24 de mayo de 2015 01:31 AM
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El agro, sin mayores cambios en el corto plazo

CompartiremailFacebookTwitterA lo largo de su historia, Argentina ha sido un país centrado en la producción y exportación de materia prima. Alrededor del 6% de su PBI, y entre un 20% y el 25% de sus exportaciones, se explican por la producción primaria. La actividad agrícola pasó de contribuir con un 13% al PBI en los […]

A lo largo de su historia, Argentina ha sido un país centrado en la producción y exportación de materia prima. Alrededor del 6% de su PBI, y entre un 20% y el 25% de sus exportaciones, se explican por la producción primaria. La actividad agrícola pasó de contribuir con un 13% al PBI en los albores del 1900 a una media del 6% en los primeros quince años del Siglo XXI. Como sucede con cualquier otra economía, el desarrollo da paso con el tiempo a la producción de bienes y servicios más sofisticados. Es así como aparece la industria, una actividad que se destaca en general por sus mayores niveles de productividad, empleo, salarios y por ser un mayor contribuyente de bienestar que la actividad agrícola. Sin embargo, la agricultura y ganadería argentina han sabido adaptarse y encadenarse con actividades ligadas a la industria manufacturera, principalmente a la agroindustria y la industria de los alimentos.

En la última década, el sector agrícola se ha visto favorecido por distintos factores locales e internacionales, y la producción de soja se ubicó como la principal protagonista del negocio como consecuencia directa de un incremento de la demanda mundial impulsada, básicamente, por la región asiática. Así, las exportaciones de soja, que aportan al fisco el 35% de sus ventas, se han transformado en un factor esencial para que el país pueda financiar la compra de bienes de capital industrial, sostener la demanda interna de dólares y solventar el actual déficit energético.

Soja dependencia

La gran dependencia que la economía del país ha generado en torno a la soja es una muestra cabal de una debilidad que ya es histórica: su sumisión a los factores externos, en especial a las variaciones de precios. Por ejemplo, el precio del grano de soja ha estado en declive desde el año 2012 (cuando tocó un máximo de U$S 590/Tn.), para cerrar con un promedio de U$S 492 la tonelada en 2014, continuando con una tendencia a la baja en 2015 y ubicándolo en torno a los U$S 350.

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Con respecto a los cereales, el futuro tampoco parece ser promisorio. Según datos del FMI, en enero de 2015 el precio promedio para el conjunto trigo, maíz, arroz y cebada se ubicó en los U$S 240 la tonelada, cuando para 2013 y 2014 había sido de U$S 305 y U$S 250 respectivamente. Esta caída del 20% en el valor medio de los cereales en los últimos dos años, si bien no supera aún el derrumbe del precio de la soja que fue del 30%, ha dejado al sector de producción agrícola argentino y su industria de derivados en una situación expectante. En términos generales, la caída de los precios de la mayoría de los commodities agrícolas está explicada, entre otros factores, por la abundancia del grano y una cuantiosa oferta internacional en el caso de la soja, y por una menor demanda para la producción del combustible etanol en el caso del maíz, por efecto indirecto de los menores precios de los combustibles fósiles.

Qué esperar

Se estima que, por las recientes caídas en los precios de los granos, las exportaciones del complejo sojero, del maíz y el trigo caerán aproximadamente en un 23%, lo que hará perder al fisco alrededor de U$S 1.800 millones en la recaudación de retenciones respecto a 2014.

A pesar de los efectos adversos de la caída del precio de la soja y otros granos en la economía argentina en términos generales (dificultándose, por ejemplo, la importación de energía e impactando en las finanzas públicas), lo que ocurra con la producción de granos y sus derivados resultará crucial para entender cómo se desenvolverán las estructuras de los complejos cerealeros y oleaginosos en el futuro.

Tomando en cuenta la abundante producción mundial de soja durante 2014 y la aún mayor oferta estimada para 2015, en conjunto al comportamiento observado y esperado para los precios de los principales commodities agrarios (a los que podrían sumarse los energéticos, como el gas y el petróleo, que vienen sufriendo una importante merma en los precios por razones semejantes, y que podrían incidir por su interconexión en el resto de los commodities), no debe esperarse que la matriz de producción agraria de nuestra economía cambie de manera rotunda en los próximos años, sino más bien que ésta se mantenga en una situación de status quo.

Debe esperarse que maduren las tendencias de los precios internacionales de los principales commodities agrícolas, lo cual resulta determinante para las expectativas que manejan los productores, y lo que de aquí en más construya el gobierno en pos de mejorar su relación con el sector de cara a las elecciones de octubre. La devolución a los pequeños y medianos productores de parte de la quita por retenciones a la exportación de soja y otros granos es una estrategia que va en ese sentido ya que, en un contexto de caída de precios, mejora la renta y proporciona una pizca de incentivos a la producción, aunque adolece de limitaciones importantes.

Mariano Balestra  Vicedirector Ejecutivo de KPMG Argentina a cargo de Agronegocios

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