16 de febrero de 2015 22:47 PM
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Innovadora apuesta por cultivar mostaza

CHILE : En 2011, Jaime Said y Sylvia Winkler importaron semillas de mostazas canadienses para probar de cultivarla. Tras 4 años, el proyecto prosperó y hoy fabrican salsas de mostazas. Pretenden seguir crecer a 10 hectáreas.

Cuando hace 30 años Jaime Said Handal llegó a Frutillar como un simple veraneante, se enamoró del lugar. Fue estableciendo distintos negocios turísticos e inmobiliarios, hasta que en el 2007 creó un vivero que actualmente tiene 140 hectáreas y que se especializa en plantas nativas, condimentos, semillas, arbustos y flores. Allí llegó a trabajar en el 2008, como gerente general, Sylvia Winkler, agrónoma de la Universidad de Chile y oriunda de esa ciudad sureña.

 

Sylvia Winkler reconoce que tiene una mente inquieta. Pronto comenzó a crear diversas mezclas de condimentos hasta que en el 2011 se le ocurrió que podría hacer una salsa de mostaza. Hasta ese momento lo que había en Chile era a partir de semillas importadas. Fue entonces cuando a Sylvia se le ocurrió que ellos podían cultivar las semillas de mostaza para fabricar esa nueva salsa. La especialista pensaba que era posible: el sur de Chile tiene el mismo clima mediterráneo lluvioso que los países productores de mostaza como Canadá, Francia e Inglaterra.

 

“Son especies que se pueden dar comúnmente en esta zona. No sé por qué nadie lo había hecho antes. La mayoría de la gente piensa que la mostaza es como la nuez moscada, que se da solo en un clima exótico, pero no hacen el click de que vienen de países como Francia e Inglaterra que tienen climas húmedos, verdes y no muy calurosos”, recalca Sylvia.

 

Said creyó en el proyecto y se decidió a importar las primeras semillas desde Canadá, para comenzar con una siembra experimental en 2011. Ese año Sylvia no pudo participar y en su ausencia, sembraron las semillas en forma de hilera, pero se llenó de maleza y cosecharon solo cerca de 20 kilos.

 

En 2012, la agrónomo retomó su proyecto e intentó con un método totalmente distinto. Cultivó las semillas en pequeñas parcelas ubicadas en distintas zonas. El objetivo era verificar en qué condiciones y tipos de suelo y de luz se daba mejor. Cuenta que sembraron igual como se hace con el trigo.

 

“Esta siembra es más tupida, por lo que es más adecuada, permite un mayor rendimiento por hectárea y menor incidencia de malezas”, explica Sylvia.

 

Los resultados fueron buenos: cultivaron solo una hectárea y cosecharon 800 kilos. También comprobaron que la semilla se dio bien en todas las zonas donde las plantaron.

 

Esa primera cosecha la transformaron en distintas salsas de mostazas, mezclándolas con plantas y condimentos, también cultivados en su mayor parte por ellos. Esa temporada vendieron cerca de 1.400 frascos. Sin embargo, como el producto todavía era desconocido, les quedaron cerca de 400 kilos de semillas, las que guardaron para la temporada siguiente.

 

Pero en 2013 no se repitieron la metodología ni los resultados. Se sembró solo media hectárea en octubre, un mes más tarde que en 2012. Ese año, además, hubo una sequía. Ello significó que la planta enfrentó escasez hídrica con muy poco desarrollo y las semillas resintieron la falta de agua. “Si hubiésemos sembrado en septiembre, probablemente el problema habría sido menor. Porque cuando se hace en octubre se requiere riego, si no, no”, dice Sylvia Winkler.

 

Lograron solventar la situación aplicando riego, lo que les significó obtener una cosecha de 300 kilos. Ese año vendieron el total de la producción que les había quedado y la de esa temporada, buena parte como salsas de mostaza, y otra como condimento y como sal con mostaza.

 

Desde el 2014 que las ventas han venido en aumento. Y, si bien han ampliado el cultivo, los resultados no están siendo positivos. Actualmente tienen tres hectáreas plantadas, pero esperan obtener solo alrededor de 300 kilos de semillas. “Se sembró tarde y además la semilla germinó mal y de manera dispareja. Hubo sequía en un momento en que el cultivo no estaba todavía muy avanzado”, asegura Sylvia.

 

Aún así están dispuestos a seguir adelante. Quieren aumentar su producción de salsa, pero para ello requieren crecer en superficie cultivada. Por eso, para septiembre de este año tienen planes de incrementar la plantación a unas diez hectáreas. Para esto necesitan buscar nuevos terrenos y deberán importar más semillas, al menos hasta que tengan una cosecha que les permita hacer su propia reproducción.

 

Tienen claro que todavía están adaptando la semilla que traen, por lo que eventualmente en el tiempo los rendimientos también mejorarían.

 

“Las semillas tienen que acostumbrarse a esta nueva tierra, ambiente y clima. Es un proceso largo de adaptación que cada vez va tomando más fuerza y, por eso, al principio la producción es menor”, asegura Jaime Said.

 

A medida que aumenten sus cosechas pretenden industrializarse “para ampliar la oferta de los productos a otros mercados”, recalca Sylvia Winkler.

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