15 de junio de 2015 14:04 PM
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Se requiere resguardar al Santiago agrícola

CHILE : La región cuenta con millón 300 mil hectáreas dedicadas a la producción agropecuaria y forestal, con viveros que representan el 26,9% de la superficie del país y hortalizas que llegan al 26,5%, y es tercera en plantaciones frutícolas. La gran diferencia de servicios y condiciones entre las comunas rurales y las urbanas, sumados a la cercanía a la ciudad, el cambio climático y la presión inmobiliaria, son las causas de la pérdida agrícola en una zona con los mejores suelos del país

Isabel Orellana se dedica a las abejas desde hace 15 años, en la localidad de Popeta, camino a Rapel, en Melipilla. Con su empresa Colmenares Apifrut, en la temporada pasada produjo mil kilos de miel, 100 de polen y 50 de propóleo. Se queja de que sus abejas cada vez están produciendo menos. Las complica la falta de precipitaciones y un anormal desarrollo de los árboles y arbustos silvestres y lo que considera falta de conciencia en la aplicación de agroquímicos.

 

“Muchos pesticidas están prohibidos en los países nórdicos y aquí se siguen autorizando. También se ponen a aplicar a las 2 de la tarde, sin avisar. A veces llevo las abejas a la precordillera, pero aunque esté cerrado, igual me las roban”, cuenta.

 

Ahora tiene un nuevo dolor de cabeza: la construcción de torres de alta tensión de una nueva línea de transmisión eléctrica entre Alto Melipilla, Rapel y Lo Aguirre. “Eso afectaría demasiado a las abejas, porque las grandes torres las desorientan y no llegan a sus colmenas, se pierden en el campo. Ante las críticas, dijeron que las iban a tirar por arriba de los cerros, pero ahí está la vegetación nativa, como el quillay”, denuncia.

 

Como en la zona no hay alcantarillado, para obtener la autorización para el envasado de productos debió hacer un sistema particular. “Este es un problema grave. No todos tienen pozos apropiados y muchos tiran los desechos al canal o al estero, entonces esa agua viene contaminada y eso también influye en la apicultura”, dice.

 

Esos problemas y muchas otras carencias y peligros amenazan a las 18 comunas rurales de la Región Metropolitana.

 

En una reciente columna de opinión, el intendente de Santiago, Claudio Orrego, llamó a resguardar el Santiago agrícola, sobre todo de la desigualdad que se aprecia entre lo urbano y las comunas rurales. Un sector con las mejores autopistas, áreas verdes y servicios, y otro, aledaño, con carencias en servicios e infraestructura, y afectado por un proceso de desertificación, lo que ha provocado emergencias hídricas y la amenazan a la continuidad de la agricultura.

 

Concuerda en eso el presidente de La Asociación de Agricultores del Maipo, Carlos Ariztía Correa. La falta de agua y los calores intensos dificultan mucho las labores agrícolas; las napas de agua subterránea han bajado hasta 60% en los últimos años, lo que se traduce en que con los mismos kilowatts/hr, obtengo solo la mitad de los litros de agua. Estamos en junio y aún hay árboles con hojas… El invierno aun no llega… Mala cosa”, comenta Ariztía.

 

Todo eso puede hacer que los productores empiecen a cambiar hacia frutas con menos necesidad de agua o achiquen la superficie cultivable, e incluso, se teme que parte de la pequeña agricultura deje la tierra sin trabajar.

 

La Región Metropolitana es una de las más agrícolas del país -de ella sale el vino Almaviva, en Maipo Alto, que puede costar más de $ 100 mil la botella, pero también la humilde chicha de Curacaví-, ya que cuenta con buena calidad de suelos y un millón 300 mil hectáreas dedicadas a la producción agropecuaria y forestal, con viveros que representan el 26,9% de la superficie del país y hortalizas que llegan al 26,5%, además de ser tercera en plantaciones frutícolas. En la producción pecuaria el ganado porcino representa el 40,4% de la producción del país, se produce 42 mil toneladas de carne en vara y unos 125 millones de litros de leche fueron recibidos en plantas en 2013.

