8 de mayo de 2015 18:31 PM
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Agro y calidad del agua

CompartiremailFacebookTwitterURUGUAY :   El tema de la calidad del agua siempre me interesó, como ciudadano y como profesional del sector agropecuario. Vi un impacto en los años 80 y 90 como consecuencia de la Política Agrícola Común en  Europa, que a golpes de altos precios (y altas dosis de insumos) forzó aumentos espectaculares en su producción […]

URUGUAY :   El tema de la calidad del agua siempre me interesó, como ciudadano y como profesional del sector agropecuario. Vi un impacto en los años 80 y 90 como consecuencia de la Política Agrícola Común en  Europa, que a golpes de altos precios (y altas dosis de insumos) forzó aumentos espectaculares en su producción pero al costo asociado, según dijeron y que llegó más tarde, de napas contaminadas, algas en ríos y playas, etcétera. Europa siguió produciendo intensamente, pero resolvió el problema de la calidad de sus aguas; nunca pude estudiar cómo hicieron, pero creo que esa es tarea clave para nosotros ahora.

 

Hace tiempo que en Uruguay aparecen llamados de atención, cada vez más alarmantes, que indican que nuestras aguas ven su calidad afectada: muertes de ovinos junto a las grandes represas, irritaciones de la piel en quienes nadan en los ríos, olor y color espantosos en agua de la canilla en varias ciudades, etcétera. Pero me preocupan también las reacciones que afloran y voy a explicar por qué.

 

La verdad es que sabemos muy poco, sobre cómo opera el complejo sistema de la Naturaleza. Daré un par de ejemplos personales. Tuve la suerte de pasar las vacaciones de enero con mi familia en una casita sobre la Laguna de los Flamencos Rosados (llamada por los locales Laguna del Barro), que queda justo antes de la patricia Laguna de José Ignacio. Es un paraíso para criar hijos chicos: árboles grandes, agua mansa, naturaleza tranquila. Con una beba de meses, se me ocurrió hacer una playita propia en la laguna frente a la casa y mandé traer un par de camiones de arena.

 

Recuerdo como si fuera hoy la inauguración de la playita: entré caminando al agua con la beba en brazos, frente a la mirada dulce de mi esposa: a los pocos segundos salí, con varias sanguijuelas prendidas en mis piernas. Todavía resuenan en mis oídos los gritos de mi mujer, y mi hija jamás tocó aquella laguna.

 

Luego de aquella vez, cada enero volvimos a esa casita y vi la evolución de esa laguna. Desaparecieron las sanguijuelas y aparecieron las mojarras pero jamás se crió una tararira; luego llegaron plantas subacuáticas y al siguiente enero llegaron las víboras de agua, que comían mojarras y nadaban bajo el agua; al siguiente enero habían desaparecido totalmente las plantas subacuáticas y también las víboras. Y así esa misma laguna, sin contaminación alguna, cambia radicalmente de enero a enero. ¿Qué fuerzas producen los cambios? Ni idea, pero los cambios son violentos y muy rápidos; no sabemos nada.

 

Otro caso que me llamó la atención muy recientemente: en un campo de mi padre, donde se trabaja desde siempre en campo natural, hay un tajamar bien al medio, con su cuenca totalmente cubierta por pastos naturales que jamás conocieron fertilizante ni glifosato ni nada que no sea agua y sol. Bueno, allí, en ese espejo de agua, vi las mismas algas que me preocuparon en el río Negro o en la Laguna del Sauce, y que desde que me conozco y veo ese tajamar jamás había visto. ¿Entonces? No sabemos lo suficiente. ¿Se multiplican las algas sólo por enriquecimiento en nutrientes de las aguas por la fertilización de cultivos o hay otros  elementos que pueden explicar las algas en el tajamar en medio de un campo natural intacto? ¿Controlar las cargas de fertilizantes en las cuencas arreglará el problema? ¿Total o parcialmente? ¿Pronto o dentro de décadas? ¿Quién puede contestar estas preguntas con certeza? Nadie, nadie tiene las respuestas científicamente comprobadas y demostradas para el caso de Uruguay. Entonces, ¿está bien tomar medidas violentas, como recortar el potencial productivo de decenas de miles de hectáreas –lo que nos empobrece a todos y habrá además que compensar, pienso yo– sin saber si eso ayudará o no, mucho o poco, ahora o dentro de tres décadas?

 

En mi opinión lo que hay que hacer, porque el problema está ahora y hay que atacarlo ahora, es colocar los filtros recomendados por los expertos que usan carbón activado para mejorar la calidad del agua potable ya. Eso es prioridad absoluta porque con la salud de la gente no se juega y sabemos que eso cuesta dinero hoy pero da resultados hoy. Un país con un presupuesto nacional de unos 12 mil millones de dólares anuales no puede andar demorando en poner filtros para limpiar su agua por algunas decenas de millones de dólares a financiar a varias décadas a muy baja tasa. Si no se hace esto, ya no entiendo más las prioridades de los uruguayos. En segundo lugar, y antes de tomar medidas impactantes a tientas y a locas, hay que estudiar, estudiar y estudiar. La solución verdadera de este problema a largo plazo estoy seguro que está en la biotecnología, tanto para reducir el nacimiento del problema como para corregir sus impactos adversos cuando ya se produjeron. Hay que estudiar primero y actuar después, y no al revés.

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