26 de abril de 2015 21:47 PM
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¿La producción al borde del abismo?

¿Cuáles son las economías regionales? ¿A qué se refieren los que hablan de ellas? ¿Hay una categoría, rubro, o tamaño que las determina?
La realidad muestra que, en realidad, todas son economías regionales (incluyendo las actividades centrales de la Pampa Húmeda) y tal calificación sólo parece ser un eufemismo que aludiría a rubros relativamente menores, a productores de escasa escala y, cuanto más alejados de Buenos Aires, mejor.

Pero lo cierto es que hoy, como nunca, se igualaron todos los rubros, todas las zonas, todos los tamaños y todas las actividades, y en prácticamente cualquier eslabón de la cadena productiva. Si bien las empresas más grandes tienen mayor capacidad financiera, no es menos cierto que también tienen menos flexibilidad, mayores costos, más cargas sociales y salariales, entre otros. Los más pequeños, por su parte, tienen menos capital para afrontar el más mínimo desfase.

 

Hoy, cualquiera de ellos está igualmente mal y por las mismas razones: la pérdida estrepitosa de la rentabilidad por una serie de cuestiones comunes, desde el ajo de Médanos en el sur bonaerense, o el de Mendoza; a la cadena vitivinícola, o al algodón del Chaco; a la fruticultura del Alto Valle, o a la caña de azúcar de Tucumán; a los citricultores mesopotámicos, o a los tamberos de cualquier zona, incluyendo hasta a los productores de soja del corazón de la Pampa Húmeda que arriendan. Al respecto, el último informe de Economía & Regiones indica que “a pesar de que el precio -internacional- actual de la tonelada de soja (u$s 350) duplica con creces a su precio anterior a la salida de la convertibilidad (u$s 150), la competitividad-precio efectiva del sector agroexportador se encuentra en los mismos niveles de 2001 (N de la R: cuando no había retenciones). Es más, de acuerdo con nuestras proyecciones, a fin de 2015 la competitividad- precio efectiva del sector agroexportador se ubicaría 11 puntos porcentuales por debajo del nivel de hace 14 años “, señalan.

Sin duda, la conjunción de fuerte aumento en los costos de producción internos (en dólares), la caída de los precios internacionales de los principales productos debido a la desaceleración y/o enfriamiento de la economía mundial, la creciente presión fiscal, el amesetamiento y hasta retroceso de la demanda interna que ya no puede traccionar para compensar la falta de exportaciones, la inflación creciente, las devaluaciones de varios países compradores (como Brasil y Rusia, entre otros) y el famoso “costo argentino”, que se incrementó fuertemente en los últimos meses, constituyen un cóctel explosivo para cualquier producción, más aún la agropecuaria que tiene de por sí las desventajas del clima, las inversiones de largo plazo y un tipo de cambio muy bajo por la quita que implican las retenciones en casi todos sus productos.

Para los que están más alejados de los grandes puertos y centros de consumo está, además, lo que se comenzó a llamar “el impuesto a la distancia”, por el muy alto costo de los fletes carreteros que sacan de mercado casi a cualquier actividad.

Hacer una enumeración de las crisis individuales de cada rubro no tiene objeto pues, en general, los problemas son exactamente los mismos, por supuesto que más acentuados en los casos donde la exportación tiene mayor peso. Es lo que sucede, por ejemplo, con productos sofisticados como los berries frescos que se tuvieron que reconvertir al mercado doméstico (los que pudieron), y casi se dejaron de exportar. En este grupo también se podría poner a la carne vacuna, ahora en un piso de exportaciones que ronda apenas el 7% , la leche, el trigo que perdió la mayoría de los 65 mercados que llegó a tener en los 90, etc.

La situación, que se viene alertando desde hace 2-3 años, se agravó sensiblemente en los últimos meses, lo que desembocó en una jornada de esclarecimiento de las entidades de la Mesa de Enlace en febrero, llamando la atención sobre la caída de la producción, el endeudamiento y la pérdida de fuentes de trabajo. A modo de ejemplos se citaban entonces a los sectores vitivinícola, peras y manzanas, tabaco, algodón, citrus, azúcar, ajo, trigo, maíz, leche, u ovinos, por citar sólo algunos.

Pero desde entonces, lejos de mejorar o atenuarse la situación de alguna forma, la mayoría de los indicadores empeoraron, sin que se registre reacción oficial. Hay que reconocer que tampoco los principales candidatos presidenciales informan lo que piensan hacer -y cómo- con la producción. Más allá de algunas consignas básicas (levantar el cepo, eliminar retenciones) nadie explica el proyecto, y la situación es acuciante para muchos que temen no llegar al año que viene.

En ese sentido, el titular de la Fundación Mediterránea, Jorge Vasconcelos, tras descartar una megadevaluación “que sería muy peligrosa”, destacó que “es una situación preocupante pues, si bien no falta tanto tiempo, desde el punto de vista de la caja de las empresas y del chacarero, estos meses que restan van a ser muy duros. El problema es que en la época de las elecciones, vale más la opinión de la ciudad que la del campo, ya que los votos están en las grandes urbes”, dijo.

También enumeró algunas medidas que podrían ser de adopción inmediata. “Hay paliativos, como las retenciones del 5% a la exportación que ahora representan una carga insoportable. Eso no tiene un costo fiscal grande, y cada vez se envía menos. Y lo mismo el tema sindical, que no es una cuestión sólo de salarios, sino también de fuentes de trabajo. Hoy la Argentina no está en condiciones de ser competitiva”, sentenció el especialista, ratificando lo que se ve a simple vista en casi todas las provincias.

Pero, como siempre hay margen para empeorar, el economista llamó la atención sobre “un problema adicional, porque hasta ahora la tasa de interés en pesos siempre estuvo cerca de la inflación y el costo financiero de las pymes no fue un problema tan serio, pero ahora con el cambio de escenario, al Gobierno no le alcanza con las reservas del Central, ni con la emisión, por lo que está empezando a secar la plaza de financiamiento, compitiendo con el sector privado. Esto va a hacer que suba la tasa de interés”, dijo.

Ante esto, los productores van tomando recaudos rápidamente, primero, en forma de recortes de gastos (incluyendo hasta insumos), y luego, directamente, en achicamiento de la producción, algo que ya se vio en la última campaña cuando quedaron miles de hectáreas vacías. En este caso, sin embargo, para el país puede significar además, la falta de oferta de cantidad de rubros y una caída adicional en el ingreso de divisas.

La situación, sin embargo, podría atenuarse rápidamente, y luego revertirse, adoptando algunas medidas de respuesta a los nuevos problemas (devaluación de países clientes y vecinos, presión fiscal, local, restricciones al comercio, etc.) en el marco de un plan general que de previsibilidad para las inversiones de mediano-largo plazo que requieren todos estos rubros productivos.

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