24 de noviembre de 2014 12:03 PM
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Las tecnologías para predecir y enfrentar las heladas

Pese a que según un estudio de la U. de Talca el calentamiento global ha contribuido en la disminución de heladas, el riesgo sigue latente. Expertos coinciden en que contar con un sistema de pronóstico meteorológico para evaluar cómo se comportará el fenómeno es vital antes de implementar cualquier método de control, los que van desde calefactores hasta máquinas de viento portátiles.

Heladas intensas que arrasan con cultivos y provocan pérdidas de cosechas y de recursos. Con un clima que aumenta su variabilidad y no para de desconcertar, al productor agrícola y vitivinícola se le hace cada vez más difícil producir y estimar sus resultados, pues si antes el clima de los distintos sectores productivos estaba más o menos definido, ya no es así.

Es, precisamente, lo que intenta demostrar el Centro de Investigación y Transmisión de Riego y Agroclimatología de la Universidad de Talca (CITRA), a través de un estudio que registró el comportamiento del clima en las zonas viníferas de la VI y VII Región, desde 1900 hasta la actualidad.

Los resultados preliminares son sorprendentes.

“Si en la zona central, entre los años 1931 y 1940, se producían 37 días con heladas, en la actualidad se están produciendo solo 17 días con este fenómeno, producto del calentamiento global, lo que es positivo para los agricultores. Aunque no las ha hecho desaparecer”, advierte Patricio González, experto en heladas y cambio climático de CITRA. Explica que también ocurren en períodos menos extensos que antes, pues si en los años 40 acontecían entre marzo y principios de octubre, ahora se concentran entre mayo y fines de septiembre.

Una de las razones que explicarían la disminución de heladas es que las noches de invierno y primavera son cada vez más cálidas, lo que también impacta negativamente. “La viticultura necesita noches frías para que mejoren la calidad del vino y las concentraciones de azúcar, pero hemos notado que desde los años 90 en adelante las noches están siendo más cálidas, lo que puede poner en riesgo al sector”, dice el investigador.

Si bien precisa que es un fenómeno que “hay que ir analizando, es probable que en unos 15 años más las viñas tengan que sufrir un desplazamiento hacia el sur o la precordillera”.

Por eso recomienda a los agricultores “educarse” sobre la climatología de su zona, para minimizar los riesgos de que, por ejemplo, caiga una helada y dañe la producción. En principio, señala González, es importante saber diferenciar entre una helada radiativa (enfriamiento del suelo) y una advectiva (masa de aire polar que hace bajar la temperatura hasta los -5° C), como la que ocurrió en septiembre del año pasado y que dejó pérdidas sobre el 50% en algunos sectores vitivinícolas de la zona central.

“Es vital saber diferenciarlas, porque los métodos de control de heladas solo son efectivos en el caso de las heladas radiativas. Si se utilizan para las advectivas, incluso se puede intensificar el daño, porque incentivan el frío”, explica el experto. Según el estudio, desde los años 80 estas últimas se han ido incrementando, “lo que es preocupante, porque quiere decir que están ingresando con más facilidad a la zona central”.

Dice que la única alternativa confiable que existe para enfrentarlas es rodear los viñedos con alamedas: “Es un método colonial. La masa de aire polar avanza igual que el agua, por gravedad. Entonces, cuando choca con alguna superficie continua, como es una alameda de árboles, no ingresa al predio, o solo una parte”.
Primero se debe pronosticar

A diferencia de las heladas advectivas, para controlar las radiativas existen varios métodos. Pero antes de aplicar cualquiera de ellos, coinciden expertos, es importante pronosticarlas correctamente. Estar al tanto de las condiciones meteorológicas no solo ayuda a identificar qué tipo de fenómeno se avecina, sino cuál será su intensidad y por cuánto tiempo se espera que se prolongue. Esto permite hacer más eficiente el uso de las tecnologías de control.

Una alternativa es contar con pequeñas estaciones meteorológicas en terreno y así hacer un seguimiento continuo de los registros del clima e ir comparándolos año a año. “Lo principal es poder monitorear una posible ocurrencia de una helada, que es vital. Para eso, hay que tener un instrumento preciso, no basta un termómetro y salir a pasearse, porque no hay monitoreo”, señala Ricardo Rodríguez, gerente general de Agroprecisión, quienes importan desde Estados Unidos un sistema que funciona en base a sensores que se distribuyen en diferentes zonas de un predio, los cuales se comunican entre ellos y luego envían la información a un recopilador de datos que los remite a una página web que puede ser consultada a través del celular.

Cada sensor va instalado de acuerdo a la topografía y cuesta entre $600 y $700 mil cada punto. “Si tengo una viña con parte de cerro, otra baja y otra cercana al río son distintos microclimas, y por eso como administrador tengo que ser capaz de detectarlos y saber por dónde ir a atacar el posible daño de helada”, explica Rodríguez.

Estos sensores miden, por ejemplo, la temperatura y la humedad relativa del aire y en el ocaso (cerca de las siete de la tarde) se determina el punto de rocío: el indicador de un eventual descenso de temperaturas bajo los -1° C, que es dañino para el viñedo. El agricultor también puede configurarlo para que le lleguen mensajes de texto o un correo electrónico que lo alerte a medida que baja la temperatura.

“Para evitar un gasto innecesario es importante tener un modelo de pronóstico primero, porque pueden darse muchas condiciones de heladas, y el agricultor estar toda la noche con calefactores u otro método prendido y que no ocurra nada”, sostiene Patricio González.

