27 de noviembre de 2014 15:18 PM
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Cuesta abajo . . . . . .

…la nostalgia de haber sido, Y el dolor de ya no ser…

Mirando la Argentina de hoy, cuesta pensar que entre 1870 y 1880 era uno de los países más avanzados del mundo; que en las primeras décadas del siglo XX constituía “la promesa”, el Nuevo Mundo, para cantidad de inmigrantes corridos por las hambrunas, la guerra y la falta de posibilidades en los que hoy conocemos como “países desarrollados”…

Más cerca aún, a mediados de los ´50 se autotitulaba, y con razón, el granero del mundo. Estaba entre los primeros exportadores de carne, de maíz, de trigo….

Según los especialistas, para 1910, en el Primer Centenario, el PBI argentino era 2,5 veces superior al promedio de los restantes países, y se notaba…Por eso, la cantidad de extranjeros que seguían viniendo para estas tierras, los colonos, los que hicieron grande la agricultura, pues la ganadería ya lo era desde el siglo anterior.
En aquella época no se lo consideraba un país “primario”…Tal vez porque, entre otras cosas, contaba con un gran desarrollo tecnológico para la época, al punto que aquí, en Argentina, se fabricó la primera cosechadora autopropulsada del mundo, entre otros muchos avances.
Nadie sabe explicar muy bien que pasó luego o, mejor dicho, “porqué” la Argentina se cayó, tendencia irreversiblemente acelerada en esta última década al punto que, de acuerdo al economista Ricardo Arriazu, hoy el PBI local es apenas el 0,5 del promedio mundial.
También cayó estrepitosamente la participación en el comercio internacional, ahora en apenas 0,37%, menos aún que algunos de los vecinos.
Pero este no fue el resultado de que se hayan dejado de comprar los productos que vende la Argentina. Al contrario.
Tampoco es consecuencia de que se hayan desplomado los precios internacionales que, más vale, alcanzaron récords históricos en la última década, tal vez difíciles de repetir.

Menos aún es que se hayan perdido las extraordinarias condiciones agroecológicas para producir…
Y, si bien es cierto que hubo aumentos de volúmenes en algunos productos, no son acordes con los avances tecnológicos que permitirían aumentar sensiblemente esas cifras. El resto, directamente decayó. Trigo, fruta, carne…

El análisis, entonces, necesariamente debe pasar por el destino de los fondos que provee el campo, y las políticas que se aplican para favorecer –o no- su crecimiento.
Según Arriazu, “en 2015 deberíamos recibir U$S 11.000 millones para compensar la caída de la cosecha (sumando menor volumen y precios  internacionales más bajos).

Sin embargo, dijo también que tomando los precios de 2004, “las cosechas agrícolas aportaron U$S 180.000 millones extra”.
¿Qué tal la cifra???
Y si además consideramos que por retenciones (impuestos a la exportación), el sector agropecuario aportó  adicionalmente al fisco cerca de U$S 80.000 millones en 11 años, entonces el desconcierto es mayúsculo, pues no se ve en caminos, ni escuelas, ni nuevos hospitales, o puentes, o aeropuertos, o todos aquellas obras estratégicas que se hacían a principios del siglo pasado, con los recursos que también generaba entonces el campo, principal fuente histórica de las exportaciones locales, y que aún están en pié (¡gracias a Dios).
También es casi imposible calcular cual hubiera sido hoy el desarrollo del país si se hubiera seguido, aggiornada, aquella matriz que permitió que Argentina igualara a Australia y a Canadá, y superara holgadamente a Nueva Zelandia.

En ese caso, tal vez realmente el país se hubiera transformado de “granero” del mundo, en “supermercado” del mundo como se planteó en los ´90, y Brasil no se hubiera convertido en el primer proveedor mundial de alimentos.

En todo caso, como dice el tango “Cuesta abajo”, hoy no estaríamos con “la nostalgia de haber sido/ y el dolor de ya no ser…”

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