11 de febrero de 2015 12:56 PM
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Una pésima buena noticia

¿Puede una noticia ser buena y mala al mismo tiempo?

 En la Argentina, país extraño si los hay, es muy probable. La información publicada en este diario días atrás señala que el año pasado las exportaciones argentinas de software superaron los mil millones de dólares y así fueron mayores que las de carne vacuna. Obviamente, debemos alegrarnos de que el talento nacional haya conquistado mercados foráneos no tradicionales en uno de los sectores más dinámicos y promisorios de la economía moderna.

Las exportadones de software fueron en 2014 mayores que las de carne vacuna.

Pero al mismo tiempo no puede dejar de señalarse el estrepitoso fracaso de la política ganadera de este gobierno. En el país de las vacas y las mieses, no hay en este momento el suficiente ganado y trigo para abastecer con holgura al mercado interno y conseguir, como en el pasado, las esenciales divisas que la Patria necesita para funcionar con normalidad. Nuestros vecinos del Mercosur que -como todo el mundo sabe- no tienen la calidad de los productos vacunos de las pampas, han aprovechado el hueco que dejó la prohibición morenista de las exportaciones y se perdieron clientes en el Primer Mundo. Es difícil imaginarse un contrasentido más aberrante.

Lo cierto es que seis años después de que el kirchnerismo se abocara a regular el mercado ganadero para “defensar la mesa de los argentinos” hay menos novillos que en la época previa. En el ínterin, cerraron varios frigoríficos en el interior del país, arrasando la vida cotidiana de poblaciones importantes. A la Casa Rosada parece no importarle. Da la impresión que la estrategia gubernamental se limita a trabajar para que no haya malhumor en La Matanza, acaso el distrito electoral clave del país.

Prominentes dirigentes rurales han señalado otra contradicción. Se negocia la apertura del mercado chino para nuestras carnes congeladas (lo que está bien), mientras brillan por su ausencia fronteras adentro los estímulos a la ganadería. Mejor dicho, no sólo no hay incentivos, sino que se mantienen las trabas a la producción, como el idiota impuesto a las exportaciones. ¿De dónde van a salir los novillos para exportar a Asia si los productores están liquidando vientres?

Lo que el gobierno debería entender -si no estuviera cegado por ciertas anteojeras ideológicas- es que el productor rural tiende a hacer lo que cualquier persona corriente, incluso un gobernante: hace lo que le conviene. Si el Estado con su tremenda voracidad fiscal determina que la ganadería no sea negocio en la Argentina mientras prospera en toda la región, el stock bovino será cada vez más chico. Para mal de todos.

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