2 de mayo de 2015 00:28 AM
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Genética y biotecnología aplicadas a la ganadería

PANAMA : En la actividad, organizada por la Senacyt, se presentaron varios estudios desarrollados en Panamá. Incluso, uno de ellos generó una patente.

Al margen de si se consume o no productos cárnicos, es innegable que la industria ganadera suple de alimento a mucha gente, ya sea carne, leche o sus derivados. Es además, una actividad económica importante para los productores y para el país. Sin embargo, los animales son susceptibles a las condiciones ambientales, parásitos y enfermedades, esto plantea grandes retos para quienes los crían y para las autoridades sanitarias.  

La ciencia es clave para mejorar el rendimiento del ganado y que no haya riesgos para la seguridad alimentaria ni para la salud de la población. Las investigaciones en genética y la biotecnología permiten, por ejemplo, conocer más sobre los genes que confieren resistencia a ciertas razas de animales a las altas temperaturas y a las enfermedades, para que estén mejor adaptadas a un lugar. También ayudan a desarrollar vacunas y nuevos agroquímicos.

Estos fueron algunos de los aspectos tratados en el primer “Café Científico”, organizado por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), y en el cual participaron miembros de la industria ganadera, veterinarios y científicos.

 
El doctor Axel Villalobos, director del Instituto de Investigación Agropecuaria de Panamá (IDIAP), expuso el trabajo “Técnicas moleculares en investigación pecuaria”, y se refirió a la diversidad genética bovina en razas adaptadas de Panamá, los genes de resistencia contra enfermedades y el uso de la tecnología para el diagnóstico de las enfermedades que afectan a los animales.  

El investigador Marcelino Jaén, del IDIAP, habló sobre su estudio de “Validación de la sensibilidad a los químicos por la garrapata tropical del ganado bovino, Rhipicephalus (Boophilus) microplus, realizado en 26 fincas de Chorrera. Esta garrapata, mencionó, es importada de Asia y está muy adaptada a regiones tropicales y subtropicales de América. En Panamá es la principal que afecta a los bovinos. “Solo el 5% de las garrapatas está en los animales, el 95% está en el ambiente, por eso es muy complejo su manejo”, dijo Jaén.

Las garrapatas pueden afectar el crecimiento de los becerros e inciden en la baja producción de carne y de leche, esto lleva a pérdidas económicas directas. Se encontró que el uso de químicos como único control contra las garrapatas es insuficiente y acarrea un alto riesgo al ambiente y a la salud. Además, en los últimos años se ha visto la resistencia a los químicos que se usan, y se han elaborado antígenos vacunales, pero, recomienda el científico, hay que ampliar los estudios moleculares de diagnóstico de resistencia química y de enfermedades transmitidas por parásitos. Argentina Ying, investigadora de la Universidad de Panamá (UP), presentó el estudio “Vacuna para el tratamiento de la miasis causada por Dermatobia hominis” (tórsalo), en el cual colaboraron investigadores del Instituto de Biotecnología de la Universidad de Granada y de la UP. El tórsalo tiene un impacto en la actividad ganadera y en los humanos causa la llamada “enfermedad del viajero”, que puede aumentar a medida que crece el turismo ecológico. Este trabajo se enfocó en buscar nuevas estrategias de control, a través de una vacuna contra la miasis (que afecta órganos y tejidos). Se hicieron análisis proteómicos para identificar proteínas que pudieran servir para crear una vacuna experimental. También colectas de larvas y de suero de animales infectados y, mediante técnicas de espectrometría de masas, se identificó un péptido capaz de inducir una respuesta inmune protectora frente a las larvas de moscas causantes de la miasis producida por Dermatobia hominis, y este ha sido protegido bajo la patente WO2014 006262 A1. Esta es la primera patente de la UP y tiene potencial comercial. El estudio mostró que el uso de vacunas con péptidos sintéticos puede servir para controlar la miasis en bovinos y reducir el uso de insecticidas y fármacos que se acumulan en las carnes, contaminan el ambiente y pueden contribuir al desarrollo de resistencia de las larvas.

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