16 de mayo de 2015 00:06 AM
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Aportes biotecnológicos al agro

CompartiremailFacebookTwitterEl primer Café Científico del año organizado desde la ecretaría de Cultura y Extensión de la Universidad Nacional de La Pampa trabajó el debate sobre los “Usos tecnológicos en el campo pampeano”. Los invitados fueron Isabel Gigli, Lía Molas y Mario Calafat. El encuentro realizado en hall del Cine Amadeus fue organizado en diferentes ejes, […]

El primer Café Científico del año organizado desde la ecretaría de Cultura y Extensión de la Universidad Nacional de La Pampa trabajó el debate sobre los “Usos tecnológicos en el campo pampeano”. Los invitados fueron Isabel Gigli, Lía Molas y Mario Calafat.
El encuentro realizado en hall del Cine Amadeus fue organizado en diferentes ejes, desde los que se iniciaron los temas propuestos para debatir con el público. En primer lugar, la doctora Isabel Gigli explicó los usos de la “Biotecnología de la producción de la leche: desde el tambo a la industria”; luego fue el turno de Lía Molas con “Gramíneas forrajeras para regiones semiáridas: pasto varilla (Panicum virgatum)”, línea de trabajo investigada desde la Facultad de Agronomía y en donde se trata la “Selección de material genético con mayor tolerancia al estrés hídrico”. Por último, Mario Calafat habló sobre los “Nuevos eventos biotecnológicos para el agro: dudas y controversias generadas por patentes sobre secuencias genéticas y su implicancia en la Ley de Semillas”.

 

Biotecnología.
Como comenzó explicando Gigli, la Ley de Tecnología abarca áreas muy distintas:”Trabajamos en la aplicación de sistemas biológicos para modificar algún producto y darle un uso determinado. Allí se incluyen tanto aspectos de la salud como diagnósticos moleculares, el campo de agronomía y también en lo hidrológico porque se lo utiliza para descontaminar efluentes con el uso de bacterias”.
Como tema relevante, se detalló el proceso y las características de la leche sin lactosa: “El ser humano es el único que continúa tomando aun de adulto. Eso es así porque el intestino produce una enzima llamada lactasa, la cual funciona para compensar a la lactosa (el principal azúcar de la leche, conformado por una parte de glucosa y otra de galactosa). De lo contrario, la lactosa descartada del intestino sería reabsorbida y como sus capilares tienen la función de atraer agua, conllevaría a los síntomas propios de una persona intolerante a la lactosa.”

 

Tambo e industria.
Las poblaciones originarias americanas no consumían leche siendo adultos, pero, durante la colonización, el arribo de animales y lácteos incluyó los genes mutados que producen lactosa en la vida adulta. En la leche que se vende en la actualidad no se elimina la lactosa sino que se utilizan enzimas para desdoblar sus componentes. Esto desmiente a los comerciales, donde se vende la leche como fácil de ser digerida, cuando su utilidad real se basa en que también es apta para las personas lactosa-intolerantes.
Entonces, Gigli destacó que la cría de animales de manera sistemática fue de gran impacto: “Comenzó a notarse que era más fácil desarrollar una técnica para obtener semen utilizando animales de alto potencial genético por lo que se promovió la inseminación artificial, -actualmente habitual en todos los tambos-. También empezó a comercializarse el semen y luego a importarse. Después, la misma selección realizada en animales comenzó a aplicarse en células y para elegir las mejores se desarrolló la selección embrionaria (se fertiliza a la vaca productora con semen genéticamente bueno).”

 

Línea de trabajo.
A partir de los avances tecnológicos de 1970 y a partir del genoma bovino en el año 2004, el conocimiento sobre las secuencias que componen el genoma es muy grande.”Utilizamos toda esa información para encontrar variabilidad individual” aclaró la doctora. Y concluyó explicando que “desde la Facultad de Agronomía y junto a la sede del INTA Anguil se genera información del genotipo de las ovejas pampinta, para aportar al mejoramiento genético”.
A partir del año 2000, junto con ese genoma, se desarrolló lo que se llama microchip de ADN, que permite tomar una muestra en pocas horas y estudiar entre 50 mil y 700 mil variedades en simultáneo. Los genes que expresan las enzimas de la leche son polimórficos -es decir que hay genes distintos-. Hay animales que están asociados a una determinada producción de leche, por lo que se utiliza esa información para realizar una selección asistida por marcadores moleculares. Así, se estudian los tipos de genes para poder seleccionar los animales más productivos sin necesidad de obtener las muestras de una cría, un-proceso que tardaría seis años aproximadamente.

