21 de marzo de 2015 22:44 PM
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Dos años difíciles esperan a la agricultura uruguaya

Luego de años favorables, el sector agrícola debe adaptarse a una situación nueva y desafiante

Todo venía como para que los rendimientos de los cultivos de verano compensaran un precio que se esperaba iba a ser mucho más bajo que en años anteriores. Pero el distanciamiento cada vez mayor de las lluvias lleva a que también haya un potencial de pérdidas que puede complicar en forma aguda a la agricultura uruguaya y también a su ganadería. Ya no es solo menor el precio, será menor el rendimiento de los cultivos.

Aún si lograra mantener una producción similar a la del año pasado, solo en soja Uruguay perdería US$ 560 millones en facturación por las ventas de la oleaginosa. Porque la facturación por exportaciones va a caer de unos US$ 500 la tonelada del año pasado a unos US$ 350 este año. Y eso determinará que la facturación por todas las ventas caiga de unos US$ 1.750 millones a US$ 1.190 millones.

Ese es un escenario que ahora queda como favorable y que seguramente ahondará en pérdidas y llevará a que las exportaciones de Uruguay en 2015 retrocedan significativamente respecto al año pasado.
Hasta hace unos días podía contarse con un descenso mínimo de la producción sojera de 3,5 a 3,4 millones de toneladas. Los productores están en vilo esperando las lluvias, tal vez este fin de semana, que salven a una cosecha que venía apuntando a romper récords pero que en el momento clave de llenado de granos se quedó sin agua y con temperaturas superiores a lo esperable en marzo. Pero al momento de escribir esta nota, las lluvias parecen muy escasas y limitadas al sur de Uruguay.
Los problemas  que desata  este faltante de producción y bajo precio es múltiple. Por un lado, para los productores que trabajan alquilando la tierra puede ser la diferencia entre ganar y perder. Y para muchos de ellos que perdieron con un invierno excesivamente lluvioso para trigo y cebada, enfrentar una nueva pérdida se vuelve extremadamente cuesta arriba.

El fenómeno tendrá un impacto regional porque, si Uruguay pierde, los demás países del Mercosur pierden más ante la baja de precios. Solo que esta vez, al revés de lo sucedido en 2012, la sequía arriesga menguar la producción uruguaya y no les ha tocado a los vecinos. Dos años atrás la sequía golpeó duro a los tres países vecinos, mientras que Uruguay se benefició tanto de los buenos rendimientos por  lluvias en enero, febrero y marzo, como de los altos precios derivados de la mala producción regional.

Ahora viene una fase de ajuste cuya magnitud dependerá en buena medida de las lluvias que puedan llegar en el fin de semana. Si este episodio de tormentas falla, el problema será más grave.
Pero en cualquier caso, yendo más allá de la coyuntura, la agricultura uruguaya enfrenta a un reto importante. Hasta ahora los altos precios y la suerte con las lluvias habían disimulado todos los problemas e ineficiencias y mantenido a la soja como el cultivo hegemónico sin discusión.

Ahora viene un ajuste fuerte del área sembrada con trigo en el otoño y seguramente con cultivos de verano en la próxima primavera. Y una discusión sobre los altos costos uruguayos.

En el caso de Brasil es posible, a través de la depreciación de la moneda, amortiguar el impacto de la baja de precios a los productores. En Argentina, finalmente los productores parecen ya estar mirando por encima de las urnas que esperan que en octubre dictaminen la llegada de un gobierno amigable para el agro. Paraguay resiste en base a costos que son menores a los de Uruguay, desde la energía a la mano de obra.

En el caso de Uruguay las herramientas para sortear este difícil período tienen que ver con la sinergia entre agricultura y ganadería, ya fueran vacas,  ovejas o sus crías, terneros, novillitos y corderos. Las rotaciones precisan períodos de pasturas para recomponer el suelo y cumplir con los planes que exige el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Son estos dos años aquellos en los que hacer agricultura es un alto riesgo con escaso margen esperable, los que a la vez tendrán un stock vacuno récord y abundancia de terneros y vacas para invernar.

Lo que sucede es que la caída de precios ganaderos se ha acentuado en el mes de marzo a niveles tales que también hacen dudosa la opción ganadera. Corderos para engordar casi no se encuentran y el ganado que se compra para engordar no se sabe a qué precio se venderá.
La soja en baja

 

Tras la baja del petróleo y la futura suba de las tasas de interés, nuestra hipótesis es que hay que prepararse para dos años en que los precios de la oleaginosa quedarán ubicados por debajo de los US$ 400 y posiblemente por debajo de los rendimientos de equilibrio para muchas empresas. Esto es así porque el resto del Mercosur tendrá una buena cosecha y porque el área de soja de EEUU no bajará en la próxima siembra.

Si resulta persistente la baja del precio del petróleo y se mantiene la cotización del dólar, en especial respecto a la moneda brasileña,  se cierra un círculo de desafíos para el precio internacional de los principales productos exportables que se traslada en forma transparente en lo local.

El problema es que los costos internacionales no se trasladan con transparencia. Los productores uruguayos deben pagar más cara la energía que los países vecinos y en la carrera de las monedas pierden en forma notoria con Brasil.

Así las cosas cabe esperar que durante 2015 se produzca un descenso importante en el área de cultivos de invierno, en particular trigo. Y que luego en la primavera se concrete la primera baja importante en el área de soja desde que la oleaginosa se instaló con fuerza en los primeros años de este siglo.

Pero la hipótesis de que los precios deben permanecer bajos durante dos años también apunta a que esta será la fase de baja del ciclo de precios y que luego las cotizaciones se recuperarán.
Una vez que el área de maíz y soja caigan, la demanda de China volverá a generar una baja en las reservas y los precios volverán a subir. Según The Economist Intelligence Unit, la suba más relevante se dará de 2017 en adelante hasta volver a los US$ 500 por tonelada en 2019.
¿La estrategia? Pasar estos dos años apostando a la ganadería, posiblemente comprando terneros a un precio accesible tras la cosecha de soja y recuperando materia orgánica y estructura en los suelos. Luego, cuando el rebote venga con un dólar más valioso que el actual, y con costos que ajustarán por las buenas o por las malas, estará de nuevo la oportunidad agrícola.

Uruguay tiene como gran ventaja la flexibilidad en el uso de la tierra entre agricultura y ganadería, pero precisa de una transmisión transparente de los precios y márgenes que se van generando.
Si el precio de exportación de la carne vacuna uruguaya se mantiene en los US$ 4.000 y los productores reciben desde esa referencia precios similares a los que tenían hasta 2012, la ganadería será el gran puente con que las empresas agrícola ganaderas sortearán el período difícil de dos años.

Si el ajuste es generalizado y  rígido, el sistema se verá sometido a presiones muy difíciles de soportar. Alto precio de la energía, subsidio al boleto, impuesto de Primaria, dólar retrasado respecto a los vecinos y al mundo, todo a la vez será muy difícil de soportar.

Si se aliviana la carga en estos dos años –un dólar más ágil y flexible, un combustible competitivo, precios ganaderos que reflejen el precio de exportación–, el Uruguay agrícola ganadero seguirá siendo un motor en el crecimiento y desarrollo. Pero estos dos años serán de resistencia.

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