2 de junio de 2015 07:16 AM
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El desafío de transformar maíz de Río Cuarto en electrones

La empresa generará un megavatio, capaz de alimentar la demanda de 800 viviendas, a partir de mediados de mes. Requiere 500 hectáreas de la gramínea para poner en marcha el proceso

Desde la calle externa a la planta, donde se logra divisar el cartel de Bioeléctrica, las estructuras que se suponen de almacenamiento, caños conectores y una gran montaña marrón de fondo con maíz picado, resulta complejo imaginar cómo un lote de maíz puede llegar a convertirse en un electrón que recorra tendidos eléctricos. El desafío de imaginar el recorrido hasta puede parecer fantasioso para quien no conoce demasiado de procesos industriales y de producción energética en particular.

Sin embargo, es exactamente ésa la transformación que en ese predio se realiza, lo que califica a la empresa como la única en el país en llevar adelante la tarea de producir electricidad de este modo.

Y después de algunas demoras, los directivos estiman que en 15 días más podrían estar despachando por primera vez. La planta, en realidad, ya está lista para ponerse en marcha, pero le restan algunas acciones de seguridad que requieren la supervisión de Epec, aunque creen que pronto estarán listas.

Curiosamente, el proceso comienza con la siembra de maíz, pero con una finalidad diferente de las que habitualmente se mencionan. No será la exportación de grano el objetivo. Tampoco la de alimentar pollos, cerdos o vacas, ya sea en un feedlot o en un tambo. Aquí hay otra idea diferente de agregado de valor que permite reemplazar combustibles fósiles como los que utilizan las históricas usinas termoeléctricas. Allí el gasoil o el fuel oil son materia corriente cuando el gas natural se vuelve un bien escaso.

En el caso de las centrales de biomasa, el maíz del campo se cosecha antes de tiempo, cuando el grado de humedad alcanza el 30%. Se pica toda la planta y se lo almacena. Eso será la materia prima del proceso. Para Bioeléctrica, que produce un megavatio por hora capaz de alimentar con electricidad a unas 800 viviendas, se requieren 500 hectáreas de la gramínea, una extensión pequeña si se tiene en cuenta que en la provincia se sembró 1,547 millón de hectáreas en la campaña que está llegando a su fin. Que a su vez mostró un recorte del 25% en la superficie con respecto al ciclo anterior.

Detrás de esa decisión de destinar menos suelo al maíz está la ecuación económica que arroja el cultivo este año. El maíz tiene elevados costos y el retroceso de su precio internacional -como el del resto de las commodities- terminó de decidir a muchos productores a cambiar de planes. La soja, con todo lo que ello conlleva en materia de sustentabilidad, siguió ganando terreno.

A modo de proyección, se estima que con sólo 30 mil hectáreas de maíz podrían funcionar 60 plantas como la de Bioléctrica, que cubrirían el 5% de la demanda provincial de electricidad. El requerimiento promedio de Córdoba es de 1.200 megavatios por hora.

 

Revertir el uso de la tierra

En ese punto, el emprendimiento de Bioeléctrica también propone un cambio. Es que representa una nueva demanda que puede ayudar a modificar en parte la ecuación.

Marcelo Otero, titular de la empresa, explica que la producción de maíz en la Argentina supera ampliamente el consumo y es estratégico no exportar granos. “Tendríamos que lograr tener una hectárea de gramínea por una de oleaginosa. Somos el sexto productor mundial y el segundo exportador de maíz”, señala Otero mientras camina hacia la montaña del cultivo picado que supone el inicio del proceso.

“En definitiva, lo que hacemos es transformar ese maíz en un electrón”, sintetizó el directivo de la empresa que a mediados de mes comenzará a despachar energía eléctrica.

