20 de junio de 2015 02:59 AM
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La biodiversidad y el agro

CompartiremailFacebookTwitterLa expansión del agro trajo el desafío de cómo conjugar sistemas de producción con el cuidado y la conservación de los recursos naturales y de la biodiversidad. Desafío, porque fueron fenómenos vigorosos, rápidos, complejos, de amplio alcance geográfico, no planificados, intensivos en insumos y procesos. Cuando comprendimos lo que pasaba, ya se habían realizado modificaciones […]

La expansión del agro trajo el desafío de cómo conjugar sistemas de producción con el cuidado y la conservación de los recursos naturales y de la biodiversidad. Desafío, porque fueron fenómenos vigorosos, rápidos, complejos, de amplio alcance geográfico, no planificados, intensivos en insumos y procesos. Cuando comprendimos lo que pasaba, ya se habían realizado modificaciones de impacto en el entorno.

¿Tenemos biodiversidad en Uruguay? ¿Por qué es importante conservarla? Tenemos, y mucha. Comenzando por los pastizales que ocupan el 70% del país, y es una de las áreas de mayor diversidad de gramíneas a nivel mundial. Tenemos bosques variados y reservas riquísimas como los humedales. En Uruguay existen 2.750 especies de plantas y 859 especies de animales vertebrados; en aves, contamos con una alta población por unidad de superficie, bastante mayor que la de los países vecinos. Esta biodiversidad ha sido vital para nosotros en el desarrollo histórico, y es la base de todo proceso sustentable en el futuro. Por eso debemos conservarla.

Una estrategia en curso en el país se dirige a la identificación y gestión del denominado Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Uruguay (SNAP). Estas comprenden áreas críticas de alto valor por la biodiversidad existente, 13 en este momento, que cubren una superficie del orden del 5% del territorio. El desafío pendiente consiste en la protección, restauración y expansión de hábitat dentro de la agropecuaria comercial. Producir junto a la naturaleza; en inglés se ha acuñado la expresión farming with the wild.

¿Cómo hacemos, con qué estrategia conciliamos, encastramos los caminos productivos con los conservacionistas? Las bases para ello las aporta el reciente libro Eco-Regiones de Uruguay: Biodiversidad, Presiones y Conservación (*). Trabajo que resume años de investigaciones, un formidable insumo técnico para una estrategia nacional.

El concepto de eco regiones define zonas y áreas con características similares y que son la unidad mínima de planificación. El libro citado propone siete eco regiones. Las Sierras del Este, la cuenca de la Laguna Merina, la del Santa Lucía al sur, el basalto, el centro cristalino, son ejemplos. Para cada eco región, los autores identifican prioridades de conservación: los bosques fluviales del río Uruguay en el oeste, o los humedales y ecosistemas de la Laguna Negra.

Uruguay no cuenta con un mapa oficial de prioridades de conservación, indican los autores, siendo este tipo de propuestas fundamentales como materiales para establecer estrategias en este sentido. Estrategias que no solo contribuyen a salvaguardar la biodiversidad, sino también a disminuir los conflictos ambientales en la medida que se planifican los procesos más intensivos y transformadores en áreas de menor prioridad de conservación.

En mi opinión, es avanzar en el orden territorial del agro a escala país, de precisión o por ambientes, donde la premisa de la gestión es la heterogeneidad y variabilidad del recurso. Las tecnologías de hoy son nuestro gran aliado para lograr sistemas productivos sustentables. Desde luego se requiere voluntad política e interés nacional. Si miramos la biodiversidad como un bien público, entonces deben utilizarse alinearse los incentivos. En particular generar los incentivos positivos para quienes, estando en corredores de prioridad a conservar, cuiden y custodien los recursos. Por ejemplo, establecerse exoneraciones fiscales, estímulos financieros y asistencia técnica e investigación, para zonas donde existan y se cumplan intereses de conservación.

Por lo pronto, trabajos como el citado ofrecen un muy buen mapa de ruta. Productividad y conservación, intensificación y lo natural, no deben verse como desarrollos antagónicos. Vivimos de la biodiversidad; mantenerla es nuestra mejor apuesta.

(*). Marzo, 2015. Editor Alejandro Brazeiro, con participación de numerosos investigadores de la Facultad de Ciencias, CIEDUR, VS-Uruguay y SZU.

Fuente:

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