19 de mayo de 2015 11:27 AM
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La liquidación de divisas sigue en el punto más bajo desde 2007

En las primeras 19 semanas del año la liquidación de dólares por parte de cerealeras e industria asociada acumula u$s6.964 millones. La cifra solamente es superior a lo liquidado en el último año de gobierno de Néstor Kirchner y es la más baja de los dos mandatos de Cristina Fernández.
La liquidación de divisas por parte de las empresas exportadoras continúa deprimida y en el punto más bajo de los ocho años de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, aún cuando en esta campaña se espera cerrar el ciclo agrícola con la mayor cosecha de la historia argentina: 115 millones de toneladas o incluso un poco más.
 
Las razones de la aparente contradicción pueden verse en dos aspectos que no se anulan mutuamente sino que pueden coexistir y potenciarse para que el ingreso de dólares al país sea menor aún. 
 
El primero es la caída de los precios internacionales de las commodities en general y de 120 dólares aproximadamente en la soja, el principal complejo exportador del país con el 28% del total de las ventas al mundo, casi 20.000 millones de dólares en 2014. 
 
A la baja de precios -en torno al 30% para la oleaginosa- se suma la menor venta de la cosecha por parte de las empresas agrícolas. Si no de todas, al menos del 20% que concentra el 85% de la producción total de soja y que se reduce a un universo de unas 8.000 empresas agrícolas grandes.
 
Entre el lunes y el viernes pasado, la liquidación de divisas informada por los exportadores fue de 746,5 millones de dólares, cifra que mejoró en un 11% respecto de la misma semana del año pasado. Pero el atraso en el nivel de liquidación de divisas durante las primeras 19 semanas del año sigue la misma tendencia con la que arrancó 2015.
 
Al día viernes los dólares liquidados por las cerealeras ascendió a 6.964,4 millones de dólares, unos 2.478 millones menos que el año pasado. Situación que lleva al atraso interanual a un número negativo del 26%. Y aunque la caída es más o menos equiparable a la caída de los precios internacionales, también se trata del ingreso de dólares más bajo desde que asumió Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2007.
 
Solo que la productividad del presente ciclo agrícola se verifica con rendimientos elevados, especialmente en soja, y los mayores volúmenes compensan pérdidas de precio a nivel internacional. Eso es lo que no se verifica cuando se contrasta con la liquidación de divisas, precisamente por la retención de grano por parte de los que tienen la espalda financiera para hacerlo.
 
Según analistas como Pablo Adreani de la Consultora AgriPac, las razones para que en plena cosecha se retenga la soja (algo que no sucedió el año pasado cuando la retención comenzó en julio y agosto) se entiende por dos vías: o el productor espera una suba de precio internacional o espera una devaluación. Si cualquiera de esas dos condiciones se diera, el que acopia soja ganaría más dinero que vendiendo ahora. De más está decir que si se dieran ambas, ganaría mucho más.
 
Adreani sostiene que el comportamiento de los sojeros de Argentina (al retener cerca del 27% de la soja producida) no dista mucho de lo que están haciendo sus colegas de Brasil. Allí se produjo una devaluación del real en torno al 25% en el verano, y habría una retención de cosecha del 48%. Situación similar se da en Paraguay. 
 
La conclusión para el analista es que de continuar la retención de la cosecha sudamericana hacia fin de año podría haber un stock de soja en la región en torno a los 73 millones de toneladas, justo cuando llegue la cosecha de los Estados Unidos que ya sembró el 45% del nuevo ciclo agrícola.
 
Si la cosecha norteamericana se da en condiciones normales (y no hay por qué pensar que no será así), el stock mundial por la retención de grano de los países del sur podría trasladarse a una nueva presión bajista en los valores y con caída de precio internacional, o por lo menos es lo que la racionalidad indica. 
 
En conclusión la “esperanza” de tener mayor rentabilidad dependerá más de una fuerte devaluación de las monedas locales que de factores de precios internacionales. Una apuesta arriesgada que ya no tiene que ver con situaciones agronómicas ni de precios internacionales sino de presiones políticas en el intento de forzar una decisión de política cambiaria para asegurarse una rentabilidad premeditada o perder en el intento. Nada de esto puede soslayarse en un año electoral.
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