22 de noviembre de 2014 23:06 PM
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En Uruguay el rubro ovino desaprovecha las señales positivas del mercado

La majada nacional ha caído dramáticamente este año y los productores se siguen desprendiendo de los vientres, detectándose el menor dato de ovejas de cría desde que se llevan registros.

Los datos de población vacuna y ovina confirmaron tanto la muy alta población de vacunos como el menor stock de ovinos de la historia. La mayor cantidad de vacas de cría, pero la menor de ovejas desde que se llevan registros confiables.

Esto sucede en un momento de precios muy favorables por la carne ovina y por los corderos, y de una demanda estable y firme para la lana. Es decir, no es una respuesta a las señales del mercado en cuanto a los productos.
Uruguay tuvo más de 12 millones de ovejas y más de 24 millones de ovinos a comienzos de la década de 1990, luego de sostener por varios años una majada abundante.

Había en ese momento casi tres ovinos por cada vacuno. Quedan menos de un tercio de los ovinos que había 25 años atrás. Primero fue un colapso de precios de la  lana de los años de 1990, pero a partir de entonces no se ha logrado una recuperación.

Por variadas razones, independientes de una demanda que sigue ávida por los productos ovinos, la caída continúa.

En 2014 el descenso fue 8%, 684 mil ovinos menos, una disminución que tuvo entre sus componentes principales a las hembras, tanto por las ovejas de cría como por los vientres jóvenes. Las borregas diente de leche fueron porcentualmente la categoría con descensos más fuertes: 13%, de 1,15 millones a 995 mil. Con tan poco recambio es muy probable que el stock de ovejas de cría siga en descenso en 2015 y marque un nuevo mínimo histórico.

En el recuento de 2014 las ovejas quedaron por debajo de 4 millones por primera vez desde 1974, cuando empezó a contarse a través de Dicose.

Otras categorías también tienen una caída dramática. Es el caso de los capones, que se han reducido a la décima parte de lo que hubo. De 5,9 millones en 1989 a 582 mil a mediados de este año. Pero en este caso se trata de un descenso comprensible. Es cada vez menos justificable tener un animal en el campo solo para una cosecha anual de lana.
El precio de la fibra se mantiene estable pero las majadas tienen que mantener una condición doble propósito con un predominio de las categorías que proporcionan tanto carne como lana. Excepción hecha de las majadas superfinas, en el resto de los casos la población de capones debe seguir disminuyendo.

Pero el dato global muestra una caída generalizada que supera las expectativas. Más allá de que un fuerte temporal en setiembre de 2013 causó un daño grave en la producción de corderos –y que incluso mató ovejas–, no se esperaba un descenso tan pronunciado. Las proyecciones del Secretariado Uruguayo de la Lana planteaban una población superior a ocho millones. Seguramente un verano muy lluvioso el año pasado también perjudicó a la producción.

Las condiciones de mercado y las agronómicas permitirían holgadamente –si de optimizar la microeconomía se tratase– que Uruguay sostuviera tantos ovinos como vacunos, es decir, unos 12 millones de cada especie.

Producir corderos –si se logran conservar los mismos– es un buen negocio. La carne vale más que la del novillo, la lana de las madres y aun de los corderos significa un plus que suma en las cuentas del productor.
Las condiciones para el crecimiento de los ovinos están más que claras. Hay sistemas testeados que permiten producir 600 kilos de carne por hectárea, hay un sistema de compartimentación de ovinos que puede abrir nichos para carne con hueso de alto valor en América del Norte, Europa o Israel en 2015. Y la colocación viene siendo fluida, a un precio superior al de la carne vacuna.

En el marco externo, además de la ausencia de competencia desde Brasil y Paraguay, que sí son muy fuertes en carne vacuna, los mercados internacionales van hacia una caída estructural de la oferta. La producción en Nueva Zelanda va bajando desplazada por la lechería. Australia está en descenso por una sequía estructural que será agravada este verano por El Niño.

La demanda es muy firme en Brasil y China y tiene a una población islámica en Medio Oriente y el norte de África, que es de las que más crece en el mundo. Rusia es un mercado a conquistar que le negará la entrada a la carne australiana por el conflicto con Ucrania.

 

Precios en máximos desde 2011

Es evidente que los productores tienen un desánimo de larga data. Porque más allá de los problemas climáticos que han afectado al rubro en Uruguay, los datos de faena de este año muestran claramente que los productores se siguen desprendiendo de los vientres.

La faena de ovejas en lo que va del año es 5% mayor a la de 2013. La semana pasada no fue la excepción. Fueron faenadas 9.352 ovejas, frente a 7.080 de la semana previa y 8.779 de la misma semana de 2013. Por ahora nada revierte la caída de la majada.
Como prueba del buen marco que tiene la carne ovina los datos de exportaciones reflejan un ascenso de precios constatables mes tras mes. En octubre marcaron un máximo desde 2011 y casi alcanzaron a US$ 5.000 por tonelada.
Con un registro de US$ 4.891 por tonelada exportada, 14% superior al que obtuvo en ese mismo mes la carne vacuna, fue el quinto mes consecutivo de ascenso en el precio y el máximo desde noviembre de 2011, cuando la fortaleza del real en Brasil llevó los precios por encima de los US$ 5.000.

Desde hace dos años la presencia de China es importante, pero como sucede en el caso de la carne vacuna, la competencia de Oceanía se está haciendo sentir y la mayor parte de la ventas de este año se ha concentrado en Brasil y la Unión Europea, allí donde poder ingresar con el producto con hueso será de los grandes objetivos para 2015.

 

Planteos para revertir la situación

Cómo lograr que algo que tiene demanda pueda aumentar la oferta parece ser la pregunta a plantearse. El Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) viene trabajando en un plan estratégico que lanzará pautas para el sector. Mientras Central Lanera Uruguaya ha planteado la posibilidad de exonerar de impuestos a la lana acondicionada, entre los productores se mencionan con insistencia problemas de abigeato, depredación por perros, jabalíes y aves rapaces como los caranchos.

Desde la Facultad  de Agronomía se han venido haciendo planteos que apuntan al mayor uso de cruzamientos. Desde el sector privado la introducción de nuevos materiales genéticos capaces de producir carne en forma abundante y lanas finas, como el Merino Donhe, se han ganado un lugar dentro del crisol de razas local.

Se trata de un rubro estratégico porque es de los que da fuentes laborales abundantes en la ganadería, algo que también puede estar incidiendo en la suba de costos.

Uruguay supo producir más de 100 millones de kilos de lana al año, lo que ha descendido a unos 30 millones de kilos en esta esquila. La industria textil uruguaya acosada por el diferencial en costos y escala de sus pares asiáticas, depende cada vez más de la lana importada para seguir funcionando.

Con nuevas tecnologías de rastreo genético, aviones no tripulados de bajo costo y un consenso nacional en cuanto a la necesidad de mejorar la seguridad, la solución no puede estar lejana.

Desde la demanda, el sector ovino obtuvo en 2013 la apertura del mercado de EEUU para el producto sin hueso. En caso de lograr la apertura para cortes con hueso, en 2015 puede ser el sector que dé el batacazo, inclusive en zonas agrícolas, donde abundan los verdeos para proteger suelos que no toleran el pisoteo de los vacunos.

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