22 de noviembre de 2014 22:20 PM
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Malezas: una nueva ingeniería

•Con precios bajos, costos altos y alquileres prohibitivos, el escape de malezas puede ser hoy motivo de quebranto para muchos productores. Tan preocupante es el diagnóstico que las principales marcas de herbicidas decidieron trabajar en conjunto para proteger el negocio de todos.

El desarrollo de resistencia a herbicidas de una cantidad cada vez mayor de malezas es el último trueno que se necesitaba para que la agricultura argentina tenga su tormenta perfecta. A los precios internacionales deprimidos, los altos costos internos, los alquileres exorbitantes y la presión fiscal, vino a sumarse este complejísimo problema que puede incrementar el gasto a punto tal que, para más de uno, amenaza con arrebatarle la raquítica renta que obtendría en la presente campaña, siempre y cuando el clima acompañe y los rindes también.

“En marzo, cuando se coseche, se verá quien queda y quien sigue”, sentenció a Campolitoral el agrónomo Diego Hugo Pérez, asesor del grupo CREA Santa Fe Centro, durante una recorrida por los ensayos que realiza en Gálvez -junto a las principales firmas proveedoras de agroquímicos- en busca de una ecuación costo-beneficio que permita un control eficiente de malezas y a la vez resulte económicamente viable.

Con sobre costos de u$s50 a u$s70 por hectárea y arrendamientos que siguen valuados como en el mejor momento de las cotizaciones, aún en esa zona -donde puede apuntarse a rindes de 40 quintales de soja a sólo 120 kilómetros del puerto- “a los precios actuales el modelo no es sustentable en el corto plazo”. Por este motivo, en algunas zonas del centro provincial se produjo un recorte del 15/20% en los arrendamientos, otros dejaron los quintales fijos para volver al porcentaje y hasta se ven casos en los que el arrendador corre con todos los gastos y a cosecha, luego de pagar toda la inversión, se reparte el margen neto con el dueño en partes iguales.

En otras regiones, como en NOA o el NEA, la combinación malezas-alquileres-flete ha derivado en situaciones inverosímiles, como que los campos se entreguen sin costo a los agricultores. Allí, “la presión de las plagas obliga a 5 o 6 aplicaciones de insecticidas en soja, hay lugares que directamente ni regalado es gratis”, señaló Rodrigo Bosch, gerente regional de Nidera para todo el norte argentino.

 

Sin margen

Tan delicada es la situación que el martes 18, sobre un lote en el ingreso a la ciudad de Gálvez, se vio una postal antes impensada: técnicos de las principales empresas proveedoras de herbicidas analizando juntos -y no compitiendo- alguna estrategia que pueda frenar el avance de las “malezas difíciles”.

El ensayo lo propuso Pérez y de inmediato todos dijeron que si: Syngenta, Dupont, Dow, Insu Agro, BayerCrop y FMC. El trabajo consiste en probar barbechos cortos y largos, con diferentes combinaciones de principios activos y dosis, a fin de determinar las mezclas más convenientes. Los largos se hicieron el 7 de agosto y los cortos el 21 de octubre, con el foco puesto en controlar cloris (Chloris virgata), capín (Echinochloa Crus Galli), rama negra (Conyza bonariensis) y Eleusine indica (conocida como Grama carraspera, Pata de ganso), consideradas las más problemáticas de la zona, aunque también hay contratiempos con maíz RR guacho, sorgo de alepo, yuyo colorado y digitaria.

