8 de junio de 2015 12:51 PM
Imprimir

Alternativas agrícolas para enfrentar el cambio climático

CHILE : El alza de la temperatura implica que habrá menos lluvias en las zonas áridas y más en las húmedas. Para lidiar con las nuevas realidades se vuelve clave incorporar tecnologías y utilizar las ya existentes como siembra directa, cosecha de lluvias, aplicación de limo para evitar la deforestación

Uno de los impactos del cambio climático es la modificación en la disponibilidad de agua. Sequías y lluvias más intensas serán, o más bien ya son, la tónica en lo que al recurso hídrico se refiere. E, inevitablemente, el agro es fuertemente golpeado por estos cambios. Tanto, que en una reciente reunión entre representantes de la Unión Europea y la FAO, en Roma, los expertos solicitaron expresamente incluir a los agricultores como parte activa en la lucha contra el cambio climático.

Dimensionar el impacto del cambio climático para el agro pasa por entender cuáles son los distintos fenómenos que pueden tener consecuencias, explica Josef Schmidhuber, jefe de la Unidad de Estudios de Perspectiva Global de la FAO, especialista en temas relacionados con agricultura global y el impacto del cambio climático en ella.

Uno de ellos es el alza de la temperatura, pero su impacto puede ser positivo o negativo según la zona. “Un alza entre uno y dos grados, dentro de los promedios globales, en una latitud alta, sería un escenario de efectos no tan complejos, ya que se daría en zonas donde las temperaturas bajas han sido tradicionalmente una limitante para la agricultura. Por ejemplo, en zonas Canadá, Rusia, Europa del Norte o el sur de Chile y de Argentina se podrían beneficiar. Este impacto positivo compensará los negativos en latitudes más bajas como el sur de África”, explica el experto, quien vino a Chile para participar en el capitulo chileno del proyecto MAPS, iniciativa internacional que busca proponer acciones eficientes y efectivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y avanzar hacia un desarrollo nacional bajo en carbono, donde expuso sobre “El futuro de la agricultura y silvicultura: combinando mitigación y adaptación”.

De ese cambio de las temperaturas se derivan también otros fenómenos como lo que está ocurriendo con las precipitaciones, que ya no caen en las fechas ni en los volúmenes usuales, situación que se está manifestando fuerte en el país. Pero, contrario a lo que pudiera pensarse, esto no significa necesariamente menos lluvias, sino incluso aumento de estas y la presencia de eventos extremos. “Cuando se piensa en cambio climático, se piensa en sequías, pero la realidad es que habrá más lluvias. Cuando las temperaturas se elevan, hay mayor evaporación, y el agua que sube, vuelve a caer. Sin embargo, la diferencia es que su distribución será muy concentrada. Entonces, las tierras áridas se volverán más áridas, y las tierras húmedas, lo serán aún más”, comenta.

Además de los cambios de volúmenes, también se ha alterado la distribución a lo largo del año, por lo que cualquier planificación se dificulta y el resultado es que comienza a haber menos producciones.

“Aunque pareciera que tener más lluvias podría ser positivo, es negativo. Por ejemplo, se predice que Alemania tendrá más lluvias en el invierno, pero luego largos períodos de sequía en primavera y verano, que es cuando se necesita la lluvia”, comenta.

Una manifestación clara de esto en el país es lo que está ocurriendo en el sur, una zona tradicionalmente lluviosa, al punto que ni siquiera cuentan con sistemas de riego. Sin embargo, en los últimos años los veranos se han caracterizado por una decreciente cantidad de lluvias que hizo crisis este año cuando los ganaderos no pudieron cultivar forraje para los animales y tuvieron que usar las reservas que tenían para el invierno. Pero las lluvias llegaron atrasadas y con tal intensidad que han provocado importantes inundaciones desde La Araucanía al sur.

A partir de aquí surge otro fenómeno que hasta ahora ha sido poco observado, pero que puede tener un alto impacto en la producción de alimentos. Se trata de lo que Schmidhuber denomina la “aversión al riesgo” del agricultor.

“El cambio climático ha aumentado la volatilidad del clima, con un aumento de la incertidumbre a nivel productivo para el agricultor. De allí pueden surgir dos fenómenos, con un alto impacto en la producción de alimentos: ante los continuos fracasos, muchos deciden abandonar la producción; otros intentan minimizar el riesgo invirtiendo menos en el cultivo, con lo que el rendimiento decae. Así, el impacto del cambio climático será no solo la pérdida de cultivos, sino la caída del promedio de la producción”, explica.

Lo que está claro, entonces, es que es necesario aprender a convivir con esta nueva realidad y tomar medidas que permitan seguir produciendo alimentos.

“En este tema es muy importante la incorporación de tecnologías que permitan hacer un mejor y más eficiente uso del recurso hídrico, que es todavía relativamente bajo en la mayor parte de los países, incluso en aquellos donde el agua es escasa. Lo que suele ocurrir en las zonas donde hay poca agua es que los agricultores se desplazan hacia sistemas de riego más eficientes. Pero esto todavía tiene un alto potencial. Algunos agricultores todavía siguen utilizando riego por tendido o inundación, pero aún se ve muy poco uso de riego por goteo, por ejemplo. Y este sistema es el más eficiente para obtener un buen resultado productivo y, al mismo tiempo, ahorrar agua. Ahí lo positivo es que se utiliza el agua para la planta y no para el suelo”, plantea el especialista de la FAO. También resulta clave no sobreexplotar los sistemas naturales de agua, como los acuíferos subterráneos para evitar así utilizar recursos que ya no podrán recuperarse, como es el uso de las aguas fósiles, que quedaron embalsadas subterráneamente desde épocas prehistóricas y que, por lo mismo, no son recargables; así como el agua que proviene del derretimiento de glaciares.

