11 de junio de 2015 16:53 PM
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Las vinculaciones con el glifosato

Revisiones científicas advierten sobre el mayor riesgo de los tomadores de mate, pero, de la misma manera, subrayan las limitaciones de las investigaciones.

Cuando el 22 de marzo pasado la OMS reclasificó al glifosato –el herbicida de mayor volumen de producción en el mundo y clave en la Argentina por su rol en la siembra de cultivos modificados genéticamente– como probable cancerígeno para los seres humanos, la empresa Monsanto emitió un comunicado en el que manifestó su desacuerdo con la decisión. Para desestimar su importancia, también destacó que entre las sustancias que la OMS incluye en esa categoría se halla el mate caliente.

Después, desde el sector vinculado a la agroproducción hubo declaraciones periodísticas en las que se afirmó que “el mate”, a secas, era tan cancerígeno como el glifosato, según la OMS.

Esas afirmaciones –una con fundamento, la otra no– causaron sorpresa y también preocupación en la Argentina, donde cebar mate es un ritual celebrado casi sin excepción en cada familia.

Sin embargo, a pesar de que la gente en general desconociera la clasificación de la OMS, la información dista de ser nueva y, por el contrario, es debidamente conocida por los profesionales entre cuyas incumbencias se encuentra detectar tumores o lesiones precancerosas del tracto digestivo superior, como los oncólogos y odontólogos. De hecho, lo tienen en cuenta como un factor de riesgo, tal como surge de las consultas realizadas a profesionales locales.


No obstante, una cuestión relevante es que los estudios disponibles sobre la ingesta de mate caliente y el riesgo de cáncer son escasos y ninguno llega, al menos por el momento, a desentrañar el mecanismo concreto por el cual se produciría esa asociación. Así lo sostienen revisiones bibliográficas posteriores a la clasificación de la OMS, entre las que se cuentan la publicada por la Revista Panamericana de Salud Pública en 2009, y otra del mismo año de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, que revisan ocho y cuatro estudios respectivamente.

Las conclusiones, en ambos casos, advierten la vinculación entre el mayor riesgo de sufrir esos tipos de cánceres entre los tomadores de mate, pero de la misma manera subrayan que las investigaciones revisadas tienen limitaciones para arribar a resultados definitivos. Tal vez algunas de esas dudas puedan ser disipadas con la reevaluación que la agencia especializada en cáncer de la OMS realizará del mate caliente el año próximo.

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