9 de abril de 2015 13:05 PM
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Los avances tecnológicos generaron un aumento en la conservación de pasturas

Gracias a la adopción de nuevas tecnologías aplicadas en la maquinaria agrícola, la ganadería argentina gana año tras año eficiencia y calidad en carne y leche, a partir de un aumento en las hectáreas destinadas a la conservación de pasturas. En la última década el campo argentino ha experimentado una marcada competencia por el uso […]

Gracias a la adopción de nuevas tecnologías aplicadas en la maquinaria agrícola, la ganadería argentina gana año tras año eficiencia y calidad en carne y leche, a partir de un aumento en las hectáreas destinadas a la conservación de pasturas.

En la última década el campo argentino ha experimentado una marcada competencia por el uso de la tierra. El avance de la soja lo demuestra claramente. En ese contexto se enmarca la necesidad de hacer más rentable la hectárea ganadera. Esta realidad hizo que se impulse la adopción de tecnologías relacionadas a producir forrajes de alta calidad durante todo el año, permitiendo un aumento de la productividad.

Actualmente en el país hay dos formas de conservación de forrajes. La más antigua y tradicional es la henificación. Básicamente se refiere al segado (cortar), secado y empacado del algún tipo de pastura en especial de la alfalfa. La mas nueva es conocida como ensilaje relacionado al picado de maíz y sorgo para luego mantenerlo en el silobolsa.

Según un trabajo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en los años 90, el 80% del escaso silaje de maíz que se producía era destinado a la producción de leche, siendo poco significativo lo que se pasaba a la producción de carne. En los últimos años continuó creciendo la superficie picada para leche, pero acompañado de un fuerte aumento de las hectáreas destinadas a la producción de carne (feedlot); lo que indica una evolución hacia sistemas más intensivos de producción. A su vez, en este período, el silaje ha incrementado su participación en la dieta de un 15 a un 40% y su tiempo de uso pasó de 4 a 6 meses, para cubrir baches de producción estacional de forrajes, a todo el año.

En ese sentido los expertos del INTA, trabajaron muy fuerte como introductores de la tecnología nueva con el objetivo de que el productor adopte maquinarias más aptas a la actividad y que si bien eran cinco veces mas caras, éste a la larga permitió un aumento de la producción en un 20% de materia seca por año y de una mayor calidad en el heno con mas del 18% de proteína, lo que hizo que disminuya los costos de la alimentación.

De esta forma y en el caso del ensilaje, se observó que en la campaña 1993/94, se ensilaron unas 80.000 hectáreas de maíz y sorgo, de las cuales el 90% era picado grueso. Veinte años después, en la campaña 2013/14 se destinaron a silaje más de 1,5 millones con un récord de 1,6 millones en la campaña 2011/12.

Al analizar la maquinaria para tal fin, la Argentina se muestra a la par de sus competidores. Así lo aseguro el integrante del Programa Nacional Agroindustria y Agregado de Valor del INTA Manfredi, Federico Sánchez: “Las picadoras en su mayoría son las mismas que se ofrecen en países de la UE y EE.UU., lo que refleja la alta tecnología que estamos utilizando en el campo”,

En definitiva la ganadería argentina se pone a la vanguardia a la hora de implementar tecnología para suministrar a sus animales un alimento sobre la base de una mayor calidad a través del aumento de las proteínas necesarias para crecer en kilos de carne o leche por hectárea. Una valoración sin ecuanon a la hora de buscar no sólo un alto beneficio económico sino también con el objetivo de ganar en el mediano plazo mercados externos, gracias a mejora en la eficiencia productiva.

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