 

 

¿Por qué cuidarla?

Cuando se piensa en Santiago se visualiza la gran ciudad, pero no la ruralidad, ni agricultores trabajando en sectores aislados, que no tienen agua ni señal de celular. Por ejemplo, en San Pedro, a dos horas de la capital, no hay cajero automático ni servicio de salud. Los enfermos tienen que ir a Melipilla o a Santiago, si la cosa es crítica.

 

El transporte es otra brechaporque las empresas no quieren instalarse en las comunas rurales y eso hace que no haya competencia. Una empresa sirve a un sector y cobra lo que quiere.

 

Las condiciones sanitarias también son deficitarias. “Hay sectores que no tienen agua potable y si no es por el camión aljibe no tendrían agua para beber”, señala Fabiola Freire, seremi de Agricultura de la Región Metropolitana.

 

Además, se aprecia una lejanía emocional. “Las personas prefieren vivir de espaldas a la ciudad, metidas en su propio campo. Cuando van a Santiago se sienten apocadas y no les gusta”, agrega Fabiola Freire.

 

Preocupa que en la ciudad no se vea lo que ello significa.

“Invisibilizar la agricultura metropolitana es un riesgo, porque estamos dejando de atender a una población que tiene las mismas necesidades de la gente de la ciudad, que quiere las mismas oportunidades. Cómo va a ser justo que una persona que viene de Melipilla gaste en un solo viaje más de dos mil pesos. Ahí hay una inequidad que no hemos sabido abordar”, enfatiza la seremi.

 

Para eso hay un plan del gobierno regional para reivindicar la zona rural y darle más acceso. Se está estudiando una subvención al transporte y acercando los servicios a la zona rural, y planes estratégicos para rehabilitar algunas comunas, como Tiltil, que ha sido muy afectada por vertederos, plantas energéticas y minería.

 

Otro aspecto que juega en contra es que el campo se está volviendo viejo. “El promedio de edad de los agricultores es de 60 años, y sus hijos no se dedican al campo. Las nuevas generaciones están en las mineras y en el retail”, señala.

 

 

pérdida de suelo

“En la Región Metropolitana se generan las mejores frutas y productos agrícolas, por lo que es importante cuidarla, ya que de lo contrario se perderá una importante zona de producción”, señala Cristián Allendes, productor de frutas de la zona de Melipilla.

 

Concuerda en que la fruticultura de la zona central y la de Santiago en particular han retrocedido en superficie. Entre las causas está la falta de mano de obra, lo que ha motivado que, se esté produciendo mucho cambio de especies; por ejemplo, desde vid de mesa o carozos a nogales y ciruelos, principalmente para deshidratado.

 

Hay otros problemas. “Las regulaciones ambientales y de diversos tipos, son factores importantes, ya que al estar las ciudades más cerca de los campos implica hacer un aún mayor esfuerzo para producir fruta y alimentos diversos”, dice Allendes.

 

Además, se requiere detener el proceso en que tierras de gran calidad se estén traspasando a urbanas, con el consiguiente impacto en la producción.

 

“Nuestra zona del Maipo representa el 35% de la superficie frutícola de la Región, y esta ultima, el 18% de la superficie nacional. Cuesta muchísimo la convivencia con la invasión de la urbe; los ciudadanos no quieren ruidos, polvo, buses de temporeros, maquinaria… Nos llenamos así de más y mayores fiscalizaciones y exigencias de organismos públicos por los reclamos de los nuevos vecinos”, plantea Carlos Ariztía Correa, presidente de la Sociedad Agrícola de Maipo.

 

De ahí que se vuelve clave regular los cambios de uso de suelo. “A veces se urbanizan sin ninguna consideración y que no prenden y queda mucho suelo agrícola muy bueno sin usar”, señala.

 

Insiste en que lo negativo es que no existe una planificación futura: “Santiago agrícola debe resguardarse porque es una de las mejores zonas agrícolas. En la regulación del crecimiento urbano debiera participar gente ligada al mundo agrícola para evitar que se estrellen las poblaciones con las plantaciones”.

