20 de julio de 2015 12:58 PM
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Es lógico que CFK tenga hoteles, no campos

No deja de ser curioso que la presidenta Cristina Kirchner no haya encontrado la manera de llevarse bien con el sector productivo que más divisas aporta al país justo en los tiempos de auge de los precios internacionales. Con pocas cosas parece haber tenido tantos problemas de comprensión como con el sector agrícola ganadero. Raúl […]

No deja de ser curioso que la presidenta Cristina Kirchner no haya encontrado la manera de llevarse bien con el sector productivo que más divisas aporta al país justo en los tiempos de auge de los precios internacionales. Con pocas cosas parece haber tenido tantos problemas de comprensión como con el sector agrícola ganadero.

Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando de la Rúa tuvieron que lidiar con precios internacionales bajos o muy bajos que, en parte, justificaron sus conflictos con el sector y agravaron los errores de política doméstica.

Pero los Kirchner prohibieron la exportación de carne vacuna justo cuando la demanda y los precios internacionales eran altísimos. Como decía el entonces economista jefe para América latina del Banco Santander y hoy en el BID, el español José Juan Ruiz, un kilo de carne de la mejor calidad valía más que un kilo de un automóvil de alta gama.

El kirchnerismo logró un récord: la restricción externa autogenerada. Hasta lo que desembocó en el tristemente recordado “rodrigazo” fue producto de una suba enorme de los precios de lo que el país necesitaba importar con la caída de los precios de lo que exportaba. La causa principal, que afectó a todo Occidente, fueron guerras en Oriente Próximo y el dramático aumento del precio del petróleo. Y aquí ayudó a empeorar todo una situación económica y política catastrófica.

Esta vez el contexto externo ha seguido siendo favorable. Aun cuando la caída de la actividad en Brasil esté últimamente jugando en contra, después de años de incidir muy a favor.

Los precios internacionales de lo que se exporta son mucho mejores que los que enfrentó, por ejemplo, la Alianza. Como le gusta ironizar a un ejecutivo que prefiere que no se publique su nombre: “Si De la Rúa hubiera gobernado con estos precios, hoy estaríamos debatiendo la re-re de [la ex primera dama] Inés Pertiné”.

Tampoco está el caos de la presidencia de Isabel Perón. Pero la economía se queda sin dólares. El sector agropecuario, sobre todo las grandes empresas exportadoras, sabía que el tercer trimestre sería complicado: se termina la gran entrada de divisas que genera la cosecha de la soja.

Insólitamente, el Gobierno logró que el cambio estacional se anticipe y que la dolarización de carteras ante la incertidumbre de la elección se acelere.

Fue justamente luego de que tanto en el Banco Central como en Economía estaban convencidos de que con los cepos y los operativos policiales en la City habían logrado domar al blue y desactivado lo que llaman “presiones desestabilizadoras” u operaciones para “condicionar” la política.

Una cierta estabilidad que el mercado y los especialistas consideraban insostenible más allá de los comicios. Pero las expectativas negativas de los operadores estaban puestas en la exigencia de liquidaciones de soja a los productores renunciando o minimizando el uso de silobolsas. También aguardaban para agosto un nuevo “mangazo” a cerealeras y aceiteras para que anticipen liquidaciones y agreguen divisas.

Pero el Gobierno se enamoró de los controles policiales y agregó ruido a las inquietudes que ya había generado la designación de Carlos Zannini en la fórmula de continuidad kirchnerista.

Cosa extraña en este sector, el kirchnerismo no pudo mantener unificado el discurso. Mientras parte del oficialismo cerril prometió prohibiciones de operaciones cambiarias hoy legales, desde el Banco Central se las negó. El escenario ideal para recalentar la demanda.

La Presidenta quiere agregar incentivos a la exportación agrícola y anunció medidas consideradas insuficientes para generar más divisas. Créditos para quienes no tienen rentabilidad es ruinoso tanto para deudores como para bancos, que a veces son del Estado. Los productores de maíz, trigo, peras, manzanas o vinos dicen que tienen problemas de rentabilidad. Por tipo de cambio atrasado, la inflación y la caída de la demanda. No tienen un problema financiero, no tienen rentabilidad.

“Devaluar sin devaluar” sería reducir las retenciones a cero. Pero, el problema es fiscal. Aun con impuestos altísimos, hay un rojo enorme. Se cubre imprimiendo pesos sin respaldo y se estimula la suba de todos los precios, incluido el dólar.

Cristina sigue sin entender al campo. Como cuando dijo que ella no come maíz, aunque ha confesado su gusto por la carne de pollo y de cerdo. Que se alimentan con maíz. Es lógico que a la hora de hacer negocios haya preferido los hoteles..

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