Pérez explicó que la campaña anterior se hizo mucho maíz de segunda, que se cosecharon en junio y mantuvieron hasta entonces un enorme banco de semillas. “Se probaron mezclas de glifosato con otros productos residuales, y luego con hormonales para hacer barbechos cortos”, indicó. En busca de encontrar la mejor combinación costo-beneficio, los barbechos cortos se hicieron con glifosato más algún hormonal, con lo que se llega a 40/50 días de residualidad. “La gran diferencia se ve en cortos (15/20 días antes de la siembra de soja)”, afirmó el técnico. Mientras que a los largos, hay que ir “agarrándole la mano”, porque algunos productos funcionan bien para algunas malezas pero para otras no. “Tenés que conocer muy bien el lote y cual es la maleza problema y ahí seleccionar muy bien el producto”, sentenció, y agregó: “hoy el foco del problema son las gramíneas”. De hecho, el año pasado el problema los había obligado en la zona a tener que realizar 2 o 3 aplicaciones de graminicidas.

Aparentemente, se vive un momento de quiebre para la agricultura. “Lotes impecables como se veían antes dejarán de existir y volveremos a la soja de los 90, con manchones de malezas”, anticipó Pérez. También se aplicará más veces con malezas más chicas, habrá que ir más veces al campo, recorrer el lote y -sobre todo- bajarse de la camioneta. De lo contrario las “aplicaciones de rescate” pueden elevar muy fuerte los costos.

El técnico también comentó que hubo casos de laboreo en la región y que puede llegar a ser una opción. Pero con una visita semanal y buena recorrida “no debiera haber escapes de malezas”. Sin embargo aclaró: “no una recorrida así nomás; hoy hay que bajarse, recorrer, pensar qué aplicar, qué se principio activo se usó antes y cual no; es la ingeniería de la maleza, como pasó con bolillera e insectos… ahora son las malezas”. Así, la agricultura extensiva, la del glifosato como solución mágica, “dejó de existir, hoy necesitas al agrónomo”.

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Peor las gramíneas. Cloris, Eleusines y capín, tres problemas en el centro santafesino. Los barbechos cortos se hicieron con glifosato más algún hormonal, con lo que se llega a 40/50 días de residualidad. Fotos: Juan Manuel Fernández

 

Los alquileres

Pérez estimó que el incremento de costos por malezas ronda los u$s50/70 dólares más por hectárea que con el glifosato solo. Es la gota capaz de derramar el vaso. “Hoy no cualquiera va a poder hacer soja”, adivirtió, y sólo lo logrará “el productor capacitado”. Aún en Gálvez, con potenciales de rinde de 40qq y sólo 120km de flete a puerto, “en marzo cuando se coseche, se verá quien queda y quien sigue”. Así de de grave es la situación.

En este punto es que los alquileres juegan un rol preponderante. “Estamos pagando alquileres caros; a los precios actuales el modelo no es sustentable en el corto plazo”, evaluó el asesor CREA.

Por el momento, en Gálvez “aún no hay cambios”, pero hacia el oeste, en Cañada Rosquín y Carlos Pellegrini, “hay lotes que están muy plagado con sorgo de alepo y yuyo colorado, tuvieron una baja de 15/20% hace un mes; y si no rebajan no hay gente que lo siembre, ya no hacen fila para alquilar ni plata”.

El cuadro es más complicado en zonas alejadas. El gerente regional de Nidera para todo el norte argentino, Rodrigo Bosch, confió a Campolitoral que en el NOA “hay zonas donde los alquileres se regalan” con tal que el se mantenga limpio el campo y no permitan el avance de malezas o monte. El año pasado se había observado esta tendencia, ya que además del flete “la presión de las plagas obliga a 5 o 6 aplicaciones de insecticidas en soja, hay lugares que directamente ni regalado es gratis”. Sin llegar a tal extremo, los campos grandes “de 1.000 hectáreas para arriba, se están cayendo a pedazos los alquileres”. Citó un caso de Salta, donde entre 5 o 6 campos sumaban 10.000 hectáreas que explotaba una misma empresa hace 10 años “y le dijeron ‘tomá, gracias’ y le devolvieron el campo; y estamos en noviembre y no se alquilan”.

