23 de mayo de 2015 01:17 AM
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SIMPOSIO FERTILIDAD 2015 EN ROSARIO “Presente y futuro de la nutrición de los suelos”

Durante dos días los máximos referentes fertilización de cultivos debatieron sobre su incidencia en la agricultura argentina. Achicar las brechas de rendimiento y evitar la contaminación son algunas tareas a concretar.

Bajo el lema “Nutriendo los suelos para las generaciones del futuro”, la Asociación Civil Fertilizar y la sección Cono Sur del Instituto Internacional de Nutrición Agrícola (IPNI, por su nombre en inglés) realizaron durante 19 y 20 de mayo el Simposio Fertilidad 2015 en Rosario. El objetivo fue generar un ámbito de discusión ideal sobre la fertilidad de los suelos argentinos y el manejo nutricional de los cultivos considerando la intensificación productiva sustentable, en el marco del año internacional de los suelos dispuesto por la FAO (Oficina para la Agricultura y la Alimentación de la ONU).

Juan Martín Brihet de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires brindó un diagnóstico de la reposición de nutrientes en el país. Desde 2011 la entidad comenzó a realizar el Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (ReTAA), monitoreo que para la campaña 2012/13 indicó que la reposición fue del 54% en P (fósforo), del 25% en N (nitrógeno) y del 28% en S (azufre). Estos valores responden al análisis puntual de los cuatro principales cultivos de grano, bajo el modelo de “caja negra”, utilizando el balance entre los nutrientes extraídos en el grano cosechado y los repuestos al suelo por fertilización durante el ciclo del cultivo.

Analizado por cultivos, del total de fertilizantes nitrogenados, el 54% se aplicó en maíz, mientras que el 22% y 19% fueron para trigo y cebada, respectivamente. También destacó que tres de los seis cultivos relevados concentran el 95% de la aplicación de productos nitrogenados, siendo todos ellos cereales.

Respecto de la aplicación de P, el panorama cambia y el mayor porcentaje se observó en soja, con un 48% de aplicación del total de productos fosforados. Luego se ubicó el maíz con el 27% en este rubro, y detrás el trigo y la cebada, ambos con valores alrededor del 10% sobre el total aplicado. Sin embargo, las dosis de P es baja en todos los cultivos y aún tiene mucho por crecer.

 

Teoría y realidad

El Ing. Agr. Fernando Aramburu Merlos, del CONICET y la Unidad Integrada INTA Facultad de Ciencia Agrarias (FCA) de Balcarce, se refirió a las “brechas de rendimiento” (diferencia entre el promedio obtenido por los productores y el potencial según clima, suelo y tecnología) en trigo, soja y maíz. Lo hizo en base a un Atlas Mundial sobre el tema que realizan profesionales y organismos de varios países. Se trata de un avanzado sistema de modelación de cultivos y mapeo agroclimático usado para cuantificar cuánto alimento adicional puede ser producido al reducir las brechas entre el rendimiento promedio logrado por las proyecciones del rendimiento potencial que se define a partir del clima, genotipo y suelo para condiciones de secano.

Los rendimientos alcanzables para Argentina, en secano, fueron, respectivamente de 3,9, 5,2 y 11,6 ton/ha para soja, trigo y maíz, siendo las brechas de rendimiento de 1,2, 2,2 y 4,8 ton/ha para cada uno de esos cultivos, respectivamente. La brecha de rendimiento fue considerablemente menor en soja (31%), que en trigo y maíz (41%), esta diferencia se dio en todas las regiones.

Aramburu Merlos destacó: “nuestro análisis ha demostrado que la Argentina tiene un gran potencial para el aumento de la producción agrícola mediante el cierre de las brechas de rendimiento existentes, ya que los rendimientos reales son significativamente más bajos que el rendimiento alcanzable”.

