4 de julio de 2015 10:56 AM
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Carne a EE.UU. y la mejor noticia, reducida a un insumo electoral

Como nunca antes, el mundo se abre a los alimentos argentinos. Y como nunca antes esa realidad no deja de ser por ahora una oportunidad pérdida.

Con la reapertura del mercado norteamericano para nuestras carnes esa paradoja se vivió esta semana con la máxima intensidad. Un éxito por el que viene trabajando desde 2007 el sector público, la Cancillería y el Ministerio de Agricultura, y el sector privado, con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (Ipcva), para lograr el reconocimiento del status sanitario de libre de aftosa con vacunación.

Para nuestras carnes vacunas sólo falta la apertura de los mercados de México y Japón. Nunca antes se vivió una situación con tanta potencialidad. Cuesta no ponerse optimista cuando se contabilizan los clientes: Europa, con la cuota Hilton y ahora con la cuota 481; los mercados tradicionales como Chile, Israel, Rusia; los países del norte de África, y sin olvidar por supuesto a nuestros principales compradores, China y el sudeste asiático. Y ahora Estados Unidos y próximamente Canadá.

 

Pareciera que no le falta nada al negocio de la carne vacuna para despegar definitivamente en un viaje de ida. Tiene un mercado interno de alto consumo, tiene millones de consumidores en el mundo, tiene una carne con marca y calidad y hay una ganadería capaz de dar un gran salto productivo en la medida que acorte las brechas tecnológicas entre los productores de más alta y baja productividad. A lo que hay que sumar a una industria que tampoco estará exenta de aggiornarse a un nuevo escenario. El resultado no debería ser otro que un sostenido crecimiento en producción y exportaciones.

 

Pero ante la actual política económica la frustración le gana por varios cuerpos al optimismo que puede generar la buena noticia de esta semana. Que vale agregar estuvo contaminada con declaraciones de la presidenta Cristina Kirchner y el ministro de Economía, Axel Kicillof que causaron una gran irritación entre los productores. “Yo no vendo vacas, pero lucho exactamente igual que si fuera una ganadera”, dijo la responsable de la política ganadera más nefasta de la historia que entre otros daños redujo el stock vacuno en 10 millones de cabezas. Un día antes, Axel Kicillof había afirmado que la Argentina había perdido US$1600 millones de exportaciones de carne vacuna a los Estados Unidos en el período que mantuvo cerrado su mercado como si nunca hubiera aplicado el cierre y restricciones a exportar.

 

Los que se enojaron quizás pierdan el tiempo. Como Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) que lo sintió como una gran tomadura de pelo y le recordó al ministro que “el gran enemigo de las exportaciones de carnes bovinas hacia el mundo ha sido el mismo gobierno nacional”. Desde hace ya muchos años el Gobierno dejó de hablarle al campo. Y como lo ignora se siente habilitado para decir hasta lo inconcebible. Le habla a su círculo de adeptos o, en el peor de los casos, con una intención explícita de confundir a la opinión pública.

 

“Quienes piensan que el gobierno no tiene una política ganadera se equivocan. Está bien clara, que se sigue una línea, sea con Néstor, con Cristina, con Guillermo Moreno o con Augusto Costa: carne barata a cualquier costo. Y sólo si sobra algo, se permite exportarlo” razona un empresario de la industria. Esta ideología no sólo mandó a la exportación a jugar a la Primera B y abandonar el ránking de los top ten, sino que generó un gran avance de la informalidad en el mercado interno. Que ya no se esconde en un pueblo perdido del interior. El conurbano bonaerense apañado por sus intendentes y por los controles provinciales que miran para otro lado se convirtió en el paraíso de la evasión impositiva y previsional. La consigna es si se vende carne barata vale todo. Los frigoríficos que cumplen todos los requisitos de la economía formal, incluidas las normas sanitarias y ambientales, están muy complicados por esta competencia desleal. Un buen número ya tienen prevista una reducción de la actividad con riesgo de perder puestos de trabajo por las suspensiones de faena que se dan en forma cada vez más frecuente.

 

Los frigoríficos exportadores enfrentan además retenciones del 15%, el retraso del tipo de cambio, caída del 18% en el promedio de los cortes del mercado internacional y del 41% en los cueros.

 

Lamentablemente hay muchas razones para no festejar una muy buena noticia como la apertura del mercado norteamericano.

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