 

Según el último estudio de Odepa, de 2012, las provincias que han experimentado mayor pérdida de suelo agrícola son Chacabuco y Maipo. Son cerca de 18 mil hectáreas convertidas en proyectos inmobiliarios en los últimos seis años. La proyección indica que en 10 años se perderían otras 100 mil.

 

“El gobierno regional tiene un plan para resguardar la zona rural y el componente agrícola. Lo que queremos es tratar de mantener un cierto desarrollo ordenado de cuántas hectáreas se van a entregar al crecimiento inmobiliario o industrial. Pero lo que más me preocupa es que la decisión del agricultor, por ejemplo, sea no cultivar y dejar la tierra botada”, señala Fabiola Freire.

 

 

Seis años secos

En los últimos 6 años la Región Metropolitana, así como gran parte de la zona central y norte, está sufriendo el impacto del cambio climático: una sequía que se alarga ya por más de seis años a lo que se suman temperaturas por sobre las normales.

 

“En Santiago, entre 2009 y 2014, el total anual de precipitaciones promedia 211 mm, cuando lo normal son 342 mm; es decir, hay una caída en las lluvias de 38%”, señala un informe de la Dirección Meteorológica.

 

Frente al déficit hídrico en las 18 comunas rurales de Santiago, se declaró emergencia agrícola, principalmente para la provincia de Chacabuco, pero en general toda la región está afectada. “Las cinco provincias rurales tienen déficits en los caudales; por lo tanto, el agua para regar, y por ende para producir, es menos”, señala la seremi.

 

Para enfrentar la situación entre la Comisión Nacional de Riego, Indap y fondos regionales ($41 mil millones) se están financiando programas para los pequeños agricultores, que tienen producciones como las frutillas de San Pedro, las sandías de Paine y todo el cordón hortalicero que parte en Melipilla. También se están financiando programas para rehabilitación de tranques, profundización de pozos, conducción de canales o tecnificación de riego para regar las mismas superficies de cultivo con menos agua.

 

Y la situación hídrica se complica aún más por la cercanía entre la capital y el entorno rural. “La ciudad de Santiago, que es una gran consumidora de agua, casi tanto como la agricultura o más, ha evitado las crisis para la población y el racionamiento, gracias a convenios realizados con el resto de los usuarios dentro de la junta de vigilancia de la primera sección del río Maipo, porque Aguas Andinas -usuario de aguas del Maipo- pertenece a la junta de vigilancia y ha llegado a acuerdos -dentro de los marcos legales y administrativos- y convenios con otros usuarios para pasar estas épocas sin grandes dificultades hasta ahora”, destaca Fernando Peralta, presidente de la Confederación de Canalistas de Chile.

 

Pero, lo negativo del cambio climático y el déficit hídrico podrían también ser una oportunidad para la agricultura santiaguina.

 

“El alza de temperaturas y la sequía están desplazando la horticultura hacia el sur. La Región Metropolitana es una zona de transición relevante para proponer medidas de adaptación y mitigación al cambio climático… Sólo en la IV Región la sequía ha provocado la desaparición de 30 mil hectáreas de frutales, y prácticamente la mayor superficie hortícola con pérdidas económicas cercanas a los US$ 1.000 millones. Por lo tanto, la oportunidad estaría en absorber la producción de la IV Región e implementar medidas de adaptación en términos de introducir nuevas alternativas hortícolas y sistemas de riego altamente tecnificados, Porque el desafío será el recurso agua”, opina María Teresa Pino, ingeniera agrónoma de INIA La Platina, refiriéndose a la necesid ad de modernización del riego.

 

 

 Más turismo y rescate de pequeños

En la Región Metropolitana hay cinco mil pequeños productores atendidos por Indap, y 3.692 son usuarios de Prodesal, programa dirigido a los agricultores más vulnerables.

Según Octavio Sotomayor, director nacional de Indap, se trabaja en buenas prácticas y se intenta poner de relieve otras zonas para el turismo rural, como Isla de Maipo, Tiltil y Alhué, entre otras posibilidades.

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