5 de mayo de 2015 12:48 PM
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Siguen creciendo la cría y el consumo de cerdo

CompartiremailFacebookTwitterDe a poco, mostrando un crecimiento sostenido de su producción en la última década, la carne de cerdo se está instalando en la mesa de los argentinos, históricamente afectos a consumir grandes cantidades anuales de carne vacuna. En la provincia de Buenos Aires se aprecia especialmente este aumento de la actividad porcina, ya que el […]

De a poco, mostrando un crecimiento sostenido de su producción en la última década, la carne de cerdo se está instalando en la mesa de los argentinos, históricamente afectos a consumir grandes cantidades anuales de carne vacuna.

En la provincia de Buenos Aires se aprecia especialmente este aumento de la actividad porcina, ya que el distrito concentra más del 25% de la producción de carne de cerdo del país y un 64 % de la faena total nacional. Además, el 90 % de los productores que generan esta actividad son considerados pequeños y/o medianos. Los datos son del ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense.

Según cifras de la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP) en el año 2002 los argentinos consumían tan sólo 1 kilo per cápita de carne fresca de cerdo y 3 kilos más de chacinados. El año pasado, en cambio, se terminó con un consumo de más de 10 kilos per cápita de carne y se mantuvo la cantidad consumida de chacinados.

En 2014, de hecho, la producción de este tipo de carne alcanzó su récord histórico, con un incremento del 6,1% interanual. El consumo, de un año a otro, lógicamente también aumentó: un 4,6%. Eso permitió alcanzar ese récord de una decena de kilos consumido por cada argentino.

DESPLOME DE LA IMPORTACION

Este aumento de la producción genera, como contrapartida, una disminución notable en la necesidad de importar el producto. Según las cifras oficiales del gobierno nacional, durante 2014 las importaciones del sector porcino se desplomaron el 34,9% en valores monetarios (unos 33,8 millones de dólares) y un 40,8 % en volúmenes (8,5 mil toneladas)

Es más: las noticias para 2015 parecen ser alentadoras. Un informe sectorial de la consultora IES señala que aquella alza interanual entre 2013 y 2014 se siguió ratificando en el primer bimestre de este año ya que la producción porcina se expandió un 7,5% y el consumo aparentemente creció un 7,1%, en ambos casos comparándolos con el mismo período del año anterior.

INCENTIVO

Para incentivar la producción, en Buenos Aires se viene implementando un Plan de Desarrollo Porcino que consiste en la entrega de 10 cerdas y un padrillo por cada asociación de productores. Es un préstamo en realidad, que deben devolver entre dos y tres años más tarde.

Según los datos de Agrarios, esto se desplegó en 102 municipios de la provincia e incluyó a unos 5 mil productores asociados. Además, se les facilita una máquina de molienda y mezcla, 8 toneladas de maíz (ambas cosas para alimentar a los animales), capacitación técnica y un software de gestión ara manejar la parte productiva y comercial de la actividad.

Aparentemente ha dado sus frutos, sumado al fenómeno de recuperación a nivel nacional: la provincia pasó de ser un importador neto de carne de cerdo de Brasil, porque se consumía más de lo que se producía, a lograr que esa relación sea de empate ya que se consume lo mismo que se produce.

“El fuerte incremento en la producción ya permite cubrir casi la totalidad de la demanda interna, lo que intensifica el proceso de sustitución de importaciones”, afirma el informe de IES en referencia la foto que arroja la situación nacional del sector porcino. En 2014 aquel récord productivo significó 442 mil toneladas y el consumo alcanzó 449 mil toneladas.

Esa casi paridad entre lo producido y lo consumido se reflejó, en el primer bimestre de este 2015, en una caída de compras al exterior de un 14% respecto al mismo período del año pasado, lo que en plata representa más de 5 millones de dólares

En Buenos Aires incluso existen centros públicos de inseminación en chacras experimentales (uno en Patagones y otro en Bellocq) en las que se realizan multiplicaciones genéticas para asegurar los animales que luego se entrega a los productores.

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