En cambio, Bosch dijo que hacia el centro del país muchos alquileres fijos en quintales se pasaron a porcentajes o “a dividir ganancias por encima de los costos”, lo que implica que el productor hace todo el gasto y a cosecha se lo cobra para luego partir el margen neto en mitades con el dueño. “Lo duro fue para el que alquiló a comienzos del año con un precio de commoditie alto”.

En cambio, sobre campos chicos la situación es distinta. El dueño que alquila 150 hectáreas a un vecino y no tiene margen para ajustar, porque se acostumbró a vivir mejor o tiene un hijo estudiando afuera, lo mantiene porque “el de al lado por ahí lo termina absorbiendo igual”, explicó el ejecutivo.

En síntesis, Bosch destacó que la campaña se caracteriza por el “orejeo” (regateo) de alquileres hasta último momento. “Donde hay margen para hacer soja o maíz de segunda hay gente esperando una señal de los mercados”, explicó.

El problema es que cuanto más tarde se entre al lote, más ventaja se le da a las malezas.

 

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” Hay zonas en el NOA donde los alquileres se regalan. Pero la presión de las plagas obliga a 5 o 6 aplicaciones de insecticidas; ni regalado es gratis”

Rodrigo Bosch

Gerente regional de Nidera para el norte argentino

 

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” Hoy no cualquiera va a poder hacer soja. En marzo cuando se coseche, se verá quien queda y quien sigue”

Diego Hugo Pérez

Ing. Agr. Asesor CREA Santa Fe Centro

 

 

Intacta: una solución en zonas periurbanas

  • La adopción de la nueva tecnología de Monsanto para soja, Intacta RR2 Pro, por parte de los productores el mínima. Sin embargo, se implementó como solución en zonas periurbanas del centro santafesino por precisar menos pulverizaciones. “al principio hubo una negación -dijo Diego Pérez- y luego se encontraron algunos nichos en los alrededores de las ciudades o centros poblados como para no tener esa disyuntiva entre el pueblo y la fumigación”. Según el técnico, “gran parte de los pueblos” tiene sembrada esta tecnología en su zona más próximas, ya que al resistir el ataque de orugas demandarán un menor número de pulverizaciones.

En cuanto al uso en general, los lotes de producción no adoptaron esta tecnología. “Hay una negación total al sistema de comercialización, al canon o la regalía. Va a ser una batalla y recién empieza la película”. Además del aspecto económico, Pérez destacó las complicaciones logísticas que plantea el sistema de cobro, ya que debe segregarse el grano con el gen de Monsanto. “Hay empresas que siembran 2,000 hectáreas, parte Intacta, parte no; logísticamente todavía es algo complicado, debiera ser más fácil el sistema de cobro, porque segregar la producción es muy complicado”.

 

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Resistente. El control de rama negra es muy difícil y la residualidad de los productos a veces no alcanza. Foto: Juan Manuel Fernández

 

 

Amenaza mayor: Helicoverpa armígera en la región

  • Desde hace 3 años Diego Hugo Pérez y su equipo vienen utilizando trampa de luz para monitorear la presencia de plagas en la zona de Gálvez. El año pasado detectaron a tiempo la existencia de “falsa medidora” (Pseudoplusia includens) “siendo que no era una zona donde se conociera su presencia”. Esto les permitió atacar el problema con eficiencia. “Cambiamos los principios activos y no tuvimos problemas”.

Pero este año hicieron una detección atemorizante: Helicoverpa armígera, la oruga que por su resistencia a la tecnología BT está haciendo estragos en otras regiones. “Dios quiera que no tengamos gran presión porque es la plaga que en Brasil y el Norte de Argentina es la arrasadora de la soja”, rogó. Y no sólo su resistencia a BT, sino también porque “causa el daño de 10 bolilleras, con un consumo altísimo, la de reproducción también; se está complicando”.

Al margen de este temor, por lo visto hasta ahora en la trampa “va a haber un ataque de oruga del yuyo colorado; militar va a haber; y anticarsia ya empieza a crecer la población”. Para ellas, la campaña viene espléndida, con alta temperatura y humedad

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