Al respecto, el Dr. Gabriel Espósito -de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UNRC- enfocó su visión sobre el manejo nutricional eficiente para maximizar la producción de los cultivos. Compartió con los asistentes los resultados logrados tras comparar el rendimiento de la producción potencial de maíz en Río Cuarto (medida en un campo experimenta a cargo de personal de la Facultad) y la media alcanzada por los productores locales. En tal sentido expresó que existe una brecha entre el potencial y la realidad cercana a las 13 toneladas por campaña, principalmente influenciada por la limitante agua en su región. “Respecto de este tema en particular, no podemos dejar de lado que en nuestro esquema de alto potencial se lograron 21 kilos de maíz por mm de agua; contra los 9 kilos por mm que se alcanzan en la producción local”, indicó.

También habló de la importancia de una “fertilización balanceada” de N, P, S y Zinc para tener un mayor impacto económico. Incluso afimó que -para su zona- le da chances al cereal aún con los bajos precios del grano actuales. “A los valores de hoy, se necesitan 17.8kg de maíz para comprar uno de nitrógeno”, dijo, y explicó: “con una fertilización balanceada por cada kilo de nitrógeno consigo 22 de maíz, mientras que solo se logran 12 con un esquema desbalanceado”.

 

Agua y contaminación

Esteban Jobbagy -del Grupo de Estudios Ambientales de la Universidad de San Luis- se refirió a la “Sustentabilidad del agua y los nutrientes en nuestros sistemas agrícolas” y afirmó que Argentina, por ser uno de los países más planos del planeta, debe avanzar en un manejo oportunista de la oferta hídrica para disminuir el crecimiento de los niveles freáticos.

Al respecto, indicó que el desafío pasa por lograr un sistema de toma de decisiones dinámicas. “Si la napa está a 70 cm, deberemos inclinarnos por un cultivo de cobertura y soja; mientras que si oscila entre un metro y los 70 cm, hablaríamos de un ciclo largo de algún cultivo de invierno, sustentado en una fertilización dividida”, explicó el disertante. Y avanzó: “Con napas de entre 1 y 2.3 metros, podríamos ir por un ciclo intermedio de trigo, correctamente fertilizado. Por último y sin napas, habrá que avanzar hacia una soja de primera”.

En relación con el agua y la contaminación, el ingeniero agrónomo uruguayo Miguel Cabrera, quien desde hace muchos años trabaja en la Universidad de Georgia (EE.UU.) explicó como reciclar nutrientes, específicamente fósforo y nitrógeno, derivados de los excrementos de la cría de pollos y de los efluentes de los tambos. Señaló que uno de los principales desafíos para el uso de estos elementos es determinar la dosis correcta de aplicación teniendo en cuenta los requerimientos de nutrientes para un cultivo o forraje dado. “Son materiales con gran cantidad de nutrientes, entre ellos alto porcentaje de N, P, K, Zn, entre otros, que en grandes cantidades pueden ser tóxicos”,advirtió.

“Para evitar estos problemas, el manejo de estos abonos debe ser de tal modo que sólo se apliquen dosis para reponer la absorción de P de la que es capaz el cultivo. Cuando esta condición se alcanza en los suelos de la zona donde se encuentra la industria láctea o la cría de pollos para engorde, estos abonos deben ser transportados a otras áreas con necesidad de P, de manera de evitar estos problemas ambientales”, explicó Cabrera.

Otra amenaza relacionada con el uso de estos abonos son las hormonas sexuales y antibióticos que pueden contener y contaminar aguas superficiales o ser absorbidos por los cultivos o forrajes utilizados para el consumo humano o animal. “Sin embargo, el apilamiento del residuo durante períodos de entre 4 y 8 semanas, muestra reducciones significativas de hormonas como el estradiol y antibióticos”.

 

Cómo regularlo

En materia normativa, Esteban Hoffman, del departamento técnico de la Facultad de Agronomía del Uruguay, explicó los alcances del Plan de Uso y Manejo de Suelos en el país vecino, el cual es de carácter obligatorio y se inició con la siembra de cultivos de invierno 2013.

 

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Con medida. El uruguayo Miguel Cabrera, de la Universidad de Georgia (EE.UU.), se refirió al efluente de tambo (y la cama de pollo) y advirtió que deben usarse dosis para reponer la absorción de P de la que es capaz el cultivo para evitar la contaminación de napas o del forraje.

