17 de junio de 2015 21:49 PM
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La “nueva normalidad” de China

CompartiremailFacebookTwitterHace pocos días tuve la oportunidad de asistir a una conferencia brindada por su excelencia el embajador de la República Popular de China en Uruguay, Dr. Yan Banghua, organizada por ADM en el Club de Golf.   En primer lugar, quiero destacar el correcto manejo del idioma castellano mostrado por el señor embajador, toda una […]

Hace pocos días tuve la oportunidad de asistir a una conferencia brindada por su excelencia el embajador de la República Popular de China en Uruguay, Dr. Yan Banghua, organizada por ADM en el Club de Golf.

 

En primer lugar, quiero destacar el correcto manejo del idioma castellano mostrado por el señor embajador, toda una lección para un país como Uruguay que se dio el lujo de enviar a Francia un embajador que no hablaba francés, por ejemplo.

En segundo lugar, fue interesantísimo captar la nueva visión que el señor embajador proyectó referente al crecimiento futuro de China y su relacionamiento esperado con América Latina. Repasemos algunos datos.

 

China venía creciendo a tasas de dos dígitos, lo que le permitió en un tiempo extraordinariamente corto llegar a ser la segunda economía del mundo a partir de la revolución económica de Deng Xiaoping en 1978. Pero esas tasas se pueden mantener mientras la economía es chica y se vuelven irrealizables a medida que el país adquiere un tamaño importante.

 

Para dar una idea de magnitudes, hablando en trillones de dólares, China tenía un PIB de 1.2 en el año 2000, apenas mayor al Mercosur que llegaba a 1.0, lejísimos detrás de Europa con 6.5 y EEUU con 10.3. En el 2013, el Mercosur llegó a 2.9; China alcanzó 9.2; Europa se colocó en 13.2 y EEUU subió a 16.8.

 

Las autoridades chinas decidieron estratégicamente salir del camino de crecimientos del orden de 12% en base al motor de las exportaciones para pasar a un camino de crecimiento de 7% en base a la dinámica del mercado interno. Este cambio, que el embajador Banghua llamo “la nueva normalidad”, tiene una importancia destacada para el mundo entero.

 

Conviene razonar que solo el crecimiento de la economía china de 2014 fue mayor que todo su PIB de 1994. Algo grande que crece al 7% puede hacer más fuerza que algo chico que crece al 12%. Este cambio aleja los riesgos de una crisis de crecimiento devastadora que podía haber afectado a China si continuaba con un crecimiento demasiado acelerado y que hubiese generado gravísimas turbulencias a nivel planetario. Para nosotros, productores de alimentos, la “nueva normalidad” nos beneficia porque su objetivo estratégico es elevar rápidamente a más personas desde la pobreza a la clase media: se realizarán entonces menos obras grandiosas (y se consumirá menos hierro y portland), pero se necesitará más comida para más gente que la podrá pagar.

 

El PIB per cápita de China todavía es muy bajo (unos 7.500 dólares) y su demanda por alimentos, y en especial proteínas animales, crecerá muy fuerte. Con un 8% de la tierra arable del planeta, que sufre algunas limitaciones graves en disponibilidad de agua, y alrededor de un 20% de la población del mundo, China va a precisar fuentes crecientes de alimento.

 

Allí estará Uruguay, aprovechando esa oportunidad clarísima de complementación; recuerdo que el ingeniero Alejandro Vegh Villegas siempre decía que a los países les conviene tener amigos fuertes y distantes. Qué bien le podría ir a Uruguay si hubiésemos firmado un TLC con EEUU cuando Bush se lo ofreció en bandeja a Tabaré; si consiguiéramos ahora un TLC con Europa (dejando atrás a la imposible Argentina) y si firmáramos un TLC con China como el que recientemente firmó nuestra competidora Australia. En vez de vivir enredados con amigos ideológicos del gobierno de turno que siempre traen problemas, como nos ha pasado con Argentina y Venezuela.

 

El hecho es que China ya es hoy un quinto de nuestro comercio exterior y va camino a duplicar ese porcentaje en la próxima década, tiempo en el cual este gran país piensa invertir US$ 250 mil millones y comerciar por US$ 500 mil millones en América Latina.

 

Hay que aprovechar esta ola que viene llegando a nuestras costas y que trae ofertas de cooperación en seis áreas estratégicas, a saber: energía y recursos naturales; agricultura; manufacturas; innovación; tecnología de la información; infraestructura.

 

¿Nos estamos preparando como país para esta “nueva normalidad” que se impondrá como una realidad en las próximas décadas? ¿Tenemos los equipos profesionales en pie, pensando, estudiando y preparando al Uruguay para aprovechar todo lo bueno y limitar todo lo malo que estos cambios traerán? De eso se trata gobernar.

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