11 de noviembre de 2014 17:18 PM
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Veranadas: comenzó el lento y difícil camino a las tierras altas

La trashumancia no sólo constituye un modo de vida para los crianceros de la zona norte de la provincia del Neuquén. Es un sistema de producción que permite garantizar el alimento del ganado entre dos lugares distantes entre sí siguiendo el ritmo de las estaciones.

Las adversidades no han podido vencer a estos hombres y mujeres que bajo el agobiante sol o temperaturas extremas continúan con esta práctica ancestral, que ha ido pasando de generación en generación.

No es fácil, el trabajo es arduo, las complicaciones y los imprevistos surgen a lo largo del camino que en la mayoría de los casos alcanza los 300 kilómetros para llevar los animales de un campo a otro, recorriendo de 8 a 10 kilómetros por día o a veces más. Noviembre es el mes de regreso de los crianceros con sus animales desde las invernadas, en los campos bajos de la cordillera, en el departamento Minas, a los altos de la veranada.

Todo parece normal para la gente que habitualmente los ve transitar en su paso por las distintas localidades o por las rutas de la región, pero sus historias de vida erizan la piel.

Héctor Laurentino Herrera, conocido como “Tino” es un ejemplo de perseverancia. Ya comenzó con el arreo desde el campo de Curaco a Pichi Neuquén, para lo cual debe atravesar tres departamentos, estos es Pehuenches, Chos Malal y Minas. La temporada no se ha presentado buena para él porque el temporal de fines de octubre provocó la mortandad de chivas grandes y también de chivitos recién nacidos, lo que se traduce en un revés para la economía de su familia. Pero hay que seguir, 25 días de arreos demandará el traslado de los chivitos y también de los vacunos y terneros que conforman su capital, sustento de su familia.

Hay crianceros que recurren a los servicios de la Corporación de Desarrollo de la Cuenca del Curi Leuvú (Cordecc), que este año destinará 550.000 pesos para el traslado de 11.000 bovinos (ver recuadro).

Tino destaca los avances que se han hecho en alojos y aguadas, lo cual se traduce en un beneficio para los crianceros, pero insiste en la importancia de contar con callejones de arreo, dado que en muchos lugares por donde antes transitaban se encuentran cerrados con alambrados y en otros, los loteos han avanzado hacia los sectores por donde antes pasaban con los animales.

La falta de callejones hace que deban ganar las rutas, con los peligros que eso implica para quienes circulan por ellas, para los propios crianceros y también para sus animales.

Para Tino “lo que se ha hecho es bueno, pero se necesita aún más” y entre esas cosas el reclamo está relacionado con políticas claras por parte de los municipios dado que cada vez se les restringe más el paso por los lugares habitados.

Son unas 1.700 familias las que realizan la trashumancia en el norte neuquino y durante este mes comienza el retorno a las veranadas donde pasarán los próximos meses con las pasturas y el agua necesarias para la subsistencia del ganado.

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