8 de junio de 2015 12:44 PM
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Potencial fusión entre Monsanto y Syngenta asusta a agricultores en EE.UU.

Se prevé que los reguladores antimonopolio de EE.UU. y otros países examinen con cuidado si una combinación concentraría demasiado poder en manos de Monsanto.

El intento de Monsanto de comprar Syngenta está sembrando temores en el cinturón agrícola de Estados Unidos de que otra ronda de consolidación en la industria elimine un importante competidor y eleve los precios de las semillas y los pesticidas.

 

Las inquietudes de los agricultores podrían jugar un importante papel en la aprobación de la fusión. Se prevé que los reguladores antimonopolio de EE.UU. y otros países examinen con cuidado si una combinación concentraría demasiado poder en manos de Monsanto, que ya es el mayor fabricante de semillas del mundo por ventas y un importante proveedor de químicos para cultivos.

 

La oferta de u$s45.000 millones por Syngenta, divulgada en mayo, pone de relieve la a veces tensa relación del gigante estadounidense con agricultores que dependen de sus semillas para cultivar desde maíz y soja hasta espinaca y brócoli.

 

Según detalla The Wall Street Journal, los avances de Monsanto -con sede en St. Louis, Missouri- en la ingeniería genética los ha ayudado a producir mayores cosechas y evitar el uso de fuertes químicos que solían ser necesarios para controlar malezas y pestes.

 

No obstante, los agricultores dicen que esas herramientas vienen con un alto precio y reglas estrictas que Monsanto aplica rigurosamente, a menudo con demandas judiciales contra sus clientes, lo que ha dañado la reputación de la empresa en partes de la región agrícola central de EE.UU.

 

La suiza Syngenta, la mayor vendedora de pesticidas para cultivos, rechazó la propuesta de Monsanto con el argumento de que subvalora la empresa y pasa por alto considerables obstáculos antimonopolio y políticos a una fusión, pese a la promesa de Monsanto de vender el negocio de semillas de Syngenta y algunos productos químicos que se superponen.

 

El gigante estadounidense ha indicado que sigue interesado en un acuerdo, lo que aumenta las expectativas de que mejore su oferta. Monsanto planea hablar de la posible adquisición con accionistas de ambas empresas esta semana en Europa, según personas al tanto.

 

Grupos agrícolas están siguiendo de cerca la posible operación, que sería la mayor compra en la historia del sector. “Cuando tenés tanto poder de mercado, hay demasiado dinero para ganar usando tu poder para avanzar los intereses de la compañía”, sostiene John Hansen, presidente de la Unión de Agricultores de Nebraska y miembro de la junta de la Unión Nacional de Agricultores de EE.UU.

 

Una fusión también enfrentaría la oposición de detractores de la agricultura a gran escala y los cultivos genéticamente modificados. Algunos grupos activistas sostienen que tales cultivos han aumentado la dependencia de los agricultores en pesticidas y fertilizantes sintéticos que podrían dañar el medio ambiente.

 

Los legisladores estadounidenses también podrían resistirse a cualquier operación que implique una mudanza de la sede de Monsanto a Suiza con fines impositivos, conforme han aumentado las críticas a estos acuerdos conocidos como “inversión tributaria”. Algunos analistas creen que Monsanto intentará trasladar su domicilio fiscal como parte de la operación, si bien la empresa ha señalado que ese no es el principal motivo de la propuesta de compra.

 

Es probable que haya evaluaciones antimonopolio en EE.UU., la Unión Europea y Brasil, que es un importante mercado agrícola para ambas empresas, según expertos legales.

 

Combinadas, Monsanto y Syngenta tendrían 42% del mercado de pesticidas en Norteamérica, 28% en América Latina y 25% en Europa y Medio Oriente, estima JP Morgan. Las dos venden cerca de 26% de los pesticidas del mundo. Monsanto vende 46% de todas las semillas de maíz en América Latina y 35% en América del Norte, según el mismo banco.

 

Un interrogante crucial es qué opinan los reguladores sobre la creciente concentración en el mercado de semillas y químicos -que suelen usarse en conjunto- y si una fusión podría perjudicar significativamente a los competidores, muchos de los cuales pagan para usar las semillas modificadas genéticamente de Monsanto.

 

Pocas veces las autoridades antimonopolio de EE.UU. han buscado bloquear un acuerdo sólo porque pudiese dar lugar al tipo de integración vertical que ocurriría con una fusión entre Monsanto y Syngenta, explica George Hay, profesor de derecho de la Universidad de Cornell y ex economista de la división antimonopolio del Departamento de Justicia de EE.UU. “Podría poner en desventaja a ciertos competidores, pero no subir los precios para los consumidores”.

 

Los ejecutivos de Monsanto han dicho que la venta del negocio de semillas de Syngenta y los agroquímicos que se superponen con los de Monsanto resolvería cualquier preocupación competitiva.

 

Monsanto, que desde hace mucho produce herbicidas y otros químicos, incursionó en el segmento de semillas cuando adquirió una empresa de soja en 1982. Sus científicos se concentraron en genes que podrían permitir a las plantas sobrevivir la fumigación con herbicidas como Roundup.

 

En los años 90, salió de compras y se quedó con cerca de dos docenas de compañías de EE.UU., Europa y Sudamérica que proveen semillas y productos genéticos de una amplia variedad de cultivos. Las primeras semillas biotecnológicas de Monsanto empezaron a venderse en 1996.
Monsanto y Syngenta combinadas consumirían una mayor parte del presupuesto de los agricultores.

 

En EE.UU., por ejemplo, las semillas y los pesticidas representan alrededor de un quinto de los gastos anuales de los agricultores de maíz, soja y algodón, según datos del Departamento de Agricultura.

 

Desde 1995, el costo promedio de las semillas se ha más que triplicado, mientras que el de los químicos aumentó cerca de 11% en ese lapso, de acuerdo con datos del Departamento de Agricultura. Los ingresos netos del sector agrícola más que se duplicaron en ese período, a u$s108.000 millones el año pasado.

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