9 de junio de 2010 14:16 PM
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No todo debe ser tarea del Iscamen

Durante los últimos años, los mercados internacionales se han manifestado cada vez más competitivos. Las exigencias no sólo se manifiestan en los precios, sino que también hacen hincapié en la calidad y es, en ese esquema, en que se plantean cada vez con mayor profundidad reglas fitosanitarias, con el claro objetivo de evitar la contaminación de plagas que afecten a la agricultura.

Un aspecto que no fue muy tenido en cuenta por la Argentina. Sólo cabe recordar, a modo de ejemplo, que durante mucho tiempo la epidemia de aftosa no permitió el ingreso de nuestras carnes a los mercados externos, hasta que un trabajo desarrollado por el Senasa, sumado a la concientización de los productores, permitió que el país recuperara mercados perdidos.

Una situación similar se presentó en Mendoza con la Mosca del Mediterráneo hasta que, hace más de 15 años, se puso en funcionamiento el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen), que ha cumplido una labor más que eficiente, porque ha logrado que una parte importante de las frutas mendocinas sean ahora consideradas “libres de plagas” e insertarse así en los mercados internacionales.

No resultó una tarea fácil. Porque a la función que desarrolla el Iscamen en la esterilización de insectos, debió sumarse la instalación de puestos “sanitarios” en los ingresos a Mendoza, fortalecidos paralelamente por una decisión similar que se aplica en San Juan y también en Río Negro y Neuquén.

Pero no todo terminó allí, porque una vez determinada una zona libre de insectos, como el Valle de Uco y el Sur, se procedió a la instalación de un puesto a la altura de Zapata, en Tunuyán.

El organismo también ha realizado una tarea más que interesante en el control de otro tipo de plagas, como la carpocapsa, que ataca a las frutas de pepita y que suele afectar a duraznos, ciruelas y nogales. Un flagelo que tiene una gran importancia económica para la Argentina y muy especialmente en la región de Cuyo y el noroeste porque los frutos atacados pierden valor comercial y no son aptos para su conservación en frío.

Recientemente el problema se planteó con el ingreso al país de la denominada “polilla de la vid”, una plaga que Chile “importó” desde Europa, ingresando en las máquinas cosechadoras y que los mendocinos importamos desde el vecino país por la misma modalidad de transmisión.

Ahora el Iscamen ha anunciado la jerarquización del organismo, a través de la incorporación de personal especializado, la subdivisión de áreas y la refuncionalización de las tres plantas que posee en la provincia. Además del control de las plagas que afectan a los frutales, se ha decidido profundizar el trabajo sobre la polilla de la vid.

Sin embargo, todo ese trabajo que se desarrolla a nivel científico puede llegar a caer en saco roto si no existe una verdadera concientización de parte de toda la sociedad, la que debe colaborar para evitar el ingreso de frutas desde provincias no controladas.

De otra manera resulta imposible entender cómo puede ser que, luego de más de 15 años no pueda ser erradicada totalmente la Mosca del Mediterráneo y cómo pudo ingresar una plaga que afecta a la vid, siendo que Chile anunció con suficiente anterioridad su problema.

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