17 de febrero de 2015 21:19 PM
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La aspiradora china necesita más granos

A pesar del crecimiento de la productividad agrícola en la República Popular, la expansión de la clase media incrementa la importación de soja y maíz que se utilizan como granos forrajeros.

El Consejo de Estado chino informó la semana pasada que las importaciones de granos, incluyendo soja, alcanzaron a 90 millones de toneladas en 2014 (eran 15 millones de toneladas en 2002). A su vez, las importaciones de trigo y arroz treparon a 19,5 millones de toneladas (un 33,8% más en 2014).

 

La cosecha de granos alcanzó el año pasado a 607,1 millones de toneladas (un 0,9% más respecto a 2013), en el onceavo año consecutivo de expansión. China importa granos no debido a la caída de la producción, sino como consecuencia de que la demanda supera incluso a la cosecha récord, y los precios domésticos son 30%/40% superiores a los importados.

 

Los granos locales cuestan U$S 64/U$S 128 más por tonelada que los del exterior, y los más baratos son los provenientes del continente americano (Estados Unidos, Brasil y la Argentina); y más del 80% de los granos importados se destinan a la alimentación animal (específicamente al ganado porcino y la industria ictícola). El alza de costos es el problema principal de la producción agrícola china, obra de su bajo nivel de productividad, surgido de las ínfimas extensiones de sus unidades productivas (menos de una hectárea promedio).

 

Esto ocurre mientras se acelera la migración del campo a las ciudades, que superará los 100 millones de campesinos entre 2010 y 2020, lo que disminuye la fuerza de trabajo rural y eleva la edad promedio. Los ingresos rurales han superado a los urbanos desde 2010 (11,4%/ 8,2% en 2014), y ascienden a U$S 1.580 per cápita. Aun así, sólo representan un tercio de los urbanos.

 

El extraordinario crecimiento de la producción agrícola (ha aumentado 11 veces desde 1980) se ha realizado a través de una sobreexplotación de la tierra disponible (sólo 7% del total mundial), con un uso de productos químicos y fertilizantes 70% superior al promedio mundial. Por eso, más de 40% de la superficie agrícola ha sido completamente degradada, tornándola inutilizable en amplios sectores.

 

De ahí que se impongan las reformas. China necesita desarrollar un sistema productivo capital-intensivo y de gran escala, de tecnología avanzada, capaz de utilizar los recursos con un criterio ecológicamente constructivo. Más de 40% de la producción se realiza ya a través de grandes unidades productivas en las provincias costeras y centrales, muchas con aporte de capital extranjero, que sería 60% en 2030.

 

La especialización de estas grandes unidades productivas en la industria cárnica y en los productos de alto valor agregado (frutas y hortalizas), hace que tiendan a crecer las importaciones de granos (soja y maíz). El punto de referencia de la nueva agricultura china no es ya la superación del pasado (pequeñas unidades de baja productividad) sino la agricultura de Estados Unidos, cabeza de la innovación mundial.

 

China importa cada vez más granos, ante todo soja y maíz, de EE.UU., Brasil y la Argentina; y aumenta al mismo tiempo el consumo de proteínas cárnicas, debido a la transición dietaria y al crecimiento de la nueva clase media, que ya abarca a la mitad de la población (unas 750 millones de personas ya están en esta franja). El resultado es que la República Popular, definitivamente integrada al sistema capitalista globalizado, ha definido su seguridad alimentaria no en los reducidos términos nacionales, sino ahora en los prioritariamente globales.

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