10 de febrero de 2015 00:05 AM
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Habla Formosa

Un estudio del INTA identificó las causas que afectan la adopción de tecnología de pequeños y medianos criadores formoseños originando brechas de rendimiento del 300% entre los que más y menos producen. Desafíos y oportunidades para mejorar en un nuevo escenario regional. Asistencia técnica, comunicación y financiamiento, claves.

“Los criadores más avanzados de Patiño logran 60 kg de carne por ha/año, cuatro veces más que los de menor productividad, en campos alambrado de por medio. O sea que la brecha no se explica por cuestiones agroecológicas sino por diferencias de manejo. Además, en el 90% de la superficie ganadera se producen entre 15 y 40 kg carne/ha/año, lo que marca el enorme potencial desarrollo existente”, planteó la Ing. Agr. Silvana Giancola, investigadora del Instituto de Economía del INTA, en relación al estudio “Causas que afectan la adopción de tecnología en la cría bovina en el departamento de Patiño, Formosa”.

La investigación es parte de un estudio que el INTA llevó adelante en varias regiones del país con el objetivo de mejorar el acceso a la tecnología. “Comparando con otras zonas criadoras, analizadas con las misma metodología, en Formosa se detectan las mayores brechas de productividad. Las de Patiño triplican, por ejemplo, las del Malezal en Corrientes; y la tasa de destete, de apenas el 44%, confirma el diagnóstico”, aseguró.

 

 

El estudio

 

201501 N°56 nota principal mapa Formosa.

 

 

El trabajo se hizo en el departamento Patiño porque cuenta con la mayor cantidad de cabezas de ganado de Formosa. “Hicimos foco en los criadores de 100 a 500 cabezas ya que representan el 40% del total de las existencias provinciales y hay conclusiones que pueden ser extrapoladas a todo el sector”, explicó la investigadora.

El primer paso fue pedir a profesionales púbicos y privados de la zona que identificaran las tecnologías críticas que permitirían aumentar la productividad. Entre ellas se detectaron el adecuado control del renoval, el apotreramiento, la disponibilidad de aguadas, la implantación de alguna pastura megatérmica, el ajuste de la carga, el estacionamiento del servicio en 3 a 6 meses, el entore de las vaquillonas a los 24/ 27 meses de edad, el diagnóstico de gestación, el destete tradicional a los 6/8 meses y el destete precoz en forma coyuntural. “Un campo armado con estas herramientas logra rindes superiores, aún cuando la mayor parte de los recursos forrajeros provienen del campo natural”, aclaró Giancola.

Posteriormente se convocó a los productores para indagar sobre los factores que influyen en sus decisiones a la hora de incorporar tecnología.  Para ello, se realizaron grupos de discusión de modo que expresaran espontáneamente sus opiniones.

“Uno de los problemas que salió a la luz es la escasez de potreros y aguadas, que además condiciona la adopción de otras prácticas relevantes. Por ejemplo, no permite ajustar la carga, a pesar de conocerse el impacto negativo de la sobrecarga. A su vez, la falta de suficientes forrajes lleva a prolongar el servicio y la edad del destete”, contó Giancola y aclaró que “la carencia de capital y las dificultades para acceder al financiamiento surgen como fuertes condicionantes para avanzar en infraestructura”.

Giancola resaltó que “los pequeños y medianos productores aluden a las limitantes para aplicar técnicas difundidas entre los inversores que llegaron en los últimos tiempos para criar y recriar en la zona. Sin embargo reconocen que, de la mano de este cambio estructural, el Gobierno de la provincia ha realizado mejoras en los caminos y la electrificación rural e implementado un plan de fomento para la actividad”. De cualquier modo, “se detectó la necesidad de contar con más asistencia técnica y comunicación por parte de agrónomos y veterinarios, tanto públicos como privados, con experiencia en la ganadería regional”.

 

Ing. Agr. Pablo Roggero

Ing. Agr. Pablo Roggero

 

En ese sentido, otro tema que surgió con fuerza es el desconcierto que sienten para controlar el renoval, que coloniza agresivamente los campos. “No es de fácil solución, el productor invierte y limpia pero, lo que hoy parece que se hubiera solucionado, al cabo de unos 4 ó 5 años vuelve a ser problema. Y esto realmente agobia al productor. Quienes vinieron de otras zonas tampoco le encontraron la vuelta”, dijo el extensionista Pablo Roggero, responsable de la Agencia de Extensión Ibarreta dependiente del INTA El Colorado.

“Hay muchas soluciones parciales pero el conjunto no es sencillo de implementar”, agregó. En algún momento hay que aplicar fuego y en otros químicos, herramientas mecánicas y rotaciones. Todo ello, según la historia del potrero, la dinámica del monte y las posibilidades que tiene el productor. “La cosa es compleja, no le podés decir hacé esto, ni hay una receta”, advirtió.

El extensionista reveló que “todavía falta investigación como para tener un mejor soporte en la toma de decisiones. Actualmente, estamos trabajando en conjunto con las empresas de químicos y fabricantes de maquinarias. Es un problema integral y nadie tiene la solución”.

 

El nuevo escenario

Para Roggero, en los últimos dos años hubo cambios en la actividad ganadera de la zona que refuerzan las oportunidades de producir más.

“El trabajo de consulta a los productores se hizo en 2012; eran tiempos de precios deprimidos y clima agobiante. Tuvimos diez años con largos períodos de seca: si bien llovían unos 500/700 mm anuales, mucha agua no penetraba en el suelo, se escurría, y con 10/12 grados más que en la pampa húmeda el déficit hídrico era importante.  Esto se vio reflejado en las opiniones de los productores, que estaban a la defensiva y no pensaban en invertir”, recordó.  Y planteó que “hoy, con mejores valores del ternero y el regreso de las lluvias, las expectativas mejoraron”.

El nuevo escenario también llevó a un mayor interés por participar de los grupos de Cambio Rural. “Hoy los productores están dispuestos a analizar, por ejemplo, porqué cierto manejo da buen resultado en un campo y no en otro. Además, a fines de 2013, hubo una decisión política de darle más oxígeno al Programa, algo muy importante porque con pequeñas modificaciones se puede lograr un gran impacto en la producción de carne”, señaló.

Finalmente, Roggero subrayó que Patiño cuenta con dos millones y medio de hectáreas ganaderas por excelencia. “Hoy en día no sólo hay mejores condiciones para que los productores locales incorporen tecnologías sino para que otros vengan a invertir. Hay que entender la zona, se necesitan conocimientos y capital, pero hay planteos de avanzada que ya están logrando altos niveles de eficiencia”, concluyó.

Por Liliana Rosenstein

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