12 de julio de 2015 06:58 AM
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Ahora, el mito de Máximo Kirchner

El relato y la construcción de un liderazgo “Máximo”. ¿Ficción o realidad

El kirchnerismo es, acaso por sobre todas las cosas, un aceitadísimo y complejo dispositivo mediático.

Editar la historia, la palabra escrita y los mensajes audiovisuales acomodándolos a gusto de los intereses políticos del Clan K (reescribiendo incluso los currículums de Néstor y Cristina), amarró a los hacedores de la “década ganada” a las tradiciones manipuladoras de los grandes valores nacionales y populares que caracterizó al primer peronismo.

La deliberada construcción del mito kirchnerista fue iniciada con el consentimiento del propio Néstor, pero fue con su muerte que adquirió niveles de superproducción hollywoodense. Así, “Él” pasó a ser santo y guía, y “Ella” madre sufriente de la argentinidad. Para tal fin multimedial se dispuso de toda clase de recursos a montones: dinero público, equipamiento tecnológico, destacados profesionales y un ejército de comunicadores (varios de ellos prestigiosos).

El diseño del Mito K parece entrar ahora en su etapa más pretenciosa, ya que desde diciembre el manejo del poder central no estará o al menos no del todo en manos exclusivas de los K. Es el turno de Cristina fuera de la Casa Rosada y de su hijo Máximo dentro del Congreso, administrando un bloque camporista si ganara la oposición o cogobernando el Parlamento junto a Carlos Zannini, si el presidente resulta ser Daniel Scioli.

El despliegue del relato “Máximo conducción” se inició casi apenas fallecido su papá. Primero se rumoreó que la hora del hijo se avecinaba. Luego empezó a aparecer en cuentagotas, en entrevistas para películas panfletarias o para libros panfletarios. Después tuvo su acto propio en un estadio: el “Diego Armando Maradona”, de Argentino Juniors. Todo bien guionado.

Aún así, Máximo continúa siendo más lo que dicen que dijo que lo que él dice en sí. Funciona como una construcción de referencias arriadas por dichos de terceros y rumores.

Ello permite hacer dudar qué pasará más cuando empiece a ejercer como representante del pueblo: si el lugar en que lo puso la historia o el que le otorgó un plan familiar de ejercicio del poder torcido a medio camino por la desaparición física del macho alfa. Su liderazgo real, masivo, sigue sin ver la calle.

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