13 de julio de 2015 19:35 PM
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Duelo de gigantes y su impacto mundial: por qué Monsanto quiere quedarse con Syngenta

Decidida a retomar su protagonismo en el negocio de los agroquímicos, la estadounidense Monsanto está redoblando sus esfuerzos para hacerse con el control de la suiza Syngenta, en un intento por asegurarse el dominio de más del 50% del mercado mundial de semillas. De concretarse, representará la operación de compra más grande que haya registrado […]

Decidida a retomar su protagonismo en el negocio de los agroquímicos, la estadounidense Monsanto está redoblando sus esfuerzos para hacerse con el control de la suiza Syngenta, en un intento por asegurarse el dominio de más del 50% del mercado mundial de semillas.


De concretarse, representará la operación de compra más grande que haya registrado el negocio agrícola a lo largo de la historia.


Los números hablan por sí solos: hay en danza más de u$s45.000 millones. Pero el impacto va más allá de esta cifra. La operación, de plasmarse en la realidad, implicará un cambio de escenario que redefinirá por décadas el negocio de los insumos básicos para la producción de alimentos a nivel mundial.


La razón de esta avanzada es que Monsanto hoy carece de desarrollos para atender la nueva demanda de los productores a gran escala, cualidad que hoy posee Syngenta, a través de un portafolio diversificado de herbicidas, insecticidas y fungicidas.


Pero la estrategia de Monsanto también responde al menor rédito económico que cada año le está generando Roundup, su línea de glifosato, en parte porque la patente se liberó en el año 2000 y en los últimos años aparecieron cientos de competidores alrededor del planeta.


El otro problema que enfrenta la compañía es que Roundup está perdiendo efectividad: las malezas se fueron volviendo resistentes a esta formulación y esto está afectando el nivel de demanda.


Paralelamente, la firma estadounidense viene de recibir un duro revés luego de que Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) declarara al glifosato como “potencialmente cancerígeno”.


“Monsanto basó su estrategia en un monoproducto. No tienen ningún proyecto para el manejo profesional de semillas. Es justamente donde tienen problemas para cobrar por sus patentes. Ofreciendo más servicios podrían facilitar esta gestión”, comentó a iProfesional un alto directivo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en estricto off the record.


“Más allá de los herbicidas, la compañía no tiene productos. Esta es su debilidad, porque no juega en la liga de los fungicidas o los insecticidas. Por eso ahora le interesa entrar”, agregó.


La compra de Syngenta incluso le acercaría a Monsanto la posibilidad de un alivio financiero extra. Analistas internacionales advierten que la firma podría llegar a mudar su sede a Europa, lo que le permitiría afrontar menores compromisos tributarios.


En Estados Unidos, la empresa destina hasta el 31% de sus ingresos al pago de impuestos. En cambio, en el Viejo Continente, bajo este concepto hay competidores de similar envergadura que aportan menos
del 15%.


Hacia un mercado más concentrado
En Estados Unidos, las negociaciones son seguidas con preocupación por productores dado que, de cerrarse la compra, se da por descontado que habrá aumentos en los precios de las semillas y de insumos químicos muy difundidos, dado que el negocio quedará mucho más concentrado que en la actualidad.

 

Según organizaciones como ETC, el mercado global de proveedores para el campo se encuentra dominado por seis compañías (Monsanto, Syngenta, Dow, Bayer, BASF y DuPont), las cuales controlan el 75% de los insumos clave para la actividad agrícola.

 

Según JP Morgan, combinadas, Monsanto y Syngenta pasarían a tener el 42% del negocio de los pesticidas en Norteamérica, casi el 30% en América Latina y 25% tanto en Europa como en Medio Oriente.

 

Hoy por hoy, el mayor interrogante que se plantean analistas internacionales es si esta eventual fusión perjudicará de manera significativa a los competidores, muchos de los cuales incluso pagan por usar las semillas modificadas genéticamente de Monsanto.

 

Según George Hay, profesor de derecho de la Universidad de Cornell y ex economista de la división antimonopolio del Departamento de Justicia de EE.UU., pocas veces las autoridades de ese país decidieron bloquear un acuerdo por el sólo hecho de que se genere una integración vertical, que es lo que podría terminar ocurriendo si Monsanto y Syngenta unen fuerzas.

 

El referente del INTA consultado aseguró que, de concretarse, la compra de Syngenta produciría “un gran impacto político”.