En CITRA diseñaron un modelo en base a una ecuación (PTM1), que incluye variables como la humedad relativa del aire, el punto de rocío, la nubosidad y a las seis de la tarde se pronostica la temperatura mínima que habrá al día siguiente entre las seis y las siete de la mañana, información que se actualiza en línea en www.citrautalca.cl, pues cuentan con una red de estaciones meteorológicas en Talca que registra las condiciones cada 15 minutos.

“También tenemos drones octocópteros que hacen vuelos nocturnos y diurnos sobre los predios y van captando con infrarrojo la temperatura, lo que nos permite saber también localmente cuál será el efecto de una helada radiativa, porque es muy local, puede que un predio caiga una helada y en el vecino no, porque está mejor protegido o tiene mejor flujo de viento”, dice el investigador de CITRA.

Tecnologías de control

Ante una alerta de helada radiativa, hay varios métodos que se pueden aplicar. Está el uso de calefactores a petróleo, que se ponen cada 200 metros al interior de los viñedos; la quema de neumáticos para provocar una nube de humo que impida la pérdida del calor desde el suelo; la micro aspersión, que consiste en regar para que con la helada el agua se congele y genere una cápsula que mantenga la temperatura a cero grados; y las máquinas de viento.

“Los métodos más efectivos son las torres de viento y los calefactores. El lanzar calor, ya sea de forma estática o a través de un tractor con un propulsor, y en menor medida la micro aspersión”, dice González.

En cuanto a las máquinas de viento, existen las fijas y las portátiles. La empresa Zimex, las empezó a importar desde Nueva Zelanda tras la helada del 2013. “El hecho que sea portátil lo hace muy versátil. Además, hay productores que tienen diversos cultivos y épocas de sensibilidad a las heladas diferentes”, destaca Pier Zecchetto, dueño de la empresa.

Otro de los aspectos que destaca es que por el tamaño de su base (1,5 metros) se pueden trasladar entre medio de las hileras sin necesidad de arrancar parras, ni tampoco requiere una obra de instalación. El área que logran proteger, dependiendo de la intensidad de la helada, fluctúa entre las 4 y 6 hectáreas, consumen 5 litros de bencina por hora y cuentan alrededor de US$ 4 mil. “La hélice de esta máquina le puedes regular el cabezal y así trabajar en pendiente”, añade Zecchetto.

Hace 20 años que Tecnipak importa máquinas de viento fijas desde Estados Unidos y las comercializa en Chile. Jorge von Loebenstein, gerente del área agrícola, cuenta que ya han instalado más de 1.300.

Consisten en una torre que tiene una hélice con un diámetro de seis metros, y aunque se parece mucho a un generador eólico, hace el efecto contrario: produce un viento que barre el frío generado en la superficie de los terrenos durante las noches de helada y hace que el enfriamiento del aire cerca del suelo sea más lento. Si en la zona central el suelo se enfría 1,2 °C por hora, hace que se enfrié 0,4 °C”, explica. Funcionan con un motor a combustión interna, que puede ser a gas propano o petróleo diésel, cubren entre 4,5 y 7, 5 hectáreas y cuestan entre US$ 27 mil y US$ 35 mil. También la nutriciónArnaud Faupin, experto en nutrición de viñedos y viticultura, explica que a menudo se olvida que la mejor forma de preparar o defender un viñedo contra las heladas es la nutrición, aunque deja claro que depende de la helada. “Ninguna vid resiste contra 8 horas seguidas a -6°C como lo vimos en septiembre del 2013. Son condiciones muy extremas”.

Una de las consecuencias de la helada, además de la pérdida de producción, es el impacto en la heterogeneidad de los brotes que vienen, ya que crecen a distintas velocidades. El resultado es que “la madurez es muy dispareja en la planta y entre las distintas plantas. Eso dificulta la cosecha y el proceso de vinificación. Se ve afectada la calidad del vino. La viña pierde en calidad, en cantidad y en precio. Es una triple perdida.”

No existe ninguna varita mágica para anular todas las pérdidas, pero sí se pueden implementar medidas preventivas y correctivas para mitigar.

El experto insiste en que los tiempos de aplicación de foliares son claves, y lo comprobó con pruebas en cabernet sauvignon en Curicó. “Con 3 aplicaciones foliares de un nutriente equilibrado multimineral con sales minerales en momentos claves del crecimiento de la planta, logramos una homogeneidad mayor de 20% de los racimos.”

Esto, porque con la primera aplicación, justo después de la helada, apunta a combatir el atraso de brote del segundo brote de la planta. La segunda aplicación, al inicio de floración, permite optimizar la cuaja, y por ende la producción. La tercera, en pinta, tiene por objetivo homogeneizar la madurez de la uva.

Ahora, las medidas también pueden ser preventivas, para lo que Faupin recomienda trabajar el suelo y una buena nutrición. “Eso hace la diferencia a la hora de resistir eventos climáticos”. Esto porque la planta bien nutrida posee mejor resistencia frente a la helada, ya que el punto de congelación en los tejidos es menor que en plantas no tratadas, con una mayor concentración en sales minerales en la savia y en los tejidos. Según el viñatero español Pedro Benito Sáez, “el estado del suelo puede contribuir o bien a incrementar el poder calorífico o a limitar la irradiación; los principios básicos son mantenerlo bien húmedo a partir de las lluvias invernales o con riego.”

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