 

 

Agricultura climática

La gran pregunta es cómo interactuar con esta situación. El experto de la FAO sostiene que lo que hay que hacer es una agricultura climática inteligente, donde se utilizan medidas para mitigar en el ambiente el impacto de producir y para adaptarse a las nuevas condiciones.

Mitigar implica intentar reducir la emisión de gases de efecto invernadero, objetivo con que los países están lidiando desde hace ya algunos años, aunque las metas de reducción no han logrado alcanzarse.

El agro tiene mucho que decir, ya que solo la producción agropecuaria representa cerca del 10% del aporte global de gases invernaderos, en especial por el impacto de los rumiantes, que por su proceso digestivo liberan metano. Producciones como el arroz, también aportan, aunque en los últimos años se están introduciendo nuevas tecnologías de cultivo en seco, que permiten disminuir la liberación de metano.

Schmidhuber plantea que solucionar esto pasa por cambios en los sistemas productivos, en los tipos de producto y, sobre todo, en la toma de conciencia de los consumidores, hay que enfocarse en lo que llama la “intensificación sostenible”.

“Este es un término que hay tener en mente, que no tiene definición específica, pero sí distintos conceptos. El primero es entender que todavía necesitamos la intensificación. Es decir, producir más en la misma superficie de tierra. Esto es muy importante, porque lo que hay que evitar es sumar más tierras a la producción. Esto porque cualquier cambio en el uso de la tierra, por ejemplo, para pasarla de forestal a agrícola o urbana, está asociado con una gigantesca producción de gases invernadero”, explica.

Se refiere a que hay que seguir buscando que la tierra entregue altos rendimientos, pero que lo haga de una manera más sustentable de lo que se ha venido haciendo. Recalca que existen opciones como el sistema de siembra directa y agricultura de conservación, donde al no arar, el suelo queda menos expuesto a los daños por las lluvias más intensas.

Insiste en que ello no implica necesariamente el uso de más agroquímicos, sino la integración de distintas tecnologías. “Cuando hablamos de siembra directa y de agricultura de conservación es sobre un manejo integrado de control de plagas, que trata de entender y conocer muy bien el tipo de insectos y de pastos que hay en el campo y solo fumigar si es absolutamente necesario. También está la aplicación integrada de fertilización”, dice.

Una forma para devolver al suelo su capacidad y limitar su degradación es evitar la deforestación. Y, cuando esta ha ocurrido, es clave “reforestar o al menos devolver parte de su condición productiva a esa tierra”. La idea es restituirle al suelo su capacidad orgánica, incluso con la aplicación de limo, como lo hicieron en la zona de El Serado, en Brasil, donde con esta técnica devolvieron la productividad a 12 millones de hectáreas.

 

 

No solo a lo local

Si bien una medida de mitigación es precisamente disminuir la huella de carbono de los productos, el especialista dice que ello no implica apostar por consumir solo lo local, ya que ello podría tener un alto impacto en las economías de muchos países, y que el intercambio comercial incluso genera beneficios en el uso de los recursos, como el agua.

“A priori diría que no se debe tender a la comercialización más fuerte de lo local. No es una buena idea. Esto porque el comercio es una muy buena manera de compensar por problemas locales. Estamos hablando de escasez de agua. El comercio es una posibilidad para crear agua virtual. Por ejemplo, en el caso de China, que tiene escasez de agua y requiere de una alta producción de granos. Si importa buena parte de ese grano está liberando agua para ser destinada a otros usos”.

Hay distintas posibilidades de producir un mismo alimento con una huella de carbono distinta. De ahí puede ser mucho mejor importar algo desde un país cuya huella es menor de la que tendría producirla localmente. Hasta ahora puede no haber ocurrido porque esto no ha sido internalizado en los precios. Este es un tema muy complejo que requiere de tiempo y mucho pensamiento, porque puede llevar a medidas proteccionistas.

Pero es importante tener claro que volverse “local” no es necesariamente una solución.

 

 

 Otros efectos

Otro efecto con impacto no solo para el agro es el aumento en el número de incendios. “Como hay sequías y menos lluvias, hay una mayor tendencia a desarrollar fuegos, y ello lleva a pérdida de cosechas, además de a una mayor contaminación”, plantea el especialista de la FAO.

Asimismo, los cambios de temperatura y humedad implican aumentar la presión de las pestes y enfermedades, ya que se generan condiciones para que estas proliferen en zonas donde antes no tenían la posibilidad de hacerlo.

 

 

Proyecto internacional MAPS

MAPS International (Mitigation Action Plans and Scenarios, por sus siglas en inglés) nace tras las positivas evaluaciones que tiene el proyecto “Escenarios de mitigación de largo plazo”, desarrollado en Sudáfrica entre 2005 y 2008. Consiste en un programa de trabajo para apoyar a países en desarrollo a elaborar planes de avance compatibles con los desafíos del cambio climático. Chile se sumó a fines de 2011, ante un mandato de seis ministros de Estado que requerían que el proyecto entregara las mejores opciones que tiene el país para la mitigación de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI). A nivel nacional, la dirección está en manos de un comité directivo interministerial, en el que participan representantes de los ministerios de Relaciones Exteriores, Hacienda, Agricultura, Minería, Transportes y Telecomunicaciones, Energía, y Medio Ambiente. El financiamiento proviene de Childrens Investment Fund Foundation (CIFF), la Alianza Clima y Desarrollo (CDKN), los gobiernos de Suiza, Dinamarca y Chile, por cerca de US$ 4 millones para más de 4 años de trabajo

Fuente:

Publicidad