“Los transgénicos que desarrolla Monsanto tienen poca vida útil. Se están agotando a raíz de la tolerancia al glifosato que presentan muchas malezas, además de la resistencia que están mostrando los insectos lepidópteros. En cambio, el negocio de Syngenta tiene mejores perspectivas de crecimiento: hay escaso aporte en biotecnología, pero tiene una buena red comercial y mucho desarrollo profesional en el mercado de semillas, que es una parte importante del negocio agrícola”, sostuvo el directivo.


Para conocer a fondo la estrategia del gigante estadounidense, iProfesional tomó contacto con el área de Asuntos Públicos de Monsanto en la Argentina.


“La oferta por Syngenta se realiza porque si bien nuestra empresa tiene una posición muy sólida en lo que hace a semillas y biotecnología, eso no sucede en la producción de químicos”, confió un vocero.


“Monsanto prácticamente no tiene presencia en el negocio diversificado de químicos. Produce glifosato al igual que más de 70 empresas en todo el mundo”, agregó.

El directivo sostuvo que, para Monsanto, “desde el punto de vista estratégico, lo que nos resulta interesante es complementar las semillas con la biotecnología, sumado a un productor sólido en lo que hace a protección de cultivos”.

“Nos interesa contar con tratamiento para semillas, insecticidas, fungicidas. Si Monsanto finalmente logra cerrar la compra de Syngenta, ya anunció que se desprenderá de la división de semillas de esa compañía para que no haya un choque de intereses”, afirmó.

Un ascenso meteórico
Monsanto, que desde hace mucho produce herbicidas y otros químicos, incursionó en el segmento de semillas cuando adquirió una empresa de soja en 1982.


Sus científicos se concentraron en genes que podían permitir a las plantas sobrevivir la fumigación con herbicidas como Roundup.


Según consignó The Wall Street Journal, en los años 90 salió de compras y se quedó con cerca de dos docenas de compañías de EE.UU., Europa y Sudamérica que proveían semillas y productos genéticos de una amplia variedad de cultivos.


Las primeras semillas biotecnológicas de Monsanto empezaron a venderse en 1996.


A partir de esta posición dominante, la unión con Syngenta no haría más que potenciar esa fortaleza.


Según datos del Departamento de Agricultura, en Estados Unidos, por ejemplo, las semillas y los pesticidas representan alrededor de un quinto de los gastos anuales de los agricultores de maíz, soja y algodón. Con esta posible fusión, más productores pasarían a estar vinculados comercialmente a Monanto.


Como parte de una estrategia integral, la compañía también está enfocada en vincular el manejo de la información con los negocios.


Según ETC Group, en los años recientes Monsanto gastó al menos u$s1.000 millones por la compra de dos empresas de monitoreo climático.


Incluso, uno de sus ejecutivos se atrevió a decir que Monsanto, en cinco o diez años, podría pasar a ser conocida como una corporación de tecnologías de la información.


“Ahora mismo Monsanto asegura que cuenta con datos históricos y detallados de 30 millones de campos agrícolas en Estados Unidos, con el acercamiento a unidades de 10 x 10 metros. Desde que compró Climate Corp., que usa satélites y naves aéreas para monitorear parcelas y vender seguros para la cosecha, Monsanto incrementó la base de sus clientes gracias a su plataforma ´Climate Basic´, que cubre más de una tercera parte de toda la tierra agrícola en Estados Unidos e intenta extender su monitoreo a todo el planeta”, destaca un informe de la organización.


En 2014, la compañía presentó FieldScripts, un servicio de monitoreo basado en información del cinturón cerealero de Estados Unidos. Esto representa un primer paso en las anheladas alianzas que diseña la firma con otros sectores de insumos, que incluyen a las compañías de maquinaria agrícola.


“Para la siembra de 2014, la empresa de fertilizantes más grande del mundo, Agrium Inc., se asoció con Monsanto para ofrecer la plataforma Climate Pro a sus clientes minoristas en Estados Unidos”, detalla.

“Cuando una sola compañía vende la semilla y conoce la prevalencia de las plagas, vende el plaguicida. Además, está al tanto de las condiciones locales de los suelos y con ello administra el fertilizante. También puede predecir las condiciones del clima y, con ello, vende el seguro para la cosecha”, recalca el informe, para luego alertar que así es como “comienzan a perder sentido conceptos como antimonopolio”.

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