19 de febrero de 2015 00:01 AM
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Responsabilizan a sojeros y al gobierno cordobés por inundaciones

También a las gestiones de los gobernadores De La Sota y Juan Schiaretti por habilitar un nivel de desmonte que trajo como consecuencia desarreglos climáticos.
“Fue un tsunami que nos cayó del cielo” con esas palabras se lamentó el gobernador José De La Sota al tratar de definir la tragedia climática en su provincia, luego de que una lluvia inusitada que supera varias veces la media anual arrastrara vidas humanas y desaparecidos.
 
Pero “la culpa no es del cielo” aclaró rápidamente Raúl Montenegro biólogo de la Universidad Nacional de Córdoba. El profesional responsabilizó directamente al gobernador actual y a su antecesor, Juan Schiaretti, por el desastre no tan “natural”.
 
Según Montenegro, el fenómeno climático así como la mitigación natural que podría haber atenuado sus efectos se debe a un salvaje desmonte de bosques nativos autorizados por la provincia, para favorecer a los productores de soja.  Un cultivo en el que la misma provincia ponía recursos para financiar fondos de inversión públicamente.
 
El biólogo, premio nobel alternativo, aseguró que entre 1998 y 2002 se dio una destrucción boscosa en Córdoba que se acerca a los mayores niveles del mundo. Solamente en ese periodo se arrasaron cientos de miles de hectáreas para que los fondos de inversión en soja hicieran su negocio la conclusión fue una tasa de desmonte de -2,4%, un nivel alarmante.
 
Entre 2004 y 2010, continúa Montenegro, se desmontaron 269 mil hectáreas. Pero cuando la UNC y otras organizaciones sociales “hicimos un proyecto de ley de bosques para proteger a la provincia de esas tragedias, el gobierno impuso otro proyecto, ahora vigente, que protege en realidad a los señores de la soja”.
 
Para el biólogo, lo sucedido en los últimos días en Sierras Chicas y Villa Allende es solamente el comienzo, ya que ese desastre “anticipa tragedias mayores”. Por los desmontes, el ambiente nativo y en especial las serranías, carecen ya de protección natural para facilitar el escurrimiento de agua. “Córdoba es ahora una fábrica de crecientes rápidas y dramas previsibles”, alerta Montenegro.
 
Lejos de un “tsunami” celestial, la responsabilidad para el biólogo la tragedia cordobesa responde a “funcionarios más interesados en hacer campaña que gobernar, intendencias que no planifican y productores codiciosos”.
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