25 de mayo de 2015 01:55 AM
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Con variedades chilenas esperan devolver dinamismo frambuesa

La pérdida de productividad y la falta de una variedad específica para congelado llevaron al Consorcio Tecnológico de la Fruta y a la Universidad Católica a desarrollar nuevas alternativas que se enfoquen en necesidades específicas de la agroindustria y la agricultura familiar campesina. Así nacieron Santa Teresa, Santa Catalina y Santa Clara, que sobresalen por su tamaño y sabor

Por años, en Chile la heritage fue la reina de las frambuesas, llegando a ser el 80% de las plantaciones nacionales. Sin embargo, desde hace algunos años, la degradación del material genético y la proliferación de virosis ha impactado su productividad, la que en 2014 disminuyó en 18,36% respecto de 2013.

 

“Una planta de frambuesa debería dar fruta hasta los 8-10 años, y después de eso habría que comprar otra; incluso, los europeos las cambian cada dos años. En el país hay huertos que tienen entre 20 y 25 años”, asegura Sergio Maureira, gerente general del Consorcio Tecnológico de la Fruta.

 

Además es una variedad que si bien no está desarrollada pra congelado, su uso también está afectando a esas exportaciones. En 2014, se exportaron 32 mil toneladas versus las 37 mil toneladas del 2013, equivalente a un 13,5% menos.

 

“Nos dicen que las frambuesas chilenas son más chicas y tienen menos sabor. Entonces, la agroindustria necesita que le insertemos variedades con características que a ellos les sirvan”, dice Maureira.

 

Como una forma de devolver el dinamismo y recuperar la competitividad, el Consorcio Tecnológico de la Fruta junto con la Universidad Católica apostaron por desarrollar variedades nacionales enfocadas al congelado. “Estamos pensando que el productor tenga una mejor variedad para su negocio principal, que es el congelado”, asegura el ejecutivo.

 

Es así como dieron origen a las primeras variedades de frambuesas nacionales: Santa Teresa, Santa Catalina y Santa Clara.

 

“Tienen un componente que otras no y es que están desarrolladas bajo las condiciones agroclimáticas de Chile, por lo que no hay que probarlas como otras”, recalca Maureira.

 

 

Las Tres Santas

Son el resultado de siete años de trabajo buscando desarrollar variedades que pudieran superar los 3,02 gramos de tamaño de la Heritage y su acidez de 1,8%.

 

Lo consiguieron: Santa Catalina tiene un peso promedio de 4,20 gramos y una acidez de 1,2%; Santa Clara, llega a los 4,13 gramos y una acidez de 1,4%. Sin embargo, Santa Teresa es la que más expectativas genera, al alcanzar un tamaño promedio de 6,09 gramos y una acidez de 1,9%.

 

Otra buena noticia es que requieren una inversión y manejo agronómico similar al de las Heritage, con la ventaja de que su productividad es notoramiente mayor: el doble.

 

“Los principales problemas que enfrentan los agricultores chilenos con la variedad heritage son el decaimiento de la productividad, envejecimiento de los huertos y pérdida de la pureza varietal, por lo que las nuevas variedades son una buena oportunidad para mejorar en todos esos aspectos”, explica Ronald Bown, presidente de Asoex.

 

Lograr estos resultados significó una apuesta de alto riesgo, pues el proceso no siguió los mismos protocolos que tienen los centros de investigación a la hora de desarrollar nuevas variedades. Esta vez crearon un sistema de cultivos de macetas, reemplazando así el suelo, lo que les permitió simular más temporadas. Y resultó un gran acierto, pues les permitió desarrollar las variedades en la mitad del tiempo de lo que lo hace un programa normal. En cinco años lograron obtener las primeras selecciones avanzadas. Y hoy, dos años después, ya están apuntando a crecer comercialmente.

 

“No sabíamos cómo se iban a comportar las plantas en maceteros. Fue un riesgo altísimo, pero las innovaciones traen riesgo. El financiamiento fue de 300 millones de pesos en los cinco años, con un aporte del Estado del 75% -el 25% restante proviene de inversión privada-, lo que es otro logro, ya que la inversión fue mucho menor”, enfatiza Maureira.

 

Las nuevas variedades ya están registradas en el SAG, y para octubre esperan tener plantadas 10,5 hectáreas, que son parte de las pruebas comerciales que realizan desde la V a la VIII Región.

 

Su apuesta para obtener el éxito comercial ha radicado en no perder nunca de vista el alto componente social que tiene este cultivo: el 75% de la producción nacional de frambuesas depende de la agricultura familiar campesina.

 

“Si queremos que las frambuesas se expandan comercialmente, tenemos que probarlas en condiciones de usuarios Indap: O,7 hectáreas como máximo, con condiciones distintas de riego y cosechadas manualmente por la familia. Y como queremos que ellos salgan beneficiados, esperamos que el royalty sea lo más bajo posible y parecido al de las variedades protegidas que ya se venden”, dice Maureira.

 

Asimismo, el Consorcio Tecnológico de la Fruta está en proceso de proteger las variedades para exportar su genética. Si bien estas fueron desarrolladas con el fin de incentivar la industria del congelado, también han demostrado comportarse muy bien como fruta fresca.

 

“Dado el éxito que hemos tenido acá, nosotros tenemos preacuerdo o trabajo realizado con Europa, a través de Italia y España, Australia, Perú, México y Ecuador, para que trabajen la variedad con las plantas madres”, asegura Maureira.

 

 

 La Heritage no es mala

“La variedad heritage ha perdido calidad, pero eso no quiere decir que sea mala, sino que la que actualmente estamos cultivando en Chile no se da bien. Si tomo una heritage que está bien genéticamente y la planto en un buen terreno, deberíamos tener la misma fruta que teníamos hace 10 años. Por lo mismo, creo que la solución más rápida para el problema de la falta de materia prima que tienen los frigoríficos es cultivar nuevas plantas heritage. Esto no quita que también podamos probar y desarrollar nuevas variedades en paralelo”, asegura Antonio Domínguez, presidente de la empresa Nevada Exports

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