El desafío tiene una serie de pasos a través de sofisticados equipos, en su mayoría importados de Alemania, cuna de esta producción en el mundo. Allí, hay unas 900 mil hectáreas de maíz destinadas a estas usinas que generan 2.500 megavatios, lo que representa el doble del consumo de la provincia de Córdoba. Aquí, Bioeléctrica está haciendo punta en la Argentina y eso siempre implica un mayor tiempo en alcanzar los objetivos, lo que redunda en más costos. Por ejemplo, hay una tabla mundial que establece que para producir un megavatio térmico es necesario invertir 1 millón de dólares; para generar lo mismo con energía eólica hay que destinar 2 millones; mientras que para hacerlo con una empresa de biomasa se requieren 3 millones.

Aquí la inversión estiman que superó un 50% los cálculos originales. En ello tuvo que ver mucho el tiempo porque debía estar lista en 18 meses y desde febrero de 2013 en que se comenzó a trabajar en el terreno, ya pasaron 29. Buena parte de esa demora tuvo que ver con motivos externos a la gestión.

Pero después de superar las últimas exigencias por parte de Epec, vinculadas a la seguridad, la empresa comenzará a despachar energía.

 

Del suelo a los cables

El proceso, que como se dijo comienza con el maíz triturado, continúa en una mezcladora que incorpora al material orgánico, estiércol de los tambos de la zona. Las bacterias mezcladas con la planta de maíz terminan generando gas metano. En total, ingresan al proceso unas 52 toneladas diarias. “Van como a un gran estómago que recibe 4,2 toneladas cada dos horas del maíz triturado a través de una pala y 6 mil litros de los desechos de los tambos que aportan las bacterias necesarias”, explicó Otero. Esa mezcla permanece durante 40 días dentro del proceso para generar el gas, surgido a partir del consumo de la materia orgánica que realizan las bacterias. Todo eso permanece a unos inalterables 51 grados, que es donde mejores resultados se generan, mientras una gran paleta interna se encarga de mover la mixtura. Esto se produce dentro de lo que Otero denominó un “estómago”, que es un gran silo con capacidad para 4,7 millones de litros y unos 20 metros de alto.

El proceso industrial avanza y por ser un circuito cerrado no hay efluentes ni desechos. Hay sí un subproducto de la generación eléctrica que es el biofertilizante, que vuelve a los campos para que los suelos recuperen su potencialidad. A su vez, el agua, surgida del enfriamiento del metano y la condensación, regresa al comienzo en un sinfín.

Finalmente, el metano llega al motor generador de energía, importado de Alemania. De allí, el electrón comienza a viajar por los tendidos eléctricos.

La intención es despachar la producción al sistema interconectado nacional, aunque en un primer momento se entregaría de manera directa a la planta de la productora de etanol Bio4, ubicada a escasos 200 metros. Eso le permitiría a la etanolera cubrir el 25% de su consumo.

“Para eso estamos esperando terminar los trámites con Epec, con cuyos técnicos especializados trabajamos para cerrar los últimos detalles de la puesta en marcha. Una vez que eso esté concluido comenzaremos a operar plenamente”, remarcó Otero.

Como Bioeléctrica es la primera de su tipo en el país, los directivos explican que es necesario no dejar lugar para errores. Por eso, además de la asistencia y la supervisión local, todo el equipamiento alemán contó con el monitoreo de especialistas de ese país que viajaron para controlar cada detalle.

Otro punto no menor del funcionamiento de la usina es que en la composición societaria está la participación de un sindicato: el de Luz y Fuerza de Villa María, de gran experiencia en la generación eléctrica. El gremio opera, por ejemplo, la planta 13 de Julio de Río Tercero a través de Generadora Córdoba SA. También fueron auditores durante el proceso de puesta en marcha y prueba de la planta.

“Para nosotros contar con ellos fue fundamental por su gran experiencia en esto, y en particular cuando realizaron la auditoría integral. Fue muy importante sortear ese paso”, indicó Otero, quien adelantó que la experiencia de Bioeléctrica buscará ser replicada en otras partes de Córdoba incentivando la participación de los productores.

Gonzalo Dal Bianco

Fuente:

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