14 de junio de 2015 15:45 PM
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Pobreza nacional

Mientras a la presidenta la FAO la premia por combatir el hambre y la pobreza, el país va al paro nacional, y el movimiento autoconvocado vuelve a reclamar cambios urgentes a una estructura de quebranto en todos los niveles de la producción.

Cristina desplegó en el discurso de la FAO todo el repertorio del relato oficial. Ante un auditorio atónito, disparó cifras que muestran que Argentina registra índices de pobreza menores que las economías más desarrolladas del mundo y con mayor bienestar de su población. Islandia, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Francia, Luxemburgo, Eslovaquia, Alemania, Eslovenia, Austria, Reino Unido, o Suecia, por ejemplo, quedaron por encima de los índices de pobreza criolla.

 

Lo cierto es que a partir de la decisión de borrar los números del INDEC, desde el 2013 el país no cuenta con cifras oficiales en este sentido (ni en muchos), que permitan establecer un diagnóstico certero de la situación ni políticas correctivas, y que por otro lado habilita todo tipo de opiniones al respecto. Como las críticas que dispararon los miembros de la oposición, o las que lanzó indignado el “Momo” Venegas: 14 millones de pobres y 6 millones de indigentes. Según estimaciones privadas la cifra alcanzaría unas 10 millones de argentinos (25%).

 

Más allá de las discusiones por los números, los productores agropecuarios, actores vitales de las economías regionales cada vez más empobrecidas, volvieron a la ruta. Lo hicieron en el sur santafesino, a espaldas de las entidades gremiales a las que muchos pertenecen, acusándolas de no estar a la altura del momento.

 

El reclamo incluye la necesidad imperativa de cambios de fondo en la política agropecuaria: eliminación de retenciones al trigo y de los ROES, “para que podamos vender el trigo y nos paguen el precio que corresponde”; baja de retenciones a la soja y al maíz; asistencia financiera a Cooperativas y financiamiento a los productores a través la Banca Nacional; eliminación de impuestos distorsivos al gasoil (el 70 % del precio va a impuestos nacionales); y un precio mínimo sostén para las economías regionales.

 

En la semana que el país marchó a un nuevo paro nacional, el kirchnerismo hizo lo que mejor saber hacer cuando lo acorralan: doblar la apuesta. Pobres, todos los demás.

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