1 de agosto de 2015 11:13 AM
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Sí, se puede (a pesar de todo)

Productores, técnicos y veterinarios contaron cómo lograron esquemas ganaderos de punta en sus zonas.

La ganadería argentina cuenta con muchos casos de productores exitosos, pero la actividad en su conjunto no logra despegar. Claro que subyaciendo a esta situación está la soga que desde 2006 ajusta las manos de toda la cadena, pero hay inversiones de bajo costo que impactarían en la rentabilidad de los establecimientos.

Para pensar sobre las herramientas que tienen los productores para ser más eficientes en distintos ambientes productivos, referentes del sector se juntaron en Palermo, durante una jornada organizada por Biogénesis Bagó. Allí, criadores, invernadores, cabañeros, tamberos y veterinarios revelaron los secretos de sus planteos.

 

Actualmente, el rodeo vacuno argentino ronda las 52 millones de cabezas, con 22,6 millones de vacas de cría que producen 13,3 millones de terneros. A eso hay que sumarle 11.000 tambos, con 1,8 millones de vacas en ordeñe que producen 10 millones de toneladas de leche al año. Hay dos formas de crecer: en cantidad de cabezas o en cantidad de kilos/litros por cabeza.

 

“Si la opción es aumentar los rodeos eso lleva tiempo y es caro; por eso, la opción debería ser eficientizar cada recurso animal”, abrió el fuego el director de Márketing de Biogénesis Bagó, Matías Nardello.

 

Productor y criador en la Cuenca del Salado, Rodolfo Nougués contó su estrategia para manejar 4.000 vientres en campos arrendados y lograr 92% de preñez y 85% de destete promedio en 14 años. “Después de un cimbronazo que nos descapitalizó en 2008/09 entendimos que la gestión es clave y nos trazamos algunos objetivos, como dar servicio a los 15 meses e hicimos alianzas estratégicas para bajar el riesgo del negocio más riesgoso, el agrícola”, explicó.

 

Rodolfo Nougués. Productor de la zona de la Cuenca del Salado.

 

Al lado suyo, el asesor veterinario de Nougués, Juan Insaugarat, apuntó la llave para pasar de 0,5 equivalente vaca inicial al actual 2,2. “Medir y cuantificar es clave para ajustar el programa sanitario a las necesidades del rodeo”, dijo.

 

Juan Insaugarat. Médico veterinario, de Saladillo, provincia de Buenos Aires.

 

Cuarta generación de ganaderos en el corazón agrícola del país, Raúl Blua adoptó la Cría Bovina Intensiva (CBI) en 500 hectáreas de suelos agrícolas de Chañar Ladeado y le compite a sojas de 45 qq/ha y 120 qq/ha de maíz. La carga actual es de 6,3 equivalente vaca, con 95% de preñez, 91% de destete y 2.300 kilos de carne por hectárea ganadera.

 

“Nuestro sistema tiene 15% de pasturas; el resto es agricultura con maíz y soja y en esos rastrojos se hace avena y raigrás”, explicó Blua. Y agregó: “Preñamos vaquillonas a los 12 ó 13 meses con 360 kilos y los destetes son con 230 kilos”.

 

Padre de la CBI, Martín Correa Luna contó que “la idea no es desplazar a la agricultura sino hacer una complementación eficiente con un planteo intensivo en procesos, cargas y disponibilidad de forrajes”. Así logran entre 20 y 25 toneladas de materia seca por ha.

 

Martín Correa Luna. “Padre” de la Cría Bovina Intensiva, de INTA.

 

Ganagrin es una empresa agrícola-ganadera que con 27.000 cabezas en Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes. Tienen ciclo completo que termina con exportación (uno de los primeros en calificar para la Cuota 481 de carne terminada a corral) y cabaña Braford.

 

“Sabemos que no podemos manejar el precio; por lo tanto tenemos que ser eficientes en los procesos para manejar los costos”, relató su gerente general, Juan Baqué. Y agregó: “Todo nuestro sistema empieza con la cría en una zona difícil del centro correntino; con condiciones de clima, suelo y garrapata, recriamos y entoramos vaquillonas de primer servicio a los 18 meses”.

 

Juan Baqué. Gerente general de Ganagrin.

A su lado, Jorge Pastori, encargado de Estancia Santa Irene, de Ganagrin, contó en qué consiste lo que denominaron “el pulmón de la cría”, unas 600 hectáreas con verdeos de invierno y de verano, sorgos para picado y pastoreo y maíz para ensilado. “Logramos 89% de preñez, 7% de merma tacto-destete y el total de vaquillonas entoradas a los 18 meses”, indicó. Un lujo para una zona difícil.

 

Jorge Pastori. Encargado de la Estancia Santa Irene.

 

Para Nardello “la brecha se puede subsanar”. Así, Argentina podría pasar de 75% a 95% de preñez, de 63% a 90% en destete y de los 6.000 litros promedio de lactancia a 10.000 litros. Como muestra basta un botón: sólo mejorando de 63% a 73% el destete se obtendrían 1,4 millones de terneros más.

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