 

Estrés hídrico.
Lía Molas, por su parte, mencionó que “en biotecnología es complejo pasar de la teoría a la práctica y además, generar un impacto que realmente pueda ser consumido. Queremos contar el proceso que se inicia desde un conocimiento básico que podemos generar en el laboratorio, para que pueda ser transferido a una especie de interés (ya sea animal o vegetal), hasta llegar al trabajo de campo”. Los organismos biológicos tienen mucha variabilidad genética, por lo que resulta costoso pasar de la teoría al trabajo de campo. En ese sentido, la soja transgénica que se ha logrado, tolerante a la sequía, supera a una experiencia de la compañía Monsanto.
Ésta, vale aclarar, el año pasado sacó un maíz que resultó un rotundo fracaso. Aunque la estrategia para la modificación de genomas fue diferente, utilizaron un gen -que comúnmente se encarga de acompañar a las proteínas para protegerlas de la deficiencia hídrica-, para estabilizar el metabolismo (funcionamiento) celular y causar un mayor rendimiento. Pero ese proceso se extiende durante un tiempo relativamente prolongado, ya que no soporta sequías extremas sino moderadas. Finalmente, no tuvo buenas consecuencias, ante lo que tampoco es fácil encontrar divulgaciones con rigor científico sobre el tema. Asimismo, por parte de Monsanto, se publicaron resultados suficientes para descartar la posibilidad de inclusión de este proyecto en el mercado.

 

Pasto varilla.
En la Facultad se está trabajando en un pasto de verano que no es propio de esta región, se llama Panicum y la idea es tener una planta superadora de las condiciones áridas que presenta el suelo del sector. “Seleccionamos genotipos de semillas que germinan en suelos con muy baja presencia de agua, probamos aproximadamente cinco mil individuos y nos quedamos con cincuenta plantas que sí lograron germinar en esas condiciones, a las que llevamos al campo para poder probar la descendencia. Esto nos permitiría incluir una variedad local de una semilla importada”, finalizó.

 

Controversia.
Mario Calafat fue el encargado de tratar el controversial tema de una Ley de Semillas que conforme a todos. “Argentina no tiene una ley que proteja la patente del gen, por eso Monsanto comenzó a presionar a través de privados, como justificativo de un mayor rendimiento a un menor costo, ya que no se gasta en insecticidas. Esta controversia comenzó a darse en 2013 y no es visualizada por los grandes medios”.
Ante esa situación, el mayor rendimiento que aporta la soja modificada -cuyos resultados se encuentran solo publicados en ensayos de Monsanto-, funciona como uno de los aspectos positivos que muestran las semillas. Sin embargo, se observa que ese rendimiento no depende del uso del gen sino de factores como la resistencia a la sequía u otros que tienen que ver con el ambiente o características provenientes de la misma planta. En ese caso, la planta es la que ya existe y es utilizada por el criadero para aplicarle el transgen, para recién ahí obtener un mayor rendimiento.
“Argentina protege a los transgénicos con una Ley de Patentes, pero se refiere a la secuencia de gen y otras secuencias de ADN inventadas por alguien. La discusión comienza porque ese gen sin una variedad vegetal no tiene funcionamiento y a esa variedad no la diseñó ni la mejoró ninguna empresa. Entonces, lo justo sería pagar nada más que el precio del desarrollo del gen y sus derechos en la bolsa de semillas”, señaló el investigador.

 

Monsanto.
De la misma forma, Monsanto quiere que se pague el canon intacto del producto cosechado, eso es el derecho de las semillas que podrán volver a ser sembradas. “Aunque, biológicamente, cuando uno vende la semilla como grano, ésta se destina como materia prima, por lo que la patente no la debe proteger ya que la enzima sólo se expresa en la planta”, precisó Calafat.
Con las mismas intenciones, el contrato emitido por Monsanto se apropia de los derechos de las semillas al momento de la declaración y siembra para uso propio, -o sea que si se quiere volver a sembrar, se debe declarar a Monsanto y no al Estado-. Así como también al momento de entrega de esos granos al exportador o elevador del sistema, además de requerir la georreferencia de lotes al momento del contrato. Por último, el detonante de todo lo anterior que enfatizó Calafat es la capacidad comunicacional en redes sociales que posee la empresa, de las que hace uso para difundir los eventos que no consideran convenientes. (A.F.)
Alejandra Funes
Colaboradora.

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