16 de junio de 2015 01:44 AM
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Por qué es tan difícil exportar vino

Los costos en moneda internacional han crecido mucho más que los precios del vino en los mercados del exterior.

La industria del vino ha hecho una gran transformación en los últimos 20 años, concentrándose en los vinos de mucha mayor calidad. Esto le permitió a esta industria ser mucho más competitiva en el mundo, pues al mejorar la calidad, al mismo tiempo mejoraron los precios y, por lo tanto, la rentabilidad. Argentina ha pasado a exportar importantes volúmenes en algunas variedades, especialmente en Malbec. Este se está convirtiendo en un sinónimo de vino argentino, lo cual no significa que no se exporten otras variedades, pero el Malbec es el que más se ha desarrollado.

 

Cuesta mucho posicionar a los vinos de un país en las góndolas de los principales mercados, como por ejemplo, las de Estados Unidos, uno de los principales mercados importadores de vino del mundo.

 

Es un proceso lento y costoso, que requiere mucho marketing tanto de imagen como de promoción del producto, para ir logrando resultados.

 

El problema que tenemos en este momento es que los precios en pesos en el mercado local, al cambiarlos al tipo oficial, que es el que se paga al exportar, se han incrementado en moneda doméstica en mucha menor medida que los costos, por el atraso cambiario, al usarse este instrumento del comercio exterior como palanca antiinflacionaria.

 

Por ese motivo, nuestros costos en moneda internacional han crecido mucho más que los precios del vino en los mercados internacionales. Este proceso se viene notando claramente después de 2010, pero se ha acentuado en los últimos años, después que se decretó el “cepo” cambiario hacia fines de 2011.

 

El precio promedio en las góndolas de Nueva York ha crecido un 3,9 % anual en los últimos 5 años, pero el costo del vino argentino de calidad para la exportación, ha aumentado un 8,4% anual en los últimos 5 años, una diferencia muy notoria. Este distinto ritmo de aumento ubica ahora al vino argentino en un nivel un 28% más caro que la relación de precios que se registraba en 2010. Esta diferencia se hace difícil de absorber por las bodegas argentinas, por lo que las condiciones macroeconómicas de Argentina van sacando a nuestro producto del mercado internacional, perdiendo el buen posicionamiento que con tanto esfuerzo se había conseguido.

 

Es fundamental, no solo para las bodegas sino también para los productores de uva de alta calidad, reponer las condiciones de mercado que les permitan moverse con previsibilidad en el mercado internacional. La corrección de enero de 2014 había logrado mejorar en algo la situación, pero esa diferencia se ha perdido completamente a mediados de 2015.

 

Esto que ocurre con el vino de alta gama también le ocurre a otros productos regionales, como las frutas frescas del Valle de Río Negro, o las frutas secas de San Juan, o la maquinaria agrícola de Reconquista o Rafaela, o los hoteles de turismo receptor internacional, hoy con un grado de ocupación francamente bajo, por lo caro que se están ubicando cada día los bienes y servicios en Argentina con relación a los precios internacionales.

 

Al tener Argentina una inflación tan alta, el año pasado del 40% anual y este año del 25-30% anual, los desvíos se hacen sentir de una manera inmediata y las empresas no pueden seguir manejándose normalmente en un contexto tan cambiante.

 

Se requiere un país sin inflación, o a lo sumo del 2-3% anual, que hoy ya es muy alto pues los países desarrollados solo tienen 0-0,5% anual y, en algunos de ellos, la variación es negativa en el nivel general de precios. Hay que establecer las condiciones fiscales para que no se deteriore el valor de la moneda, que principalmente consisten en no incurrir en déficit de las cuentas públicas financiado con emisión espuria de dinero del Banco Central. Este proceso genera inflación y, en ese contexto, es difícil competir.

 

Una vez más se aprecia que una buena macroeconomía es muy necesaria para el desarrollo económico del país. Y hay que premiar a los empresarios que han hecho bien su trabajo para convertirse en un sector competitivo y poder exportar valor agregado y que se ven ahora sorprendidos por una política general que los desubica sin que puedan hacer nada al respecto.

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