1 de agosto de 2015 11:06 AM
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La flecha está en el aire

Plan para recuperar al sector de la carne

La flecha está en el aire. Fue lanzada el lunes pasado en la Rural, cuando los representantes de 22 organizaciones del sector de ganados y carnes subieron al estrado para acompañar el lanzamiento de un plan para recuperar al sector, diezmado por la incomprensible política del gobierno que se va.
Allí estaban las cuatro entidades de la mesa de enlace, incluyendo a la Federación Agraria Argentina, cuya conducción la había abandonado tentada por la quimera de la “segmentación”.

Estaban los frigoríficos exportadores y los consumeros. Estaban los gremios de los trabajadores del campo, con la presencia del poderoso Momo Venegas, titular de la Uatre. Y por supuesto, la gente de Alberto Fantini, líder de los obreros de la industria frigorífica.

 
Se sumaron las asociaciones de criadores de todas las razas, las entidades técnicas como los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), los consignatarios.
Todos ellos firmaron un documento elaborado por tres expertos: Héctor Salamanco, Fernando Canosa y Víctor Tonelli, convocados a partir de una iniciativa impulsada por David Lacroze y un grupo de importantes ganaderos y frigoríficos.

 
David Lacroze rompió el fuego subrayando las características históricas del acuerdo. La carne vacuna fue el primer gran negocio-país, desde la época del saladero. Pero viene de 200 años de desencuentros. En mi casi medio siglo dedicado a la comunicación agropecuaria, es la primera foto de toda la cadena junta.
No los une el amor, sino el espanto. El campo venía como el tren bala, desde fines de los 90, lanzado en la carrera de los rindes agrícolas. El sector ganadero era un vagón más, arrastrado por la locomotora de la nueva tecnología.

 
Así lo recordó un reconocido ganadero un par de días antes, en un panel organizado por la empresa Biogénesis para debatir sobre las fronteras productivas: “el mejor plan ganadero es el precio”.

 
La agricultura avanzaba sobre campos donde antes pastaban vacas y novillos. Pero el stock ganadero crecía sin cesar. Ni la crisis de la aftosa, en 2001, que hizo perder momentáneamente casi todos los mercados, frenó la tendencia.

 
El consumo interno estaba bien abastecido. Hasta que llegó la muletilla populista de “la mesa de los argentinos”. El ex presidente Néstor Kirchner alcanzó el climax cuando prohibió la exportación de carne vacuna, moviendo sin aviso la palanca en la vía del tren bala.

 
Fue el primer descarrilamiento de la era K. Los demás fueron más trágicos en términos de vidas humanas, pero este significó la liquidación de 10 millones de cabezas, la pérdida de miles de puestos de trabajo, y, sobre todo, la dilapidación de una oportunidad histórica.

 
Irrumpen en la escena millones de nuevos consumidores de los países emergentes, en plena transición dietética fruto de la mejora de sus ingresos. Todos lo aprovecharon expandiendo sus rodeos. La era K se inició con la Argentina todavía en el podio de los principales exportadores. Descendimos al puesto13 y nuestros vecinos y competidores ocuparon el espacio.

 
Lucro cesante por 20.000 millones de dólares. En las cartas de las principales parrillas europeas siguen ofreciendo gato por liebre, no se resignan a la desaparición del emblema “carne argentina”.

 
El documento firmado por las 22 entidades demuestra que es posible compatibilizar consumo interno con exportación, algo que sólo la necedad (porque a esta altura no es ignorancia) de la conducción oficial puede llegar a explicar de alguna forma.

 
Dice también que con el simple expediente de estimular el aumento del peso de faena, se logra un fuerte incremento de la producción sin necesidad de esperar la también necesaria, pero más lenta, expansión del stock de vientres.

 
Hay ganaderos que todavía no perdieron la pasión. Hay una poderosa estructura industrial que resiste. Hay un cambio de época. Hay un documento. Hay una esperanza.

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