 

“Estamos en plena etapa de implementación, seguimiento y evaluación del plan instrumentado por parte del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Cada unidad productiva tiene un plan de producción a medida que asegura la preservación del mismo contra la erosión hídrica. Cada plan debe ser realizado y firmado por un ingeniero agrónomo acreditado a tales efectos, y que figura como responsable técnico del plan”, explicó el disertante. “Son los propietarios del campo los últimos responsables de dar cumplimiento al plan y existe una penalidad para los que no cumplen con esta disposición”.

En tanto, Jorge Bassi, Presidente de Fertilizar Asociación Civil, expuso los fundamentos por los cuales la entidad apoya el proyecto de ley para la Mejora de los Suelos Agropecuarios, que apunta a incentivar buenas prácticas agrícolas que mejoren el balance del carbono y de los nutrientes del suelo. “Vemos una degradación de los suelos y un estancamiento en la producción agrícola nacional, razón por la cual decidimos seguir discutiendo estos temas en los ámbitos técnicos, pero también en el político”, resumió.

Durante el encuentro se expuso que el proyecto de ley contempla, entre otras particularidades, una doble desgravación de ganancias sobre el costo del fertilizante. Además, se requerirá de un “plan de siembra” de tres años avalado por un ingeniero agrónomo, un detalle del uso de fertilizantes en la campaña en la cual se cierra balance y un análisis de suelo georeferenciado. “El análisis de suelo quedará en una base pública manejada por el INTA y servirá de respaldo para monitorear los resultados de la ley sobre la calidad de los mismos”, agregó Bassi.

El autor de la incitativa, el diputado nacional Luis Basterra (FPV), Presidente de la Comisión de Agricultura de la cámara baja, anticipó que el régimen de desgravación está contemplado por 10 años durante la cuales se intenta cambiar “la baja propensión a fertilizar que manifiestan los empresarios agrícolas en nuestro país”. Asimismo, explicó que hay un tratamiento especial para monotributistas y agricultura familiar, donde el Estado es el que debe suplir el fertilizante y el asesoramiento para su uso.

 

Reciclar minerales, otro desafío futuro

La Lic. María Antip, de la Asociación Internacional de la Industria de Fertilizantes (IFA), con sede en París, Francia, se refirió al desarrollo y proyección de la industria mundial de fertilizantes, anticipando el agotamiento de los yacimientos naturales y la necesidad de comenzar a reciclar los minerales usados en el campo y las ciudades.

Recalcó que las existencia de fertilizantes en la naturaleza no alcanza para cubrir la demanda actual de la agricultura y

vaticinó que el aporte de yodo, podría ser uno de los próximos éxitos de la industria de los fertilizantes, al igual que el selenio, ambos necesarios para disminuir las enfermedades de la población.

Por otra parte, remarcó que el reciclaje del fósforo es importante por los problemas que tiene su uso en exceso, pero también porque es un elemento no renovable. Vaticinó que hacia 2070 se terminará la roca fosfatada de EE.UU. y China, fecha luego de la cual quedará Marruecos como único proveedor mundial. “Será necesario entonces reciclar el fósforo que existe. Cuando esto suceda será más importante el reciclaje del fósforo del estiércol y otras actividades humanas. Actualmente, existen compañías que están tratando de hacer recuperación de nutrientes, haciéndolo con fósforo a partir de aguas servidas”, precisó.

 

 

El dato

Principio precautorio o manejo adaptativo

Frente a las demandas actuales que surgen desde la sociedad hacia la actividad agrícola, el especialista de la Universidad de San Luis Esteban Jobbagy propuso avanzar hacia un compromiso ambiental adaptativo. “Por medio de una visión estática hemos llegado a la propuesta del principio precautorio (comprendo, luego actúo). Es decir, se nos reclama conocer las consecuencias de las nuevas intervenciones agrícolas antes de implementarlas”, analizó. Y profundizó: “Interesante sería avanzar en una propuesta más dinámica, ligada al manejo adaptativo que reclama implementar las nuevas intervenciones agrícolas, en forma gradual y experimental, acompañándolas con mecanismos explícitos de monitoreo, análisis, comunicación y debate de sus impactos ambientales. Esta es la apuesta; y se apoya en la colaboración y la transparencia entre los actores del sistema”.

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