8 de mayo de 2015 01:44 AM
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Chile con nueva política de incentivo al subsidio rural para evitar la migración desde los campos

Según datos proporcionados por el instituto Nacional de Estadísticas, INE, hace 100 años en Chile, el 56,8 por ciento de la población vivía en el campo; hoy, sólo llega al 13,4 por ciento.

Las cifras son preocupantes, pero, ¿qué se está haciendo para evitar esta migración y por qué ha sucedido? Para ello existen muchas respuestas, estudios y diversos planteamientos con medidas urgentes para mantener a la población viviendo en los sectores rurales y así evitar la consecuencia negativa de la migración campo-ciudad; sin embargo, la despoblación rural aumenta diariamente.

Uno de los factores más importantes para las familias es contar con una vivienda propia. Hasta el año 2012, el número de viviendas en nuestro país se incrementó en un 30%, llegando a 5,7 millones; con ello se logró reducir los índices de hacinamiento, pero no los problemas habitacionales que tienen las familias que viven en los sectores rurales.

Pero, ¿qué sucede que las familias prefieren optar a un subsidio habitacional en zonas urbanas y no en las rurales? y ¿qué hace poco atractivo el trabajo para las EGIS o entidades encargadas del proceso? 

Actualmente en nuestro país el subsidio habitacional rural beneficia a “familias chilenas que viven en condiciones de pobreza o vulnerabilidad social en zonas rurales, para construir viviendas sociales, en forma individual o colectiva en un villorrio. Si se postula individualmente el beneficio se puede aplicar a viviendas aisladas o para integrarse a asentamientos existentes que no tengan límite urbano. Si se postula en forma colectiva debe hacerse con un mínimo de 10 personas, organizadas en un comité de vivienda, grupos organizados con personalidad jurídica, personas constituidas en comunidad agrícola, afiliados a una corporación o fundación”.

Las personas se organizan y con mucho esfuerzo juntan los dineros para comprar un terreno en común; luego, para postular al subsidio rural deben hacerlo con el apoyo de un Prestador de Asistencia Técnica, que elabora y gestiona el proyecto habitacional; pero son muy pocas las EGIS que se interesan en ello, pues los costos son muchos y los procesos burocráticos, y no tienen ningún incentivo para trabajar en el sector rural. En el proceso comienzan las dificultades ya que se les exige a las familias un estudio de mecánica de suelo, que bordea los tres millones de pesos.

Para ver la factibilidad técnica de los terrenos deben analizar su densidad, los usos de suelo y su constructibilidad, lo cual permitirá saber si ese lugar es idóneo o no para construir un proyecto de vivienda social. 
Una vez que se tiene el ok para iniciar un proyecto, es la misma EGIS quien ayuda a las familias interesadas a negociar el precio de la propiedad con el dueño o la corredora de propiedades involucrada. Pero no se quedan ahí; la lista de tareas suma y sigue para estas empresas y cada día se interesan menos en el trabajar con ellos.

Por todas estas razones, presenté un proyecto de Acuerdo  que solicita a la Presidenta de la República, que a través del Ministerio de Vivienda, se analice y adecúe una nueva política de subsidio habitacional rural, para incentivar y dar más facilidades a las familias para acceder a este beneficio y evitar la migración del campo a la ciudad, donde hoy es más fácil acceder a una vivienda, y estimular a las EGIS y empresas constructoras, a trabajar en los sectores rurales.

El sistema falla cuando se trata del mundo rural, necesitamos “menos burocracia, más facilidades y permitir definitivamente la autoconstrucción”; una nueva política de subsidio habitacional rural para incentivar a la gente del campo a continuar viviendo allí, más facilidades en la construcción de sus viviendas y mayor cantidad de metros cuadrados, pues por lo general, las familias prefieren postular en la ciudad donde hoy, los procesos son menos engorrosos.

Tratar de mejorar las condiciones de vida es obligación de todos: gobernantes y gobernados, para evitar que los jóvenes busquen el camino de las grandes urbes, y no sólo ello, sino las consecuencias en el aumento de la pobreza urbana y la desocupación.

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