7 de mayo de 2015 11:58 AM
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Cunicultura, una actividad que perdura como legado familiar

Los secretos de un trabajo que se arraigó con los alemanes del volga. Los Wasinger, pioneros en Valle María Tweet

El Departamento Diamante, pero en particular la localidad de Valle María, estuvieron llamados a ser polos concentradores de diferentes actividades económicas.

 

Los primeros inmigrantes alemanes se asentaron en la zona dándole su impronta al lugar y con la misma convicción con la que dejaron su terruño pusieron manos a la obra. Siempre en tareas vinculadas a la agricultura, de todos los proyectos productivos el que más prosperó fue la cunicultura, la cría de conejos de angora para la posterior comercialización de su pelo.

 

La explicación de su sostenida evolución se explica por varias razones: el negocio permanece vigente desde hace más de 50 años debido a la pujanza de las familias que lo iniciaron como una forma de sustento. Otra de las claves es que para la crianza de los animales no se necesitan grandes extensiones de tierra ni tampoco grandes inversiones. Hacia 1985 se llegaron a establecer en Entre Ríos 800 criaderos, pero en la actualidad solo siguen en pie solo 40. Ese año se constituyó como el de mayor producción, rentabilidad y que ofrecía pelo de calidad, con características competitivas en el mercado mundial. “Se sigue produciendo, no como en los 80 y 90, ya que en aquel entonces llegaron a haber 800.000 conejos; ahora hay aproximadamente 30.000 animales. En ese momento se había instalado en Valle María una firma alemana y que contaba en ese país con una hilandería de grandes dimensiones, entonces podíamos exportar”, explicó a UNO el propietario de uno de los emprendimientos del rubro, Agustín Wasinger, asentado en la aldea distante a 36 kilómetros de la capital provincial.

 

El productor afirmó que el marcado descenso de la actividad responde a varios factores. Entre ellos destacó la caída del precio internacional del pelo de conejo. Al respecto comentó. “Hace 20 años no había tantas fuentes de trabajo como ahora. El tema del agro absorbe mucha mano de obra y hay muchos productores agrícolas que son arrendatarios. Los jóvenes que estarían capacitados para producir pelo de conejo son tractoristas, maquinistas, es decir trabajan como peones rurales”.

 

La pintoresca aldea lleva como una marca de nacimiento el ADN de los alemanes del Volga. Fueron los primeros pobladores que hace 135 años recibieron pequeñas porciones de tierra, aunque se les presentó una dificultad: tener disponibles solamente seis o siete hectáreas de campo hizo que muchos debieran recurrir a diferentes estrategias para salir adelante. Así, la cría de conejos de angora significó una iniciativa interesante y con el tiempo la posicionaron como una de las regiones de mayor producción y oferta a nivel nacional. “Cuando iba a la escuela primaria tenía que ayudar a dar agua en el criadero”, recordó acerca de una tarea que sus padres le inculcaron desde muy chico.

 

 

Un día en el criadero

No debe ser fácil imaginarse  al frente de un criadero de 1.000 conejos, los cuales deben tener un seguimiento y atención especial. Esa esa la realidad del establecimiento de la familia Wasinger, que perdura en el tiempo como una marca indeleble. El predio ocupa un espacio de 800 metros cuadrados y demanda a su propietario entre tres y cuatro horas de trabajo diario. “Está todo semiautomatizado, a diferencia de hace 30 años donde cada conejo tenía su batea de cemento donde se colocaba el agua y el alimento. Ahora se emplean canaletas o ‘chupetes’ como en las granjas avícolas. Mi movimiento económico está relacionado con la cunicultura, aparte de ser productor me dedico a ser acopiador, ya que la producción se industrializa en Argentina y no se está exportando pelo en crudo”, reseñó.

 

La reinserción de los productores en otras actividades económicas hizo que el negocio perdiera rentabilidad y no se abrieran nuevos criaderos. Esta situación de alguna manera explica los altibajos que tuvo la cunicultura en los últimos años.En cuanto a las características técnicas de la producción el cunicultor precisó que al conejo se lo esquila cuatro veces al año, cada tres meses, lo que equivale a un rendimiento anual por conejo de un kilo de pelo. “Con mis conejos produzco 1.000 kilos al año”, aseveró.

 

Si bien la cunicultura mantiene algunas tradiciones que la convierten en una tarea casi artesanal, muchas personas todavía se sorprenden por su vigencia en el tiempo. Wasinger lo explica de la siguiente manera: “No entienden que siga existiendo”, planteó. Pese a esta realidad, la tendencia marca que “es mayor la demanda que la producción, entonces volvió a ser medianamente rentable”.

 

 

La diversificación, una necesidad

Otras de las ecuaciones que marcó a modo de ejemplo el productor está vinculada con la relación entre el precio del alimento balanceado y el valor del kilo de pelo de conejo. “Hace 10 años con un kilo de pelo no se compraban 100 kilos de alimento balanceado y hoy porque el cereal está bajo, hace dos o tres meses, con un  kilo de pelo estás comprando más de 100 kilos de alimento balanceado”, analizó.

 

En ese contexto detalló que el kilo de pelo de conejo se está pagando entre 260 y 280 pesos, mientras que los 100 kilos de alimento tienen un costo de 130 pesos. “Para que sea rentable y que vivas exclusivamente del criadero tenés que tener más de 1.000 conejos. La mayoría de los productores tienen otro ingreso”, subrayó, aunque para graficarlo sostuvo: “Hay gente en el campo, donde el marido y los hijos siembran, trabajan ciertas cantidad de hectáreas de campo y el criadero de conejos lo lleva adelante la mujer. La rentabilidad y los ingresos son para ella”.

 

En el caso de los Wasinger, la familia se dedica en forma exclusiva a la producción, aunque tercerizan la tarea del esquilado. “Tengo 1.000 conejos, pero tengo dos remesas de 500 kilos para esquilar cada 45 días. Lo tengo dividido en dos tandas, la esquilo cada 90 días, pero cada 45 días esquilo 500. Hay personas que se dedican a esquilar”, manifestó.

 

Respecto del nivel de demanda confió que por el momento se puede colocar la producción. “Hace un año que se podría comercializar más de lo que se produce, aunque se producen altibajos donde cuesta ubicar la producción. Las hilanderías de Buenos Aires hacen su trabajo según la demanda de hilado, lo que implica que el circuito sea medio estacional. Cuando se ingresa a la temporada de vacaciones, uno sabe que se va a frenar la demanda”, advirtió.

 

 

Un mercado que intenta recuperarse

La realidad indica que el mercado cunícola de la producción de pelo de angora no atraviesa su mejor momento. Así lo reconoció el productor Agustín Wasinger, dueño de 1.000 animales en la localidad madre de la cunicultura. Es que desde su apogeo a mediados de los 80 hasta la actualidad, el negocio no ha podido remontar vuelo y se  evidencia un marcado descenso en la cantidad de productores dedicado a la cría.

 

De acuerdo a lo consignado por el entrevistado, en Entre Ríos solamente se mantienen en pie 40 productores, concentrados en su mayoría en el Departamento Diamante, mientras que el resto pertenece al Departamento Paraná. Vale mencionar que otros emprendimientos del mismo rubro se dedican a la comercialización de la carne del conejo, como una alternativa sustentable. En 2009 la Secretaría de Producción Animal realizó un relevamiento cunícola, destinado a contabilizar la cantidad de criaderos y las condiciones para ayudar al sostenimiento de los mismos. Se pudo establecer que había alrededor de 70 productores, con 1.000 conejos cada uno. Lo que se trató de implementar desde áreas gubernamentales es que los productores de pelo se reconviertan para dedicarse a producir carne de conejo, logrando un producto más competitivo y con mayor demanda.

 

Bajo esa misma lógica se instó a los cunicultores a trabajar en forma asociativa, aunque esa posibilidad estuvo lejos de concretarse porque no hubo forma de articular las diferentes estrategias de acción de cada uno de los productores. Está claro que el Gobierno buscó por todos los medios incentivar las actividades rurales no tradicionales y lograr en cada caso una mayor proyección. La cunicultura está en ese proceso.

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