25 de mayo de 2015 00:23 AM
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Todos unidos, ¿triunfaremos?

Por Nelson Castro | El dilema opositor no es tan ajeno al del propio oficialismo. Massa presiona, Macri rechaza y Cristina divide y se protege.

 La fecha de cierre de listas para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) se acerca y las disputas dentro de la oposición se acrecientan. En el Frente Renovador (FR) acusan a Mauricio Macri de tener poca visión política o de ser funcional a los intereses del Frente para la Victoria (FpV). Se señala allí que esa actitud no hace más que dar aire a la teoría de que así, el oficialismo tiene la posibilidad de elegir su propio adversario que, obviamente, es funcional a su relato; es decir, que su contendiente representa a la derecha argentina, lo que le permite al kirchnerismo ubicarse en la vereda opuesta a fin de acunar, ante una eventual derrota, el sueño de Cristina Fernández de Kirchner de volver en 2019. Según la convicción que anida dentro del Frente Renovador, esa funcionalidad obedecería a un pacto tácito que le permitiría a Macri tener cierto apoyo del Gobierno en un ballottage contra Sergio Massa o Daniel Scioli.

 

Respecto a la diáspora que sufre el Frente Renovador, en su cúpula están seguros de que algunos de los que se han ido terminarán volviendo a último momento. Para sostener esta postura se apoyan en la evidencia del limbo político en el que están los últimos nueve que se fueron, ya que ninguno de ellos tuvo la bienvenida que esperaban se les diera en los otros partidos a los que emigraron. Un buen ejemplo de ello es Gustavo Posse, quien pasó de creer que sería el único candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el PRO a quedarse sin nada.

 

En la mesa chica que asesora a Massa existe la convicción de que él es el único que tiene chances de ganarle al FpV porque puede aglutinar el voto peronista. Esta posibilidad, reconocida por algunos a los que Macri escucha, genera discusiones intensas dentro de su entorno. En ese ámbito, por ahora están ganando los duros, que están llevando al PRO a cerrase cada vez más al acuerdo con el Frente Renovador. De ahí la nueva versión que corre, que señala a Marcos Peña como el nominado a la candidatura a vicepresidente. A Peña, actual secretario general del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se lo considera como un PRO puro y duro. Un funcionario que lo conoce muy bien asegura que “es un macrista de paladar negro y que dentro del partido hay quienes lo llaman ‘el brujo’”, epónimo que responde tanto a su visión política como a sus aciertos en los últimos pronósticos que le acercó a su jefe. Fue Peña quien, hace dos meses, le dijo a Macri que Horacio Rodríguez Larreta le ganaría a Michetti por 10 puntos, por lo que había que arriesgarse y apoyarlo sin medias tintas. Los resultados le terminaron por dar la razón.

 

A la luz de los números que, según las encuestas serias, cosecha el oficialismo, en el Frente Renovador observan con preocupación este proceso de ensimismamiento por el que atraviesa el PRO. Creen que ello ayuda a que Scioli pueda ganar en primera vuelta –algunos encuestadores le dan 40 puntos de intención de voto al día de hoy– y que si Macri no reacciona y acepta una gran PASO nacional que defina un candidato opositor que aglutine el voto contra el Gobierno, las chances de ganarle al FpV se verán seriamente comprometidas.

 

“El PRO definirá sus chances en un carrusel electoral de 15 días”, señalan desde el Frente Renovador. El futuro de Macri se juega en la Capital –donde, a pesar de la subestimación del macrismo, las encuestas muestran que Lousteau viene creciendo–, en Santa Fe –donde del Miguel del Sel es seguido de cerca por el socialismo– y en Córdoba (donde parece difícil arrebatarle un triunfo a Juan Schiaretti, el candidato del gobernador José Manuel de la Sota).

 

Desde las cercanías de Massa aseguran que tienen diálogo con las espadas peronistas que hay dentro del PRO, las que están de acuerdo con la idea de una gran PASO nacional que cristalice un candidato fuerte que aglutine el voto opositor. Pero por ahora Macri no escucha a otros que no sean Jaime Duran Barba o Marcos Peña. De uno y otro lado hay quienes mantienen la esperanza de que, ante el eventual crecimiento del FpV, a medida que se acerque la fecha de cierre de listas Macri acepte tejer algunos acuerdos, aun cuando ello significare que el Frente Renovador deba bajar algunas de sus pretensiones.

 

Funcionales K. Toda esta navegación por aguas procelosas en la que discurren las idas y venidas de la oposición, en la que mucho pesan los enfrentamientos personales y las vanidades, no hace más que dar aire a los sueños de la Presidenta de convertirse en la gran electora de su sucesor. La idea de potenciar la disputa entre Daniel Scioli y Florencio Randazzo va en esa dirección. La paradoja que habita en los entornos de estos dos contrincantes es curiosa: los dos hablan de poner fin a la confrontación y, a la vez, se echan pestes entre sí y se deprecian mutuamente.

 

Una elección reñida entre ellos sería el escenario ideal para Cristina Fernández de Kirchner ya que, al fin y al cabo, ella representaría la suma del poder. Ello da vuelo a su proyecto de prolongar su poder más allá del momento en que deje el Gobierno, el 10 de diciembre próximo. Tanto es su afán de poder que no se privó de hacer campaña a favor de Mariano Recalde, el alicaído candidato del FpV en la Ciudad de Buenos Aires, en la inauguración del Centro Cultural Kirchner. De ahí su abocamiento a la conformación de las listas de candidatos a legisladores en cada uno de los distritos.

 

Sobrevuela en la jefa de Estado el peso de la historia: en el peronismo, una vez que el candidato llega a la Presidencia, su lealtad hacia su predecesor se esfuma y se transforma en traición. Es lo que le pasó a Carlos Menem con Eduardo Duhalde y a éste con Néstor Kirchner. Es lo que Cristina Fernández de Kirchner no quiere padecer.

Producción periodística: Guido Baistrocchi, con la contribución de Santiago Serra

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