al año.

“Falta hacer menos declaraciones y más acción en función de proyectos y logros específicos, y para eso se requiere de una evaluación que no está hecha. Tenemos que preguntarnos si realmente podemos ser potencia alimentaria, qué requisitos se necesitan, saber el potencial real de cada una de las regiones del país y en qué rubros, y sobre eso definir si nos puede ir bien, pero aquí se ha hablado en forma abstracta”, critica Ronald Bown y añade que tras ese análisis se debe generar una política que sostenga el eslogan.

Juan Carolus Brown cuestiona que, si se pretende ser una potencia mundial en exportaciones de alimentos, los fondos que existen para promocionar a los productos chilenos sean tan bajos y se hayan mantenido estables en los últimos tres gobiernos, pese a que los envíos del sector se han multiplicado. “Con los actuales fondos que disponemos para promocionar nuestros productos no vamos a llegar nunca a ser considerados jugadores número uno en los mercados. Creo que tenemos la fruta y la calidad, pero nos falta promocionarla”, plantea.

Más optimista es Gustavo Rojas, para quien es positivo mantener el eslogan, aunque tomando medidas para mejorar: “Si todos trabajamos duramente, creo que en cinco años podríamos mejorar en el ranking, pero me gustaría que hubiese más esfuerzo en las reuniones público-privadas”.

Por otro lado, Álvaro Rojas propone buscar vitrinas masivas para promocionar la imagen de Chile, como la organización de un Mundial de Fútbol, juegos olímpicos o campeonatos de automovilismo. “Se puede hacer mucho en lo técnico, pero la imagen del país se puede reforzar con una campaña más potente, con parrillas de exhibición fuertes y muy focalizadas. Creo que el país debiera reforzar al sector frutícola con un aporte sustantivo en la imagen”, concluye

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *