27 de mayo de 2015 14:48 PM
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La sojadependencia de la industria oleaginosa

CompartiremailFacebookTwitterLos cambios de tendencias en el negocio agropecuario, en especial la reversión de los cereales más típicos como el maíz y el trigo hacia la soja, no solo ha afectado a la producción primaria sino también a la de sus derivados, impactando de lleno en la actividad de los productores de harinas y aceites que […]

Los cambios de tendencias en el negocio agropecuario, en especial la reversión de los cereales más típicos como el maíz y el trigo hacia la soja, no solo ha afectado a la producción primaria sino también a la de sus derivados, impactando de lleno en la actividad de los productores de harinas y aceites que reciben el grano y lo procesan.
La contribución de las oleaginosas en la producción total de derivados ha ido en aumento de manera sostenida, básicamente en la última década en la que la producción de harinas y aceites derivados de la soja han incrementado sus niveles a una tasa media anual del 3% (con importantes excepciones en los bienios 2005-2006 y 2010-2011, donde la producción de estos derivados creció en una media de 16% y 9% respectivamente) y su participación en más de 3 puntos porcentuales (en relación al total de derivados).


De hecho, un dato crucial es que los subproductos y aceites obtenidos a partir de oleaginosas han explicado en un 95% el crecimiento experimentado por la producción total de derivados en la industria alimenticia durante igual período. Estos derivados son los que más dinámica de crecimiento han mostrado, siendo también los que han modelado el comportamiento del total de subproductos generados por los complejos cerealeros y oleaginosos en los últimos años.


La tendencia tiene sustento en la situación de que las empresas que procesan los granos y le añaden valor han estado sustituyendo de manera creciente la producción de harinas y aceites basada en maíz y trigo por las derivadas de la soja. Este proceso de sustitución de granos para el crushing no solo encuentra asidero en los incentivos que los productores de derivados pudieran hallar en la abundancia del grano y los mayores precios de exportación (empujados por el incremento sostenido que vino observándose para la soja en la última década), sino también en los mayores costos que comenzaron a observarse para el resto de los cultivos, producto de su menor ritmo de siembra y evidente escasez.


Un claro ejemplo de esta reversión es el caso de las empresas aceiteras. A partir de estadísticas recolectadas por la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), puede apreciarse que del total de la capacidad de producción teórica diaria instalada en esta industria, el aceite de soja toma la mayor parte, representando alrededor del 70% de ésta en 1997 y más del 90% en el último año.


La elevada inserción de la soja en el entramado de producción, en conjunto con la reciente evolución del precio de los granos y la injerencia del estado en su exportación (principalmente debido a la recaudación del 35% en concepto de retención), ha decantado en un foco de conflicto que ha puesto en jaque a la molienda y productores de aceite por igual. Entre otras varias razones, los productores de materia prima (granos), observando el comportamiento de los precios internacionales y teniendo en cuenta las deducciones impositivas, están negándose con mayor frecuencia a colocar su producción tanto en los mercados locales como internacionales. Si a ello se suma la escasez de otros granos y los mayores costos de procesar trigo y maíz, el coctel resulta nocivo en extremo para el sector. Un escenario a tener en cuenta para las próximas autoridades.

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